Entre caníbales
el dolor es veneno…
y no lo sentirás hasta el fin.
(Gustavo Cerati)
La democracia puede ser cruel
Diariamente consumimos historias relacionadas con teorías conspiracionistas: en las películas, en la televisión, en otros países y también en el nuestro. Pareciera que son historias que siempre ocurren en otro lado. Sin embargo, en nuestro distrito también ocurre lo mismo que muchas veces nos inquieta, nos escandaliza, y que es objeto de nuestras críticas.
Se dice que por lo menos uno o dos años son los que se necesitan para que un funcionario sin experiencia entienda cómo se mueve la pesada maquinaria burocrática del Estado. El profesor Horacio Tellechea no tuvo ese margen, los «cargos graves» encontrados en su gestión fueron magnificados hasta lo indecible y el precio finalmente es pagado por todos los ciudadanos: Necochea no pudo levantar vuelo, ni siquiera cuando tuvimos viento de cola.
Tellechea no tuvo ni siquiera tiempo de «aprender» a manejarse como jefe comunal. Desde el vamos, el complot se puso en marcha con el inconfesable objetivo de hacerlo caer.
Tellechea no tuvo ni siquiera tiempo de «aprender» a manejarse como jefe comunal. Desde el vamos, el complot se puso en marcha con el inconfesable objetivo de hacerlo caer.
¿Por qué? Porque el nuevo movimiento político que encabezaba Tellechea no podía estar destinado a hacer pie en nuestra ciudad, y mucho menos realizar una gestión exitosa, ya que eso necesariamente alteraría el equilibrio del establishment local.
Nuestro distrito es hoy un producto de décadas y décadas de concentración del poder y de la riqueza (si no es el caso de que son ambos, en realidad, la misma cosa) y resulta osado (y peligroso) para cualquier gobierno intentar alterar ese estado de cosas.
Entre caníbales
Frente a este duro precedente, y en plena antesala de los nuevos comicios, deberíamos preguntarnos qué pasaría si nuestro intendente, el gobernador y el presidente pertenecieran a distintos espacios políticos. ¿Cuál sería la situación si, por ejemplo, el Frente Renovador o el Veneguismo representaran el poder comunal, el FpV el provincial y el PRO ocupara el poder a nivel nacional? ¿Y si fuera al contrario, si el oficialismo mantuviera la presidencia y en los niveles «inferiores» ganara la oposición?
¿Hay verdaderamente lugar para un espacio político o un candidato novedoso en nuestro distrito? ¿Es nuestra clase política realmente capaz de alcanzar algún grado de «consenso» cuando de temas sensibles se trata? ¿O seguiremos, en cambio, siendo funcionales al más cruel canibalismo guiado por la mezquindad y el conservadurismo?
Y cuando hablamos de «novedoso» no nos referimos, por cierto, a un cambio de «figuras», sino a la concreción de las modificaciones estructurales y profundamente políticas que todos los necochenses exigimos y necesitamos.
¿Habremos aprendido, finalmente, que la práctica conspiracionista no lleva a ningún lado, y menos en un pueblo en el que nos conocemos (y vivimos) todos?
De no ser así, quizás los ciudadanos deberemos coronar con nuestros votos el ansiado equilibrio que nuestros representantes no pueden lograr a través del diálogo. O bien, simplemente, aceptar el sistema en el que vivimos y, por el bien de todos, dejar gobernar al que viene.
La democracia puede ser cruel cuando no se impone la opción que algunos deseamos, pero más cruel es, indudablemente, atentar contra ella.
Alfredo Barros – Johanna Radusky // LANUEVACOMUNA.COM