¿Cómo es que tantos profesionales de la ciudad avalaron tantas irregularidades?
«Atado con doble cordel, (el de simular)…»
Le dicen la «Víbora», pero su nombre es Francisco Eguren. Según fuentes cercanas, durante los últimos años ha construido en nuestro distrito un complejo entramado financiero y comercial que incluye a varios miembros de la familia y allegados.
Pero la «suerte del principiante» pareciera haber abandonado a los Eguren, y hoy, dicho imperio financiero y comercial sale poco a poco a la luz, a razón de lo recientemente ocurrido con la panificadora CEPAN.
A partir de las denuncias de los trabajadores panaderos, se inició un seguimiento sobre la empresa: sueldos en blanco con montos irrisorios (entre 1800 y 2500 pesos para una jornada de 8 horas) que no se ajustaban al convenio laboral de ninguna actividad productiva, levantaron fuertes sospechas de fraude laboral y evasión de impuestos.
Esta, justamente, sería la principal razón que habría llevado a la familia Eguren, miembro societario de la empresa, a desentenderse de la situación y ceder a los empleados tanto el control de la fábrica como las maquinarias y la mercadería que allí se encontraban. Al parecer, el avance de la investigación habría puesto en verdaderos aprietos a los empresarios…
Eguren automotores: ¿centro de operaciones?
Las denuncias realizadas en torno al manejo administrativo de CEPAN indican diversas situaciones irregulares: además de los llamativos salarios y la existencia de personal «en negro», también se habrían realizado compras de mercadería sin la facturación correspondiente y cierres de caja absolutamente risibles, con ganancias de apenas 300 pesos diarios que poco alcanzarían para cubrir los gastos de una empresa de tamaña magnitud.
Según detallaron fuentes confiables, la contadora actual de CEPAN es la Dra. Norma Lorenzo, y todo lo concerniente al sector era manejado fuera de la empresa, con ayuda de auxiliares contables de la agencia de automotores Eguren, otro negocio perteneciente a la mencionada familia, ubicado en la Diagonal San Martín Nº 1551 de la ciudad de Necochea.
De esta manera, todo indicaría que la agencia constituía el verdadero centro de operaciones y motor del presunto fraude impositivo, sospechado además por tener vínculos con el negocio de los préstamos: la panificadora CEPAN ¿era simplemente una «fachada» para llevar adelante otro tipo de «negocios»? ¿nos encontramos los necochenses ante un caso de lavado de dinero?
¿Cómo llegamos hasta la actualidad?
Hay una cosa de la que pocas dudas pueden caber: si un emprendimiento como CEPAN, edificado sobre la base de una irracional precarización laboral y llevado adelante en condiciones harto dudosas de seguridad e higiene, ha logrado sostenerse por 12 años, esto habría sido gracias a la concreción de distintos «acuerdos» con funcionarios municipales y provinciales.
Según la información obtenida, los trabajadores de la empresa debían realizar sus tareas de elaboración bajo techos en constante riesgo de derrumbe. No obstante esto, en los muebles de las sucursales se observan las aprobaciones y avales de diferentes inspecciones realizadas por distintas reparticiones públicas a través de los años.
Un caso es el del área de Bromatología de la Municipalidad de Necochea, que sistemáticamente aprobó el funcionamieto de la fábrica alimenticia, así como de las sucursales. Sin embargo, los empleados no habrían contado jamás con un curso certificado de manuntención de alimentos.
Un caso es el del área de Bromatología de la Municipalidad de Necochea, que sistemáticamente aprobó el funcionamieto de la fábrica alimenticia, así como de las sucursales. Sin embargo, los empleados no habrían contado jamás con un curso certificado de manuntención de alimentos.
Las inspecciones de Bromatología y del Ministerio de Trabajo habrían pasado sobrevolando, sin pena ni gloria, por las instalaciones de la panificadora.
Parece increíble que con tantas irregularidades, varios profesionales de la ciudad hayan prestado su firma para certificar algo que, a todas luces, no se correspondía con las normativas vigentes.
Otra vez, quedan expuestas las dos Necocheas: la que se ve a simple vista, con apellidos ilustres, demandante y quejosa; y la otra, la hipócrita, la de empresarios llenos de dinero y trabajadores empobrecidos.
Parece increíble que con tantas irregularidades, varios profesionales de la ciudad hayan prestado su firma para certificar algo que, a todas luces, no se correspondía con las normativas vigentes.
Otra vez, quedan expuestas las dos Necocheas: la que se ve a simple vista, con apellidos ilustres, demandante y quejosa; y la otra, la hipócrita, la de empresarios llenos de dinero y trabajadores empobrecidos.
Alfredo Barros / LANUEVACOMUNA.COM
