Con el desempleo en alza, los salarios formales deprimidos y un mercado laboral que no logra absorber la recuperación de la actividad económica, las plataformas digitales ganan terreno como alternativa de ingresos para miles de personas. Pero detrás de esa expansión se esconde un fenómeno más profundo: el avance sostenido de la precarización.
En el primer trimestre de 2025, la tasa de desocupación trepó al 7,9%, el nivel más alto desde 2021, en un contexto en el que el empleo formal no logra crecer al ritmo de la economía. A la par, el pluriempleo pasó del 8% al 12% entre 2013 y 2024, lo que refleja que cada vez más trabajadores necesitan sumar una segunda ocupación para llegar a fin de mes.
En ese escenario, la llamada “economía de plataformas” se consolida como refugio ante la falta de oportunidades laborales estables. El modelo, encabezado por apps de reparto, transporte y comercio electrónico, ofrece ingresos rápidos y accesibles. Pero según especialistas del Centro de Estudios sobre el Trabajo y el Desarrollo (CETyD) de la UNSAM, también profundiza las condiciones de informalidad, desprotección e inestabilidad.

“El trabajo en plataformas no es nuevo, pero en este contexto de crisis económica y ajuste, se presenta como una de las pocas alternativas disponibles para quienes pierden su empleo o no logran insertarse en el mercado formal”, explicaron desde el centro que dirige el investigador Matías Maito. De acuerdo con su último informe, los sectores donde más crece este tipo de ocupación son comercio, gastronomía, transporte y hotelería: todos rubros vinculados a la venta, la logística urbana y los servicios bajo demanda.
Un dato del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) revela que, solo en el segmento del delivery, se estima que trabajan al menos 160.000 personas en la Argentina. Si bien el pico de crecimiento se dio durante la pandemia, desde entonces la expansión no se detuvo: la inflación sostenida, la pérdida del poder adquisitivo y la falta de empleo estable empujan a miles a subirse a la bicicleta —literal o simbólicamente— para compensar ingresos.
Pero el fenómeno va más allá del reparto. La investigación del CETyD destaca que los tres sectores con mayor crecimiento del trabajo independiente —comercio, transporte y gastronomía— coinciden con las actividades donde se insertan las plataformas. En esos mismos rubros, también creció el empleo informal. En total, se estima que en gastronomía y movilidad aumentaron en 90.000 los trabajadores independientes, y en más de 110.000 los asalariados no registrados. A eso se suma un incremento de más de 160.000 independientes en comercio, posiblemente vinculados a ventas online y redes sociales.
Un mercado laboral que no despega
Aunque la actividad económica ya superó los niveles de agosto de 2023 —cuando comenzó la recesión— el empleo privado registrado se mantiene estancado desde mediados del año pasado. En paralelo, los salarios del sector formal continúan en niveles históricamente bajos: según estimaciones del CETyD, están un 15% por debajo del promedio de 2017 y cerca de un punto por debajo del nivel previo a la asunción de Javier Milei, pese a una leve recuperación tras la devaluación inicial.
La combinación de estancamiento, ajuste y caída del ingreso empuja a miles a buscar “changas digitales” o formas de autoempleo que, si bien permiten generar algún ingreso, no ofrecen derechos laborales básicos ni estabilidad. Y aunque el gobierno celebra el superávit fiscal, lo cierto es que ese “equilibrio” se logra a costa de un ajuste social profundo, con impacto directo en el mercado laboral.
Los investigadores de la UNSAM advierten que las plataformas solo ofrecen “una contención transitoria” frente al desempleo, y que su auge responde más a la falta de opciones que a una transformación genuina del trabajo. A eso se suma el efecto que podría tener la “Ley Bases”, que alienta la contratación vía monotributo en microempresas a través de la figura del “colaborador”. Un mecanismo que, lejos de formalizar, podría legalizar nuevas formas de precarización.
Precariedad sin patrón
En este esquema, los algoritmos reemplazan a los empleadores. Los trabajadores de plataformas —repartidores, choferes o vendedores digitales— no tienen jefes visibles, pero sí condiciones impuestas por sistemas automatizados que regulan su desempeño, asignan tareas y determinan sus ingresos. Quienes no cumplen con ciertos estándares —muchas veces opacos— pueden ser “penalizados” o incluso bloqueados, sin posibilidad de reclamo. No hay negociación colectiva, ni paritarias, ni cobertura social.
Mientras tanto, sectores clave como la industria, la salud privada y el trabajo doméstico siguen perdiendo empleo. La manufactura, en particular, se ve afectada por la apertura de importaciones y la apreciación del tipo de cambio, lo que profundiza la destrucción de puestos de trabajo registrados. Solo tres sectores del sector privado mostraron crecimiento en el último año: pesca, comercio y enseñanza privada.
Durante los últimos meses de 2024, muchas personas intentaron compensar la pérdida de ingresos aumentando la carga horaria. Pero esa dinámica también se agotó: el salario efectivo —lo que realmente se cobra, con horas extras incluidas— volvió a caer. La negociación salarial, además, muestra una brecha creciente entre lo acordado y lo percibido. “El ancla salarial para contener la inflación está deteriorando aún más el poder adquisitivo”, señalaron desde el CETyD.
El panorama actual revela un mercado de trabajo cada vez más dual y fragmentado: con empleo formal en retroceso, informalidad en alza, plataformas como salvavidas precario y una política económica que sostiene su ajuste con base en la caída de los ingresos. Como concluyen los investigadores: “Se sigue deteriorando la estructura ocupacional: cae el empleo formal, aumentan las modalidades informales y se mantiene un ancla salarial que consolida la desigualdad”.
Con información de El Destape
Publicado en lanuevacomuna.com