Las recientes modificaciones al sistema de asignaciones familiares
consolidan una tendencia preocupante iniciada hace cuatro años: la paulatina
licuación del sistema y su reemplazo por un programa de sostenimiento de
ingresos para los trabajadores que poseen ingresos inferiores al salario
mínimo, vital y móvil
De continuar por este camino, pronto serán muy pocos los trabajadores
registrados que perciban asignaciones familiares, y quienes lo hagan
recibirán montos cada vez menos significativos. Esto implicará un ahorro
para el Estado, que en cierta medida podrá ser redistribuido a los
trabajadores desocupados o a los trabajadores no registrados que perciben un
ingreso inferior al salario mínimo.
En otras palabras, los recientes cambios implican una transferencia de
recursos desde trabajadores que poseen ingresos mensuales en un rango que va
desde los $ 3.000 a los $ 7.000, hacia quienes se encuentran en la pirámide
de la escala de ingresos.
En su discurso de ayer, la Presidenta de la Nación volvió a insistir en la
idea de que actualmente existiría una justa distribución de la riqueza entre
capital y trabajo («estamos cerca del fifty – fifty», según sus propias
palabras), y que el principal problema sería la injusta distribución del
ingreso entre los propios trabajadores.
Este razonamiento rechaza explícitamente la posibilidad de avanzar sobre las
ganancias empresariales (que según la propia Presidenta «la están levantando
con pala»), y plantea una falsa disputa entre trabajadores. Pero lo peor es
que las medidas adoptadas por el Gobierno Nacional en materia de
asignaciones familiares a partir del año 2009, luego de la creación de la
asignación universal por hijo, han perjudicado directamente a aquellos
trabajadores registrados que poseen ingresos medios y medios – bajos.
En tal sentido, el principal aspecto de la última reforma fue modificar la
base de cálculo, pasando del ingreso individual de cada trabajador al
ingreso total del grupo familiar. Para justificar este cambio, la Presidenta
ejemplificó con la situación de un grupo familiar conformado por un alto
funcionario de una multinacional que cobra un salario de $ 500.000
mensuales, mientras que su esposa percibe $ 4.000 por mes y por ello cobra
asignaciones familiares.
Desde ya que este tipo de situaciones resulta inaceptable, pero mucho más
inaceptable es naturalizar que un directivo de una empresa cobre medio
millón de pesos al mes, mientras muchos de los trabajadores que llevan
adelante la actividad de dicha empresa con suerte perciben el 1% de dicho
salario.
La modificación de la base de cálculo afecta directamente a todos los
hogares donde existe más de un trabajador que percibe ingresos, ya que si
todos los ingresos sumados superan los $ 6.000 automáticamente quedará
comprendido en la última categoría, y percibirá en concepto de asignación
por hijo la suma de $ 90, es decir, menos de lo que percibe en la
actualidad.
Este tipo de situaciones son mucho generalizadas que las tomadas como
ejemplo por la Presidenta de la Nación. Veamos algunos ejemplos concretos.
Si en un hogar trabajan marido y mujer con un trabajo en blanco, por ejemplo
trabajadores de maestranza con 10 años de antigüedad (encuadrados en el
convenio respectivo), hoy el salario de cada uno de ellos ronda los $ 2.600
en mano ($ 3.025 brutos). Si tienen tres hijos, hasta ahora percibían $ 612
por asignaciones familiares ($ 204 por cada uno). De esta manera, la
asignación por hijo les representaba más del 10% del ingreso familiar neto
($ 5.200 sumados los dos sueldos, más $ 612 de asignación por hijo).
A partir de ahora, este hogar pasará a la última categoría de la escala, ya
que no se considera el ingreso de cada trabajador ($ 3.025), sino el del
grupo familiar ($ 6.050). Por ende, pasan a cobrar $ 270 de asignaciones
familiares ($ 90 por cada hijo). Es decir, a partir del mes que viene ese
grupo familiar (recordemos, dos trabajadores de maestranza, y da lo mismo
cualquier pareja en la que trabajen los dos, incluso uno de ellos puede
estar como servicio doméstico) va a cobrar $ 342 menos que ahora ($ 612
antes, $ 270 ahora).
Obviamente, la situación, en términos numéricos, se agrava a medida que
crece la composición del grupo familiar. Si esta familia tuvo mellizos hace
unos meses (5 hijos), el monto a percibir por asignaciones familiares pasa
de $ 1.020 ($ 204 x 5) a $ 450 ($ 90 x 5). Es decir, casi $ 600 menos.
Como puede observarse, la medida anunciada por el Gobierno Nacional el día
de ayer proyecta sus efectos sobre una gran cantidad de trabajadores
asalariados, para quienes significará una reducción de sus ingresos
mensuales. Por cierto que para aquel grupo familiar que percibe $ 504.000
mensuales no cambiará significativamente la ecuación económica de gastos.
Por el contrario, la pareja de trabajadores de maestranza que hemos citado
(y que puede ser reemplazada por cualquier grupo familiar cuyo ingreso
supere levemente los $ 6.000 mensuales) experimentará una reducción neta de
su ingreso mensual. Para ellos no ha habido sintonía fina.
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