Ni las encuestas ni los dirigentes lograron prever la magnitud del avance violeta. En los días previos a la elección predominaba la idea de un escenario cerrado, casi de empate técnico: 35 por ciento para el peronismo, Fuerza Patria (FP), y otro tanto para La Libertad Avanza (LLA).
El sábado, la consultora Management & Fit difundió un comunicado que arrancaba con la frase “actualizamos: en este momento el gobierno nacional gana la elección por 5 puntos”. Ese mismo día, el equipo que encabezan Raúl Timerman y Shila Vilker advirtió que “hay un cambio, la diferencia se achica en la Provincia de Buenos Aires”. Sebastián Galmarini trazó un panorama todavía más parejo: “no hay más de tres puntos de distancia en el distrito bonaerense”, alertó.
Todo indicaba una leve migración de votos hacia LLA en los últimos días, pero ninguna proyección anticipó la magnitud del resultado final. Ninguna encuesta sugirió siquiera la posibilidad de que el oficialismo triunfara en territorio bonaerense ni que el peronismo pudiera perder en su bastión histórico.
Para buena parte de los analistas, el miedo resultó un factor clave: el temor a un estallido económico si Milei no ganaba, a una corrida del dólar o a una espiral inflacionaria. Otros apuntan a la persistencia de un 40 por ciento de la población que todavía evalúa positivamente al presidente y deposita esperanzas en una mejora. Dentro de ese mismo 40 por ciento, aseguran, también se refugia el miedo al regreso del peronismo.
Página/12 relevó algunas de las primeras interpretaciones que circulan entre los encuestadores. Ni siquiera en la Casa Rosada había estudios que anticiparan la posibilidad de imponerse en la Provincia de Buenos Aires. Se esperaba que LLA ganara en Córdoba y Santa Fe, aunque por márgenes más ajustados, y que confirmara sus ventajas en Mendoza, CABA y Entre Ríos. En todos los casos, los resultados superaron las previsiones, pero el salto cualitativo y cuantitativo fue bonaerense. Nadie lo vio venir.
La jugada del miedo
“La campaña del miedo, que fue diseñada directamente desde Estados Unidos, con la participación de Scott Bessent y del propio Trump, no fue casual -analiza Roberto Bacman, del CEOP-. El presidente norteamericano dijo que los argentinos nos estamos muriendo y que, si no queremos morirnos, debemos confiar en Milei. Esa campaña se desplegó justo en una semana en que el dólar crypto alcanzó los 1.600 pesos y reinaba una fuerte inestabilidad. Eso impactó especialmente en la Provincia de Buenos Aires, Córdoba, CABA, Santa Fe y Mendoza, los principales centros urbanos”.
El efecto polarizador
La delicada situación económica de los días previos también agudizó la polarización: las fuerzas de centro se desplomaron. En la Provincia de Buenos Aires, el peronismo perdió apenas 256.000 votos —de 3.861.000 a 3.558.000—, cifra que se explica, en parte, por la ausencia del voto extranjero y por una menor tracción de las boletas locales, donde figuraban intendentes que esta vez no empujaron tanto. Tampoco mucho menos.
Hubo además listas peronistas disidentes que sumaron unos 220.000 votos. Pero el salto decisivo fue de LLA, que creció en 850.000 sufragios —de 2.755.000 a 3.605.000— y logró revertir la diferencia. La elección se volvió un enfrentamiento binario, con una marcada caída de las opciones intermedias, sobre todo en el interior bonaerense. Los votos válidos aumentaron en casi 1.200.000 y buena parte de ellos fue a parar al espacio libertario.
El núcleo duro del gobierno
“El gobierno obtuvo el 40 por ciento y está claro que no hay un 40 por ciento al que le vaya bien en lo económico —sostiene Federico Aurelio, de Aresco—. Pero veo un núcleo duro de respaldo, de alrededor del 25 por ciento, al que se suma un segmento esperanzado que cree que Milei puede liderar un intento de solución. En ese sentido, el peronismo no hizo una mala elección: perdió por márgenes bajos en muchas provincias y a nivel nacional no sacó muchos menos votos de los previstos. Lo que cambió fue que LLA capturó la polarización final, sobre todo a costa de las terceras fuerzas. Provincias Unidas ya se preveía que tendría una mala elección, pero no tanto. Lo que perdió ese espacio en Córdoba, Santa Fe y otros distritos fue directo a LLA”.
¿Hubo voto vergonzante?
“En los últimos 12 o 15 días se dio una corrida hacia LLA impulsada por el cuco del caos —añade Analía Del Franco, de Del Franco Consultores—. El dólar, las tasas, la inestabilidad. El mozo diciéndote ‘no sabés lo que va a costar el café el lunes’. Apareció el miedo, que para muchos incluye el temor al regreso del kirchnerismo. Pero también me pregunto si no hubo un voto vergonzante: gente que no se animaba a admitir que votaría a LLA, en medio de los escándalos y la mala gestión. No era fácil decir que uno iba a votar a Milei. No descarto que muchos nos hayan dicho que votaban a Provincias Unidas u otras fuerzas menores y terminaran votando violeta”.
También miedo al regreso del peronismo
“En un país con tantas dificultades como el nuestro —plantea Hugo Haime, de Haime y Asociados—, si el presidente de Estados Unidos dice que los argentinos se están muriendo y que solo hay una alternativa, eso pega. Las expectativas, que yo medía en 34 por ciento, subieron al 39. A eso hay que sumar el temor al retorno del peronismo. La campaña de LLA giró en torno al riesgo del ‘regreso del kirchnerismo’, que había ganado de forma contundente en septiembre en Buenos Aires. No tengo dudas de que eso generó miedo. También influyeron las peleas internas del peronismo y la falta de autocrítica del gobierno que terminó en 2023. Todos esos factores confluyeron para que LLA absorbiera los votos del centro y consolidara ese 40 por ciento esperanzado”.
Lo inesperado y lo que viene
Como era de esperar, las hipótesis seguirán multiplicándose. El resultado fue demasiado reciente y demasiado sorpresivo. Sumando el Frente Cívico de Santiago y a Natalia De la Sota en Córdoba, el peronismo alcanzó casi el 35 por ciento, dentro de lo que se consideraba una hipótesis plausible. Lo impensado fue el 41 por ciento de un oficialismo en plena crisis cambiaria, económica y productiva, pero con el respaldo explícito de la Casa Blanca.
El gran debate se abre hacia adelante. La campaña se estructuró sobre una pregunta binaria —sí o no a Milei—, y en menos de un día se instaló el paralelismo con las legislativas de 2017, cuando Mauricio Macri arrasó y luego cayó en 2019.
La oposición observa esa experiencia como espejo, mientras intenta ordenar sus dudas, internas y diagnósticos en busca de una estrategia.
Con información de Pagina 12
Publicado en lanuevacomuna.com
La explicación es muy simple.
Un presidente con ideas, un plan de gobierno, con plan económico, con promesas cumplidas, con dificultades y errores, pero con una oposición, SIN NADA DE TODO ESO Y MUCHO MENOS CON CAPITAL DE CONFIANZA. Nunca cumplieron nada, SOLO ROBAR. VLLA….!!!!