El “Círculo Rojo” desconfía del plan económico y el malestar crece en Hacienda tras el fracaso de la “Operación Fantino”. “¡No es la oposición, son los nuestros! Y después la cara la tengo que poner yo”, bramó “Toto” Caputo en los pasillos del ministerio.
Luis Caputo atraviesa su momento más delicado desde que asumió el control del Palacio de Hacienda. La última derrota parlamentaria del oficialismo desató una serie de tensiones internas, filtraciones incómodas y cuestionamientos por parte de los sectores más concentrados del poder económico. La desprolijidad en la comunicación con Alejandro Fantino, el retroceso en la negociación con el FMI, la advertencia de JP Morgan y la baja de calificación de MSCI dejaron a la estrategia oficial en una zona de turbulencia.
Caputo ya preveía el traspié en el Senado. También lo sabía Milei. Pero mientras el Presidente optó por la provocación y el show, el ministro decidió cancelar todos sus compromisos, incluido un encuentro con representantes de la construcción, el petróleo y el sector exportador. “Nos llamó el secretario Quirno tres horas antes para suspender sin explicación. Fue raro. Nos inquietó más”, confesó un alto ejecutivo del sector energético.
La “Operación Fantino” y el rebote empresarial
La única actividad que Caputo no evitó fue una conversación con Alejandro Fantino, que fue orquestada por el Gobierno con la intención de presionar a los gobernadores para frenar el aumento a los jubilados. El intento fue burdo y salió mal. La reacción no se hizo esperar. En el chat de la Coordinadora de Productores de Alimentos (COPAL), un referente del rubro fue tajante: “Esto va a generar una reacción en cadena, ¿era necesario hacerlo así?”. Otro empresario, vinculado a la UIA, sentenció: “Cada vez que Caputo dice que algo no va a pasar, termina pasando”.
La tensión se tradujo en los mercados: el Merval cayó 3% durante jueves y viernes, las acciones argentinas en Wall Street retrocedieron hasta 6%, los bonos cerraron en rojo y el riesgo país trepó a 700 puntos. En paralelo, el dólar oficial se mantuvo estable, pero sólo gracias a una jugada agresiva del ministro, que vendió más de 2200 millones de dólares en futuros en un solo día para contenerlo. Mientras tanto, el dólar blue escaló a 1300 pesos, generando una brecha difícil de justificar.
Internas libertarias y presión sobre el ministro
En el entorno más cercano a Caputo se multiplican los cuestionamientos hacia la estrategia política de La Libertad Avanza. “Esto no es culpa de la oposición, ¡nos estamos pegando solos!”, repite el ministro, visiblemente frustrado. Para él, la falta de articulación política pone en riesgo la sostenibilidad del ajuste, y él carga con el costo.
Caputo no sólo recibe presión de Milei, sino también de Karina, la secretaria general de la Presidencia. El 9 de julio, cuando explotó el escándalo de Fantino, el ministro se presentó en el programa de Luis Majul con el celular en mano mostrando mensajes del propio Presidente, que le indicaba qué decir y cómo justificar la maniobra. “Le taladra la cabeza el Presi”, bromean en su equipo.
El ministro insiste en que su único rol es “ocuparse de la macro”, pero dos frentes lo exponen: el juicio por la estatización de YPF, y la parálisis frente al derrumbe del mercado interno.
YPF, Burford y una entrega anticipada
Caputo teme que el juicio con Burford Capital por YPF impacte severamente sobre el plan económico. Desde que asumió el gobierno, la estrategia legal fue errática. El 19 de diciembre de 2023, Rodolfo Barra –entonces Procurador del Tesoro– recibió en su despacho a representantes del fondo buitre y sus abogados. Según registros oficiales, no hubo resistencia del Estado argentino, sino una actitud pasiva, casi de aceptación.
El propio jefe de Gabinete Guillermo Francos también se reunió luego con operadores de Burford, como el exbanquero del HSBC Gerardo Mato, sin lograr avances. El ministro sabe que el desenlace puede costar miles de millones y dañar aún más la credibilidad del programa económico.
Silencio frente al derrumbe empresarial
Mientras tanto, Carrefour anunció su intención de abandonar el país, y encargó al Deutsche Bank la venta de sus activos, valuados en más de 1000 millones de dólares. La crisis no termina ahí: Alpargatas redujo su producción a la mitad, Lumilagro anunció que importará el 60% de sus productos, y una importante firma alimenticia reportó un balance crítico. Todo esto mientras desde el Ministerio de Economía se niegan a intervenir. “Eso no es nuestra competencia”, fue la respuesta del secretario de Comercio Pablo Lavigne a empresarios preocupados.
Un estudio de Fundar reflejó que actualmente existen 554.600 empresas con al menos un trabajador formal, lejos del récord de 610.000 alcanzado en 2013, bajo el mandato de Cristina Fernández. En poco más de una década, se perdieron casi 56.000 empresas. Y aunque entre 2022 y 2024 se crearon 17.000 nuevas firmas, la recesión de 2024 eliminó 15.000 en menos de un año.
El Ministerio de Economía se convirtió en un hervidero, donde los números no cierran y las lealtades internas tampoco. Caputo insiste en que su trabajo es técnico, pero la política le pasa por encima. En la economía real, mientras tanto, los precios suben, las empresas se retiran y el consumo se desploma. La macro no se sostiene sola. Y la calle ya lo siente.
La Nueva Comuna