LOS NIÑOS SON ALOJADOS EN UNA BASE MILITAR CON BAJAS TEMPERATURAS PARA EVITAR LA TRANSMISION DE ENFERMEDADES.
Escalofriante hacinamiento de niños inmigrantes en Estados Unidos
Mario Cerna / Enviado EL HERALDO entró a uno de los centros de detención de menores indocumentados y pudo constatar las difíciles condiciones en las que se encuentran cientos de niños centroamericanos inmigrantes que han ingresado a Estados Unidos de manera irregular.
Brownsville, Texas, Estados Unidos
Los pelos se ponen de punta. El corazón se hace chiquito y el nudo en la garganta es inevitable.Antes de entrar al centro de detención de menores migrantes de esta ciudad todos son valientes, pero al ver la realidad en la que están los niños el valor escapa, ya nadie es fuerte, ni nadie tiene temple; todos, absolutamente todos los que presencian esta escena se parten en dos.
Cientos de niños centroamericanos, entre ellos muchos hondureños, están detenidos en este centro por haber entrado de manera indocumentada a este país y están a la espera de reencontrarse con sus familiares, pero no en las mejores condiciones.
EL HERALDO logró visitar a estos niños por un lapso de cinco minutos, minutos de oro y que costaron un ojo de la cara obtenerlos. Hacía ocho días que el equipo periodístico había realizado las gestiones de envío de documentos (visa, pasaporte y formulario de ingreso) para entrar a este centro, pero fue hasta ayer que se obtuvo una respuesta.
Se nos informó que el equipo podía ingresar en ocasión de la visita que realiza la primera dama de Honduras, Ana García de Hernández, al estado de Texas, para conocer la situación real de los niños migrantes no acompañados, tema del que solo EL HERALDO ha reportado desde el lugar de los hechos desde hace dos semanas.
En “la hielera
”El ingreso a las instalaciones donde mantienen a los niños se hace por grupos. Primero fotógrafos y después periodistas. La ronda de visitas dura alrededor de cinco minutos cada una, suficiente para traerse una imagen mental de lo que quizá sea la peor pesadilla de estos pequeños, que solo buscan ver de nuevo a sus padres que viven en Estados Unidos.
Los rostros, quemados por el sol, dibujan el asombro de ver gente extraña, vestida diferente del verde olivo que usan los oficiales de la Patrulla Fronteriza que los cuidan. Agitan sus manos. Unos gritan, otros lloran y los que habían gritado primero vuelven a gritar: “¡Queremos salir!”.

Están, la mayoría, dentro de habitaciones, que son celdas más que otra cosa. Unos tirados sobre el piso y otros yacen sobre el hombro o las piernas del que tienen al lado. La escena evoca a los albergues que Honduras habilitó en 1998 cuando el país fue azotado por el huracán Mitch.Otros, que no tienen la fortuna de acostarse en el piso, están sentados en bancas de cemento unos junto a otros. No hay tiempo para la camaradería, pareciera que su espíritu catracho agoniza en esas cuatro paredes. Ni hablar de su inocencia. Las niñas solo agachan la mirada. Eso basta para saber lo que ha pasado en el tránsito de 2,400 kilómetros.
En las celdas descansan en la medida de lo posible porque es obvio que sufren, tanto emocional como físicamente, especialmente por el inclemente frío del que tanto hablan los que pasan por estas instalaciones.
Ellos hablan de “la hielera”.
Pero la temperatura, según los oficiales de la Patrulla Fronteriza, es de 70 grados Fahrenheit, unos 21 grados centígrados.Los niños están cubiertos con sábanas donadas por la American Red Cross, es decir la Cruz Roja Americana. Los que no tienen sábanas, se cubren con una manta que pareciera es aluminio, pues brilla como la plata y al parecer mantiene calientes a los niños. Los desafortunados tiemblan en el fondo, tiritan del frío, como dicen en los pueblos.
EL HERALDO consultó a los miembros de la Patrulla Fronteriza el porqué de las tan bajas temperaturas y respondieron que “todo el edificio está climatizado por computadora, que todo tiene un mismo nivel de temperatura, y se ha definido los 70 grados Fahrenheit porque Texas es uno de los estados más calientes del país”.
Otro oficial explicó que “de esta forma también se evita la transmisión de bacterias”.
