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LA ERA MILEI

El Gobierno cedió ante el mercado y proyecta más inflación para 2026

El Banco Central comunicó un cambio de régimen y una meta de compra de divisas que implican mayor devaluación e inflación durante todo 2026. El traspié en la licitación de deuda aceleró el giro. Se impusieron el FMI y el mercado, que forzaron a Milei y Caputo a abandonar banderas libertarias.

El Gobierno presentó su tercer programa monetario y cambiario en apenas dos años de gestión. El nuevo esquema supone una aceleración de la devaluación del peso y una presión creciente sobre el mercado cambiario para acumular reservas, en sintonía con las exigencias del Fondo Monetario Internacional y los reclamos del mercado. El impacto esperado es una nueva aceleración inflacionaria, con tasas que se proyectan por encima del 2% mensual a lo largo de todo 2026.

El viraje se precipitó la semana pasada, cuando la administración de Javier Milei intentó regresar al mercado local de deuda con la colocación de un bono corto en dólares. El objetivo era captar entre 1.500 y 2.000 millones a una tasa inferior al 9%, pero el resultado fue muy inferior: apenas 910 millones de dólares, a una Tasa Efectiva Anual del 9,47%.

Ese episodio marcó el último intento de Milei y del ministro Luis Caputo de desoír los planteos del FMI, del secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, y de los bancos internacionales y fondos de inversión, que reclamaban un programa creíble de acumulación de reservas y una devaluación del peso para mejorar la competitividad, incentivar exportaciones y desalentar importaciones.

En ese contexto, este lunes uno de los analistas más escuchados por el mercado, Robin Brooks, volvió a señalar el atraso cambiario desde su cuenta en la red social “X” (@robin_j_brooks): “Durante la crisis de Argentina de 2019, la fuga de capitales del país fue de $15 mil millones. Antes de las elecciones del 26 de octubre, la fuga de capitales fue de $30 mil millones. ¿Cuándo dejará Argentina de hacerse esto a sí misma? Nada de esto sucedería si se permitiera simplemente que el Peso flotara…”, escribió.

Con las tres fuentes de financiamiento virtualmente cerradas —FMI, Tesoro estadounidense y mercado—, el Gobierno comenzó, como contó El Destape, a replegar posiciones y a comprar divisas para enfrentar los próximos vencimientos de capital e intereses de los Bonos Globales (GD, bajo legislación extranjera) y Bonares (AL, bajo legislación local), previstos para el 9 de enero.

La semana pasada el Tesoro adquirió 350 millones de dólares y este lunes sumó otros 320 millones. Junto con los 910 millones obtenidos en la licitación y el remanente previo, logró reunir cerca de 2.000 millones de dólares frente a un compromiso de pagos de alrededor de 4.000 millones en enero.

Por ahora, ese monto resulta insuficiente para cubrir el vencimiento. La expectativa es que el Tesoro continúe comprando dólares en las nueve ruedas hábiles que restan hasta fin de año y que, a partir de 2026, sea el Banco Central el que asuma la tarea de adquirir divisas para recomponer reservas.

El Tesoro obtiene los dólares a partir del superávit fiscal y de la colocación de deuda en el mercado local, y los destina al pago de compromisos en moneda extranjera con bonistas privados, organismos internacionales y el Club de París. El Banco Central, en cambio, compra divisas con emisión monetaria, que luego esteriliza para sostener el equilibrio de la base, y utiliza esas reservas para enfrentar eventuales salidas de capitales asociadas a episodios de inestabilidad financiera.

Durante la gestión de Milei, las compras de dólares del Tesoro se realizaron con un alto nivel de opacidad, sin informar precios ni volúmenes. Esa falta de transparencia ahora se traslada al Banco Central, que anunció que comprará divisas “en bloque”, es decir, de manera directa a una contraparte, en lugar de hacerlo en el mercado o mediante licitaciones.

Las definiciones estuvieron a cargo del presidente del Banco Central, Santiago Bausili, quien presentó el giro como la “Profundización del esquema de agregados monetarios: fase de re-monetización 2026”, y buscó exhibir autonomía respecto de su amigo personal y ex socio, el ministro Caputo.

En la estrategia comunicacional pesó el recuerdo del anuncio del 28 de diciembre de 2017, cuando Caputo, Federico Sturzenegger, Nicolás Dujovne y Marcos Peña presentaron una fallida meta de inflación del 10% ± 2%. Esta vez fue solo Bausili quien explicó el nuevo programa monetario y cambiario, aludiendo al “avance exitoso en la resolución de los desequilibrios macroeconómicos y la convalidación de la fortaleza del programa económico”, que —según afirmó— habrían generado “condiciones favorables para el crecimiento, la re-monetización de la economía y la acumulación de reservas internacionales”.

Incluso llegó a hablar de un colapso inflacionario, pese a que en los últimos seis meses la inflación volvió a acelerarse: del piso del 1,5% en mayo pasó al 2,5% en noviembre, mes que además registró el primer aumento de la inflación interanual durante el gobierno de Milei.

El programa que comenzará a regir en enero asume explícitamente los lineamientos del FMI y del mercado: amplía las bandas de flotación del dólar según la inflación del último mes disponible —es decir, con dos meses de rezago— y proyecta un plan de compras de divisas de entre 10.000 y 17.000 millones de dólares durante 2026, financiado con emisión monetaria.

Al mismo tiempo, el Tesoro deberá conseguir otros 14.000 millones de dólares el próximo año para afrontar vencimientos con bonistas y organismos internacionales. La apuesta oficial es obtenerlos mediante nuevas colocaciones de deuda, pero si no logra reducir el riesgo país, también tendrá que salir a comprarlos en el mercado, compitiendo con el Banco Central y el sector privado por un volumen limitado de dólares.

La combinación de una devaluación del 2,5% en enero —correspondiente a la inflación de noviembre— y otro ajuste similar en febrero, en línea con la inflación de diciembre, fija un piso elevado para el Índice de Precios al Consumidor, que pasaría a moverse en una franja mensual de entre 2% y 3%.

Si el Gobierno logra sostener una devaluación por encima de la inflación, podría mejorar la competitividad de una industria local expuesta a la competencia internacional tras la eliminación de barreras arancelarias y paraarancelarias, en un contexto de apreciación cambiaria. Sin embargo, esa industria abastece principalmente al mercado interno y dependerá de una recuperación de los ingresos reales, una variable que por ahora no figura entre las prioridades de Milei y Caputo.

Bausili dejó además otro interrogante abierto: prometió una tasa de interés positiva, pero al mismo tiempo sostuvo que la tasa debe ser definida por el mercado, con un Banco Central que administre la liquidez mediante títulos públicos, pasivos remunerados vía la rueda de REPO o eventuales subas de encajes no remunerados.

En el mercado coinciden en que no está claro cuál será la política de tasas, aunque advierten que debería mantenerse en niveles reales elevados, tanto en pesos como en dólares, para evitar una nueva dinámica de fuga de divisas.

Con información de El Destape

Publicado en lanuevacomuna.com

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