El cometa interestelar 3I/ATLAS, detectado el 1 de julio de 2025 por el telescopio ATLAS en Chile, es oficialmente un visitante del espacio profundo, con una órbita hiperbólica que indica que no está ligado al Sol y que simplemente atraviesa nuestro sistema solar.
Las características que han despertado atención —o incluso alarma en redes— sí muestran particularidades interesantes, pero todas caen hasta ahora dentro de lo que la comunidad científica considera posible e interpretables sin necesidad de recurrir a conjeturas extremas.
Qué sí muestran los estudios científicos
Observaciones realizadas con el Hubble Space Telescope revelaron que 3I/ATLAS presenta un núcleo helado y una coma de gas y polvo, lo que lo clasifica como cometa —no como asteroide u otro objeto —. Su trayectoria, la velocidad con que ingresó al sistema solar, su color, su coma y su comportamiento general son compatibles con lo esperado para un cometa interestelar.

Recientemente se detectó actividad acuosa: mediante observaciones ultravioletas con el telescopio espacial Neil Gehrels Swift Observatory se captó emisión de radicales OH, indicador de presencia de agua, lo que confirma que 3I/ATLAS libera vapor en su coma. Estudios con el James Webb Space Telescope (JWST) muestran que su coma está dominada por dióxido de carbono (CO₂), con presencia adicional de H₂O, monóxido de carbono, hielo de agua y polvo. Esto sugiere que su composición podría diferir de la de muchos cometas del sistema solar, tal vez por su origen interestelar.
El nivel de actividad —la cantidad de sublimación de hielos y liberación de gases y polvo— es consistente con lo que podrían hacer cometas en condiciones similares, aunque el caso de 3I/ATLAS sea particularmente llamativo por su origen y velocidad.
Qué se está especulando — y qué dicen los científicos
En redes sociales, en YouTube y en Twitter circulan versiones sensacionalistas o alarmistas sobre 3I/ATLAS: se habla de “anticolas misteriosas”, “propulsión artificial”, “materia desconocida”, incluso “naves espaciales” u objetos artificiales. Algunos medios incluso afirman —sin pruebas — que las imágenes del cometa revelarían formas simétricas o “anomalías inexplicables” que justificarían teorías sobre tecnología extraterrestre.
No obstante, desde el ámbito científico se mantiene un consenso prudente
Que el cometa tenga una cola o “anticola” —es decir, una estructura de polvo o gas orientada inusualmente hacia el Sol o hacia una dirección poco habitual— no implica automáticamente que se trate de un artefacto artificial. Las dinámicas de gases, hielo, polvo y radiación pueden generar colas o emisiones con geometrías complejas.
Que su coma tenga una composición distinta (alta proporción de CO₂, metales o compuestos poco comunes) es interesante, pero no significa que haya presencia de tecnología o vida: simplemente podría reflejar que se formó en un entorno distinto al de los cometas del sistema solar. De hecho, un estudio reciente sugiere que 3I/ATLAS podría ser un cometa interestelar “prístino” con abundante metal y hielo, lo que explicaría su morfología y actividad sin necesidad de hipótesis extraordinarias.
Las variaciones en trayectoria o velocidad derivan de procesos naturales, como la sublimación de hielos —conocida como “outgassing” — que genera pequeñas fuerzas adicionales sobre el cuerpo cometario, algo observado en muchos cometas. Según datos de la agencia NASA, esas perturbaciones en el movimiento de 3I/ATLAS son pequeñas y compatibles con la física conocida.
Por qué el interés es legítimo, pero el miedo no
3I/ATLAS es un cometa especial: su origen interestelar lo convierte en una ventana única para estudiar materia de otros sistemas estelares, potencialmente con composiciones distintas a las de cuerpos originados en nuestra zona del Universo. Pero esto no lo convierte en peligroso ni en “extraordinario” en el sentido de artificios o amenazas.
Lo que ahora preocupa a los astrónomos es más bien lo contrario: la falta de datos concluyentes. Muchas de las “anomalías” podrían explicarse mediante fenómenos conocidos —variaciones de gases, sublimación de hielos, interacción con radiación solar—, y los científicos advierten sobre los riesgos de caer en conclusiones apresuradas sin evidencia robusta.
Con información de NASA
Nahuel Barros/ LANUEVACOMUNA.COM