Javier Milei explotó cuando vio publicadas en distintos portales partes de las reformas laboral y educativa que el Gobierno venía elaborando bajo estrictísimo hermetismo dentro del Consejo de Mayo. El Presidente reaccionó con furia, dio por terminado el organismo y desactivó el cronograma que preveía la presentación oficial de las conclusiones el 15 de diciembre. Ese ámbito, integrado por representantes empresariales, sindicales y del propio Ejecutivo, fue diseñado como usina de los proyectos que el oficialismo piensa enviar al Congreso en las sesiones extraordinarias y a lo largo de 2026.
La decisión del Presidente desató una cacería interna. En la Casa Rosada se busca al “topo” que filtró los borradores de las reformas. Las sospechas se reparten en varios frentes: algunos apuntan a Sandra Pettovello y a sus áreas de Trabajo y Educación; otros a la familia Menem, siempre protagonista en las disputas de poder del oficialismo; y un sector mira hacia la UIA, representada en la mesa por Martín Rappallini, un ejecutivo del conglomerado Techint, considerado enemigo político por el propio Milei.
El Presidente espera identificar al responsable y, si resulta ser un integrante del Ejecutivo, ya tiene lista su salida. El antecedente es claro: en dos años de gobierno libertario, cualquier filtración interna se pagó con desplazamientos inmediatos.
Caputo, las tensiones con el entorno presidencial y la sombra de los Menem
En paralelo al caos por las filtraciones, la interna más delicada volvió a encenderse: la que involucra a Santiago Caputo, asesor clave del Presidente, y al entorno político de Karina Milei.
Para despejar versiones sobre un presunto distanciamiento con la secretaria general, Caputo dejó caer una frase que circuló rápido por Balcarce 50:
“El día que yo me lleve mal con Kari, me tengo que ir del Gobierno”.
Con esto buscó exponer que su conflicto no es con la hermana del Presidente sino con los operadores que la rodean, en especial los Menem.
La tensión escaló esta semana cuando Sebastián Amerio —viceministro de Justicia y figura de absoluta confianza de Caputo— se enteró por los medios de que el abogado Santiago Viola, hombre del menemismo, estaba interviniendo en la causa LIBRA para favorecer a los hermanos Milei. Amerio, hasta ahora el principal operador judicial del oficialismo, quedó marginado sin aviso. Su reacción fue de sorpresa e irritación, según vieron testigos en los pasillos de la Casa Rosada.
La irrupción de Viola dejó dos conclusiones dentro del “caputismo”:
Que Karina Milei y los Menem están moviéndose en terreno judicial sin informar a Caputo ni a su equipo.
Que sus alianzas internas empiezan a superponerse con las del asesor.
En respuesta, desde el riñón de Caputo enviaron un mensaje directo: nadie está autorizado a negociar las vacantes de la Corte Suprema y ese debate no forma parte de las prioridades del Presidente para este año.
Incomodidad oficial por las restricciones a Cristina Kirchner
En medio de estas disputas, un episodio judicial generó un pronunciamiento inesperado dentro de la Casa Rosada. Las restricciones impuestas por los jueces a las visitas que recibe Cristina Fernández de Kirchner —luego del encuentro con 11 economistas en su domicilio— provocaron rechazo entre funcionarios de peso del Gobierno.
Las fuentes consultadas fueron tajantes: consideran que las limitaciones no son el trato institucional que debe recibir quien ocupó la Presidencia. A la vez, sobrevuela otro factor: la inquietud sobre cómo puede ser tratado Milei en un eventual escenario futuro similar.
Una figura importante del oficialismo lo sintetizó así:
“Estoy en contra de lo que está pasando con las restricciones a Cristina. Es solo una opinión, pero un expresidente debería tener otro tipo de distinciones”.
En un clima político dominado por disputas internas, desconfianzas cruzadas y movimientos sigilosos en el frente judicial, la escena revela la fragilidad del equilibrio que sostiene al Gobierno en su tercer año de gestión.
Con inormación de El Destape
Publicado en lanuevacomuna.com