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EN NECOCHEA

Un submarino nazi frente a Necochea: el testimonio que reabre una historia enterrada bajo el mar

La costa de Necochea arrastra un rumor que sobrevivió al paso de las décadas. Hoy ese murmullo tiene un testigo vivo, un hallazgo submarino confirmado por pericias internacionales y un capítulo histórico que vuelve a emerger desde 28 metros de profundidad.

Omar Cernadas, de 94 años, decidió contar lo que vio a los 14: cinco marineros alemanes recién desembarcados en plena posguerra, alojados de manera clandestina en la casa de su abuela. Su relato, difundido por el periodista e investigador Abel Basti, aporta una pieza humana a una trama que hasta hace poco se movía entre mitos, sospechas y documentos dispersos.

El hallazgo que cambió la escala del mito

Basti sostiene desde hace décadas que varios submarinos del Tercer Reich alcanzaron la costa argentina entre julio y agosto de 1945. Su búsqueda encontró un punto culminante en Necochea: expertos de la Liga Naval Italiana confirmaron que los restos detectados en el lecho marino —a pocos kilómetros del puerto de Quequén— pertenecen en un 90% a un sumergible alemán tipo IX, de los modelos utilizados para operaciones transoceánicas en la Segunda Guerra Mundial. Las pericias identificaron el periscopio, la escotilla y un contenedor de torpedos, además de daños compatibles con una voladura deliberada para acelerar el hundimiento.

Ese reconocimiento técnico transformó lo que durante años fue una especulación local en un hecho con respaldo externo. El Estado argentino, sin embargo, aún evita pronunciarse sobre el origen de los restos.

La escena de 1945: cinco marineros en la casa de una abuela

Durante el invierno del ’45, Necochea era un pueblo tranquilo y el eco del final de la guerra llegaba apenas en diarios y comentarios de bar. Omar, por entonces un adolescente, recuerda que su abuela hablaba alemán y no llamaba la atención recibir visitantes extranjeros. Pero esa tarde la sorpresa fue distinta: “Eran jóvenes, ninguno mayor de treinta. Se notaba que venían del mar. Uno quedó en Necochea, a los otros cuatro los vinieron a buscar en un micro”, relata en el video difundido por Basti.

El gesto que recuerda con nitidez es mínimo pero elocuente: uno de los marineros, antes de partir, le pasó la mano por la cabeza y lo despeinó. Recién años más tarde un tío le reveló quiénes habían sido: parte de la tripulación de un submarino que, según su familia, había sido hundido entre Lobería y Necochea.

Rutas paralelas: Mar del Plata como contraste

El episodio encaja en una secuencia mayor. Ese mismo mes, dos submarinos alemanes —el U-530 y el U-977— se rindieron formalmente en Mar del Plata. Sus comandantes declararon ante autoridades argentinas y aliadas. Lo de Necochea, en cambio, carece de actas y capitulaciones. No hubo oficial a cargo identificado, ni listado de tripulantes, ni inventario de carga. Solo testigos, huellas y restos.

Archivos, policías y silencios rotundos

En sumarios policiales de la época mencionados por Basti figura una estancia llamada Moromar. Según esos documentos, los marineros fueron conducidos allí tras el desembarco. Cuando agentes intentaron ingresar, se toparon con hombres armados que les bloquearon el acceso. El comisario pidió refuerzos. Desde La Plata llegó una orden seca: “Olvídense del tema”.

El episodio quedó así relegado a los márgenes del registro estatal, mientras la historia oficial se concentró en las rendiciones documentadas en Mar del Plata.

Buceadores, magnetometría y un casco partido

Desde 2022, equipos de buzos y especialistas en arqueología subacuática trabajan sobre la estructura metálica hallada frente a Necochea. Ingenieros navales argentinos ya habían señalado que los fragmentos no correspondían a un barco convencional. Las pericias internacionales reforzaron esa lectura y aportaron identificación de componentes específicos del diseño alemán de los años cuarenta. Todo indica un hundimiento intencional, pensado para desaparecer rápidamente de radar y memoria.

La versión que falta: la oficial

Para Basti, el silencio estatal es parte del problema. Sostiene que se trata de una incursión militar extranjera en aguas argentinas que debería ser reconocida formalmente. Hasta hoy, las respuestas oficiales se limitan a describir el hallazgo como “un naufragio sin determinar origen”.

La memoria que persiste

En Necochea, el relato de Omar funciona como un puente entre las leyendas costeras y la evidencia técnica reciente. “La gente sabía que habían llegado, que habían bajado, pero no en qué casa habían estado”, afirma. Él lo recuerda con la claridad que guardan los hechos extraordinarios de la infancia: cinco marineros rubios, una casa que hablaba alemán, un micro verde que se lleva a cuatro, y uno que se queda para siempre en el pueblo.

Su testimonio vuelve a encender preguntas que las pericias no pueden responder: ¿quiénes eran exactamente? ¿Por qué eligieron esa costa? ¿Qué ruta seguían? ¿Qué destino tuvo el que no se fue?

Mientras tanto, el casco oxidado sigue ahí: parte enterrado en la arena del fondo marino, parte sostenido por décadas de silencio. Bajo esas aguas quietas, la frontera entre historia y mito permanece abierta.

Con información de Infobae

Publicado en lanuevacomuna.com

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