Detrás del dato oficial del salario registrado se esconde una realidad cada vez más desigual: los sectores de mayores ingresos mejoraron su posición mientras los de abajo duplicaron la pérdida de poder adquisitivo. Por qué el Gobierno busca debilitar la negociación colectiva.
La política económica de Javier Milei se apoya en un esquema de ajuste que combina estancamiento productivo y contención salarial, con efectos directos sobre el poder de compra de los trabajadores. En este contexto, los últimos datos oficiales sobre salarios expusieron una tendencia que venía gestándose: la brecha entre los asalariados formales se amplió de forma significativa, ya que los sueldos más altos crecieron por encima del promedio de las paritarias.

Esto implica que la gestión libertaria estaría avanzando “de hecho” en lo que planea consagrar “por ley” después del 26 de octubre: debilitar la negociación colectiva y profundizar la desigualdad, utilizando un promedio que disimula las pérdidas más severas en los segmentos bajos.
Según el informe de la Secretaría de Trabajo, entre 2017 y 2025 el salario real promedio de convenio cayó 20%, mientras que el salario efectivo —lo que el trabajador recibe en mano— retrocedió 10%. En otras palabras, los deciles superiores (8°, 9° y 10°) lograron incrementos muy por encima de la media, consolidando una estructura más desigual.
De hecho, la desigualdad en el empleo formal creció 8,0% en ese mismo período. El propio documento oficial atribuye esta brecha a “la aplicación de políticas empresariales diferenciadas”, que beneficiaron a ciertos puestos o sectores específicos. En paralelo, la contracción económica, la volatilidad cambiaria y la crisis del empleo deterioraron aún más las condiciones de vida de la mayoría de los asalariados.
La desigualdad salarial se consolida
El modelo económico actual mantuvo ancladas las paritarias y apostó a la apreciación cambiaria como herramientas para contener precios en un año electoral. Sin embargo, ese esquema derivó en una nueva caída del nivel de actividad y del empleo privado formal, mientras la inflación en bienes esenciales erosiona los ingresos, crece la informalidad laboral y se dispara el endeudamiento familiar.

Los datos del SIPA confirmaron que la desigualdad salarial no sólo se amplió entre registrados y no registrados, sino también dentro del propio universo formal, como consecuencia directa de las medidas aplicadas.
El informe sobre Panorama del trabajo registrado lo resume así:
“Uno de los fenómenos más destacados de la dinámica laboral reciente es la ampliación de las diferencias de los valores salariales entre los trabajadores registrados del sector privado”.
Y agrega que esa tendencia se explica porque “las empresas otorgaron aumentos salariales superiores a los pactados en las paritarias a ciertos trabajadores”, en un contexto donde los acuerdos colectivos quedaron rezagados.
Promedio engañoso y pérdida de poder adquisitivo
El contraste entre los salarios efectivos del SIPA, los convenios colectivos y el coeficiente de Gini confirma que la desigualdad creció 8,0% entre 2017 y 2025.
“Este aumento se explica, fundamentalmente, porque las remuneraciones de los trabajadores ubicados en los deciles octavo, noveno y décimo crecieron sustancialmente por encima del resto”, señala el documento.
En el mismo lapso, los salarios de convenio perdieron 20% de su poder adquisitivo, mientras los efectivos retrocedieron 10%, lo que muestra un deterioro general, pero con una caída mucho más profunda en los sectores de ingresos bajos y medios.
El economista Federico Pastrana lo explicó así:
“Los salarios más altos tuvieron aumentos mayores a los de gran parte de los trabajadores. Si los salarios más altos suben más, el promedio se eleva, aunque más de la mitad pierda poder adquisitivo real”.
Pastrana agregó que los sectores beneficiados suelen ser los de mayor productividad —extractivas, agroindustriales, financieras— y que “estarían otorgando incrementos por fuera de convenio por razones microeconómicas”.
El documento oficial coincide:
“Un segmento de trabajadores percibió aumentos salariales superiores a los definidos en las paritarias, lo que se reflejó en un incremento de la diferenciación salarial y en un mayor crecimiento del salario efectivo respecto al de convenio”.
Así, los trabajadores de los deciles más bajos (del primero al sexto) recibieron subas en línea con las paritarias, pero muy por debajo de los incrementos otorgados a los sectores más altos.
“Esta política selectiva podría ser el principal factor que explica la ampliación de la brecha salarial verificada en el período más reciente”, concluye la Secretaría de Trabajo.
Menos empleo formal, más precarización
El mercado laboral argentino muestra una creciente fragmentación. A nivel agregado, la cantidad de asalariados registrados privados se redujo, mientras creció la figura del monotributo, que pasó de representar el 16% del total en noviembre de 2023 al 17,1% en julio de 2025.
Durante los primeros siete meses del año, el empleo total aumentó apenas 0,5% (unas 44.000 personas), pero ese incremento se explicó exclusivamente por el crecimiento del monotributismo. Desde el inicio del gobierno de Milei, los asalariados registrados cayeron en más de 200.000 puestos.
“Las transformaciones productivas y sociales muestran cierta consolidación del trabajo independiente, y ubican al trabajo monotributista como la categoría que explica la expansión del trabajo registrado total”, señala el informe oficial.
El economista Nadin Argañaraz precisó que entre noviembre de 2023 y julio de 2025, por cada 10 asalariados menos se crearon 7 monotributistas, una relación que en 2024 era de apenas 0,3. “La máxima relación se dio en junio de 2025, cuando llegó a casi 0,8”, detalló.
En tanto, la Encuesta de Indicadores Laborales (EIL) reflejó una nueva caída del empleo privado registrado en agosto, tanto mensual como interanual (-0,3% y -0,4%, respectivamente), ubicándose en niveles similares a los de la crisis de 2018.
Con información de El Destape
Publicado en lanuevacomuna.com