Con el salario pulverizado y la incertidumbre en ascenso, los trabajadores se ven empujados a aceptar dobles jornadas mientras los despidos marcan récords. En la Argentina libertaria, ni el empleo garantiza estabilidad ni el salario asegura llegar a fin de mes.
Mientras el gobierno de Javier Milei intenta contener una crisis cambiaria provocada por sus propias decisiones, el impacto real se siente en los bolsillos. Las y los trabajadores enfrentan un doble golpe: el crecimiento de los despidos injustificados y la expansión del pluriempleo como estrategia desesperada de supervivencia. Hoy, más de 200.000 personas con trabajo buscan una segunda fuente de ingresos, al tiempo que los despidos sin causa alcanzaron su nivel más alto en el último año y medio.
La combinación de inflación persistente, deterioro social y volatilidad financiera define un escenario de fragilidad estructural. El consumo masivo ofrece una radiografía clara de la crisis: las compras de alimentos y medicamentos se ubican en su punto más bajo desde 2016. En paralelo, el consumo de bienes durables —vehículos, inmuebles, electrónicos—, motor del discurso oficial sobre la “recuperación del consumo”, perdió dinamismo y muestra señales de estancamiento.
A este panorama se suma la incertidumbre electoral, que mantiene viva la expectativa de una posible devaluación pre o poselectoral. El resultado es una sensación generalizada de inseguridad económica: los hogares no solo temen por su presente, sino también por la posibilidad de no tener futuro.
Crisis laboral: despidos, precarización y salarios de subsistencia
La economía entró al décimo mes del año al borde de la recesión. Se destruyen empleos, los ingresos se desploman y el crédito interno se paraliza, amplificando la caída del mercado local. La crisis ya no golpea únicamente a los sectores populares: alcanza de lleno a las clases medias asalariadas, que hasta hace poco lograban sostener cierto equilibrio.
La precarización es el signo de época. Según el Instituto Argentina Grande (IAG), la tasa de ocupados demandantes —personas que ya tienen empleo pero buscan otro ingreso para poder subsistir— creció 2,3 puntos interanuales, lo que representa 204.000 trabajadores más en esa condición. “Ante el deterioro salarial sostenido, los sueldos privados y públicos del sector registrado siguen por debajo de noviembre de 2023. La gente trabaja más, pero cobra menos”, advierte el informe.
Los indicadores de inserción precaria también se agravaron: aumentó 1,4 puntos la cantidad de cuentapropistas respecto de 2023, mientras que el peso de los asalariados formales cayó 0,9 puntos. Cada vez más personas se incorporan al mercado laboral no por vocación, sino por necesidad urgente: la plata no alcanza. “Se destruyen puestos formales y se crean empleos precarios que ni siquiera absorben a quienes buscan trabajo para complementar los ingresos del hogar o tras haber sido despedidos”, resume el IAG.
Despidos sin causa en récord histórico
Mientras crece la necesidad de empleo, los despidos avanzan sin freno. En julio de 2025, el 16% de las desvinculaciones fueron sin causa, el valor más alto en un año. “La terminación de la relación laboral asociada a despidos sin causa representó el 16% del total, frente al 14% del mes previo y al 13% de un año antes”, señala un informe del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP-UBA-CONICET).
También aumentó el número de empresas que solo registraron bajas de personal: 15%, contra el 13% del mes anterior y del mismo período en 2024. Si se observa la serie larga, la cantidad de ocupados es similar a la de febrero de 2018, y 2,1% menor al máximo alcanzado en agosto de 2023.
El golpe más fuerte se siente en la industria, que perdió 40.400 puestos desde septiembre de 2023, de los cuales 8.100 corresponden a 2025. El empleo industrial mostró caídas en casi todos los meses del último año, evidenciando el impacto directo de la política de ajuste sobre la producción nacional.
Hogares en crisis y hambre estructural
La situación se agrava cuando se observa quiénes pierden el empleo: cayó en 1,3 puntos la tasa de ocupación de jefes y jefas de hogar respecto al año pasado, lo que afecta directamente a los principales sostenes de las familias.
De acuerdo con el Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE), el 58% de los hogares no logra cubrir la Canasta Básica Alimentaria. En el 19% fue necesario pedir comida o dinero para alimentarse, y en el 10,6% de los casos, algún integrante comió solo una vez al día o debió ayunar forzadamente.
“Estos datos muestran un deterioro estructural del tejido social y de la seguridad alimentaria. El hambre volvió a instalarse como variable económica y amenaza directa a la salud de la población”, concluye el IETSE.
En la era Milei, el ajuste se mide en cuerpos agotados y platos vacíos. El pluriempleo ya no es una elección sino una estrategia de supervivencia. Y el trabajo, que alguna vez fue sinónimo de estabilidad, se volvió un lujo.
Con información de El Destape
Publicado en lanuevacomuna.com