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LA ERA MILEI

Gobernabilidad en jaque: Milei enfrenta un descalabro político peligroso para el país

El derrumbe del capital político libertario dejó al presidente aislado y sin capacidad de sostener gobernabilidad, arrastrando a la Argentina a una crisis institucional de consecuencias imprevisibles.

Sin reacción, el gobierno sólo acumula derrotas que a su vez preparan el terreno para nuevas derrotas, en una peligrosísima espiral que Javier Milei no puede o no quiere detener, y que día tras día tensiona la matriz política e institucional del país. La incertidumbre se alimenta con malas noticias que llegan en todos los frentes, la mayor parte autoinfligidas o que podrían haberse evitado si se actuaba a tiempo. El presidente, sin embargo, actúa como si contara con una inmensa aprobación popular o como si no la necesitara en absoluto. El sistema, en cambio, toma nota de que esa popularidad ya se dilapidó y abre un casting de posibles reemplazantes sin fecha de estreno.

La abultada derrota en Diputados da cuenta del deterioro acelerado. Hace exactamente un año Milei vetó un aumento en el presupuesto universitario y pudo blindar ese veto con 87 voluntades. Ayer, en la misma votación, el gobierno fue derrotado y apenas consiguió 67 votos. Perdió en muy poco tiempo casi la cuarta parte de su caudal parlamentario en la cámara baja. En la votación por la emergencia pediátrica la cosecha fue aún más escueta: apenas 60 respaldos. Hubo deserciones en la UCR, el PRO y hasta en bancas que responden a gobernadores aliados.

La soledad del oficialismo se volvió un peligro inminente no sólo para sí mismo, sino también para el país. Lo que antes se conversaba en privado en mesas de arena, llegó al recinto: Rodrigo De Loredo pidió frenar la sesión tras las primeras dos derrotas por temor a las consecuencias institucionales. Advirtió sobre “una preocupación inmensa” por lo que podría significar “para la Argentina, para la economía o para el gobierno” semejante sucesión de fracasos legislativos.

El gobierno se refugia en la carta de denunciar un golpe para evitar la explicación más simple: los únicos responsables de dilapidar en tiempo récord una inmensa cantidad de capital político son quienes tomaron las decisiones y pusieron la cara por ellas. Ni los diputados, ni las cientos de miles de personas que marcharon en Buenos Aires y en más de 60 ciudades del país, ni las universidades, ni los sindicatos, ni la oposición pueden explicar la velocidad en que aliados se transformaron en verdugos y el experimento anarcocapitalista en un salto mortal sin red.

Si existe alguna conjura, Milei no debe buscarla en la oposición, sino en los mismos que hasta ayer lo acompañaban con entusiasmo y hoy ensayan su reemplazo. Si sus sponsors lo abandonan y apuestan por otro contendiente, el vacío de poder podría ser irresoluble. Y entonces, el presidente no podrá decir que fue víctima de una conspiración: habrá caído por la falta de gobernabilidad que él mismo incubó.

Con información de El Destape

Publicado en lanuevacomuna.com

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