El esquema monetario de La Libertad Avanza empieza a mostrar fracturas y presiona sobre la acumulación de reservas. El atraso cambiario, resultado de giros en la estrategia financiera oficial y de la apuesta al “dólar barato” hasta las elecciones de medio término, profundizó la histórica restricción externa. Según la consultora PxQ, “si Argentina no acumula reservas, el riesgo país no baja y la deuda no se refinancia, el superávit comercial necesario para pagar capital e intereses de la deuda soberana no es compatible con este nivel del tipo de cambio real”.
El dato más preocupante es que el nivel de importaciones que la economía argentina podría alcanzar recién en 2030 se está acercando este mismo año: u$s78.000 millones. Esto implica un promedio mensual cercano a los 6.500 millones de dólares, sin que las exportaciones crezcan al mismo ritmo para sostener el superávit. En el primer semestre de 2025, las importaciones promediaron u$s6.159 millones, frente a u$s6.624 millones de exportaciones.
De acuerdo con el último informe del INDEC, el saldo comercial de enero a junio fue de apenas u$s2.788 millones, cuando en igual período de 2024 había llegado a u$s10.742 millones. El desplome se explica por un salto de 34% en las importaciones (u$s36.954 millones), contra un magro avance del 4% en las exportaciones (u$s39.742 millones).
La otra cara: deflación en la industria textil nacional
El proceso de apertura indiscriminada también repercute en sectores productivos sensibles. En la indumentaria fabricada en Argentina se registra deflación, ya que los comercios se ven obligados a liquidar stock ante la avalancha de importaciones. La situación no solo erosiona la industria textil local, sino también el comercio: la irrupción de courier internacionales como Shein permite a los consumidores comprar directamente al exterior, puenteando la función de los comercios locales. Este fenómeno deja sin trabajo tanto a trabajadores industriales como a empleados del comercio minorista y mayorista.
Un modelo en tensión
A pesar del potencial de Vaca Muerta, la minería y el litio, el corto plazo se sostiene en la expectativa oficial de una “lluvia de inversiones”. Sin embargo, en el último trimestre se registraron egresos netos de inversión extranjera directa por 356 millones de dólares, lo que relativiza esa expectativa.
La apuesta al atraso cambiario permitió mostrar una baja en la inflación y mantener el consumo privado, pero con un altísimo componente importado. Según PxQ, “cuanto más se crea en la hipótesis libertaria de ‘lluvia de inversiones’ pos elección y el tándem BCRA-Tesoro opere en consecuencia aumentando su exposición al tipo de cambio, más difícil será que una (necesaria) corrección cambiaria no desancle el proceso de baja de la inflación”.
En 2024, la Argentina había logrado un superávit comercial de u$s19.000 millones gracias a exportaciones por casi 80.000 millones. Pero la actual dinámica erosiona esa base: si bien para 2030 las exportaciones podrían multiplicarse por el impulso de hidrocarburos y minería, el nivel de importaciones actual ya se acerca al que solo sería sostenible en un escenario futuro de mayor capacidad exportadora.
La fragilidad cambiaria se vuelve así cada vez más evidente, y con ella la posibilidad de que el gobierno se vea obligado a defender el tipo de cambio en la previa electoral.
Con información de El Destape
Publicado en lanuevacomuna.com