Los costos del “plan aguantar”
La actividad económica se ve golpeada por la suba de tasas de interés y la contención salarial que aplican Javier Milei y Luis Caputo para intentar frenar el dólar y la inflación. El escenario apunta a una incertidumbre creciente de aquí a octubre y a un panorama aún más adverso hacia fin de año.
El objetivo central del oficialismo es llegar a las elecciones con el dólar dentro de la banda de flotación y, de ser posible, lejos de su techo. Para eso, la política económica prioriza el control de la inflación como herramienta electoral, en lo que se conoce como “plan aguantar”: hacer lo necesario para que ni el tipo de cambio ni los precios se disparen. Las medidas incluyen tasas de interés en niveles récord y salarios pisados, con costos acumulativos para la economía real.
El Fondo Monetario Internacional acompaña esta estrategia, en sintonía con el Gobierno de Estados Unidos. Tanto Kristalina Georgieva como Peter Lamelas han expresado apoyo explícito a Milei, incluso pidiendo el voto por el presidente libertario.
El último desembolso del FMI, de 2.000 millones de dólares, dejó al Banco Central con cerca de 20.000 millones de reservas líquidas para contener el dólar hasta las elecciones. La combinación de ese ingreso con mayores encajes bancarios y súper tasas de interés descomprimió momentáneamente el mercado cambiario. Sin embargo, el esquema no es sostenible. “La convalidación de semejantes tasas de interés implica un alto costo financiero para el fisco, impacta negativamente en los niveles de actividad y lejos está de contribuir a normalizar las expectativas”, advirtió la Fundación de Investigaciones para el Desarrollo (FIDE).
El próximo miércoles el Ministerio de Economía enfrenta una licitación clave para renovar deuda por un volumen creciente: vencen 32 billones de pesos, de los cuales menos de 5 billones están en manos del Banco Central. Frente a la volatilidad, el Gobierno ha elevado las tasas y acortado plazos: de 95 días promedio a fines de junio a 40 días un mes después.
FIDE señala que “el fuerte incremento en las tasas de interés suma impactos contractivos sobre una actividad económica que se encuentra virtualmente estancada en lo que va de 2025. El aumento del PIB del 6,1 por ciento en los primeros cinco meses del año es prácticamente un mero efecto estadístico frente al derrumbe experimentado en igual período de 2024”.
¿Hasta octubre?
El plan aguantar se proyecta hasta las elecciones, aunque no está claro si evitará un salto cambiario que dispare la inflación antes de esa fecha. En este contexto, la dolarización de carteras podría intensificarse, presionando al equipo económico, que respondería con más tasas y más contención salarial.
Según FIDE, “en el último cuatrimestre del año, la demanda neta de dólares estará alimentada no solo por el atesoramiento del sector privado, sino también por los requerimientos de la cuenta corriente que, aún en un contexto de menor crecimiento económico, mantendrá su signo negativo. Todo hace pensar que la presión alcista sobre el tipo de cambio se sostendrá en las semanas por venir”.
En los mercados, la mayoría proyecta que después de octubre habrá un ajuste cambiario con efecto recesivo. “La posibilidad cada vez más evidente de que después de las elecciones se verifique un ajuste cambiario hace difícil pensar que el proceso de dolarización se interrumpa”, remarcan los analistas.
Golpe a los ingresos y al empleo
La parálisis de la economía real está estrechamente vinculada a la caída de la masa salarial. El salario real privado registrado cae desde enero y ya está por debajo del nivel de noviembre de 2023. “Si se toma como referencia la nueva canasta de consumo que todavía no ha sido sincerada por el Indec, la pérdida acumulada del salario privado registrado es del 6,7 por ciento en relación al nivel vigente antes de que asumiera el actual Gobierno. En el sector público la situación es considerablemente peor, ya que la caída real asciende al 19,2 por ciento”, detalla FIDE.
La suba del dólar por encima de los 1300 pesos elevó las expectativas de inflación y complica las negociaciones paritarias, que no logran empatar la suba de precios.
En cuanto al empleo, entre noviembre de 2023 y abril de 2025 se destruyeron más de 160.000 puestos asalariados (104.600 en el sector privado y 55.700 en el público), concentrados en la industria y la construcción (88 % del total). Parte de la pérdida se compensó con el aumento de monotributistas (+88.600) y autónomos (+13.100), pero sin recuperar el volumen total.
FIDE concluye: “No parece haber componentes de la demanda agregada que puedan traccionar el crecimiento en los próximos meses”. Con consumo estancado o en retroceso y más del 40 % de la capacidad instalada industrial ociosa, la inversión privada se mantiene sin impulso. “Las tendencias contractivas de la actividad económica –con algunas pocas excepciones a nivel sectorial– y del empleo son contrapartidas inevitables de la política de estabilización que intenta garantizar el Gobierno hasta octubre. Y después de las elecciones, es previsible que el reajuste del modelo acentúe, junto con los síntomas recesivos, el sesgo regresivo sobre la economía real”.
Con información de El Destape
Publicado en lanuevacomuna.com