El billete supera los $1300 y el equipo económico responde con más ajuste y deuda cara en pesos. Crece la presión sobre jubilados, provincias y el gasto público.
La fragilidad del esquema económico quedó en evidencia este lunes, con una escalada abrupta del dólar en todas sus versiones. El tipo de cambio minorista cerró en 1295 pesos, el mayorista alcanzó los 1280 y el dólar blue trepó hasta los 1340 pesos, encendiendo las alarmas del gobierno.
Frente al temor de una corrida cambiaria, el ministro Luis Caputo decidió recurrir a una vieja herramienta: subir las tasas de interés en licitaciones de deuda en pesos, una estrategia que, aunque busca contener la demanda de dólares, profundiza el desequilibrio fiscal y anticipa nuevas rondas de ajuste, especialmente sobre sectores vulnerables como jubilados o provincias.
Tal como anticipó Página/12, la apuesta oficial es ofrecer instrumentos de corto plazo a tasas más elevadas, con el objetivo de absorber los pesos sobrantes del sistema financiero que podrían volcarse al dólar. Pero esa absorción implica pagar más intereses y seguir alimentando la bola de nieve del endeudamiento local.
Liquidez suelta y apuro por captarla
El detonante fue la combinación entre la caída de reservas y el impacto residual del canje de las LEFI (Letras de Liquidez Fiscal). Solo una parte de esos títulos fue renovada en nuevos bonos, otra quedó en forma de encajes en el Banco Central, pero un remanente estimado en 5 billones de pesos sigue disponible en los bancos. La jugada oficial es capturar esa masa de dinero este miércoles a través de una emisión no programada de bonos de muy corto plazo, con tasas definidas por las entidades financieras.
“Es interesante observar que, ante la falta de dólares para resolver la crisis cambiaria, lo que van a hacer es intervenir subiendo la tasa en pesos, pero con una deuda que asume el Tesoro. Es decir, son intereses que pagarán con déficit fiscal financiero”, advirtió Alejandro López Mieres, del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (Ipypp).
“El problema es que estos títulos tienen vencimientos mensuales, y si el mercado no acepta renovarlos, el esquema se desarma como un castillo de naipes”, agregó. La comparación con el modelo de las Lebac 2018/2019 surge de inmediato: deuda en pesos, rendimientos muy altos y vencimientos constantes que pueden volverse inmanejables.
Ajuste encubierto
El riesgo de fondo es que esta política, además de crear una carga explosiva de intereses, exige nuevas compensaciones fiscales. “Lo que le niegan a los jubilados o a las provincias se lo pagan en intereses al mercado para que no se les vaya al dólar”, sintetizó López Mieres.
El diseño actual deja en evidencia un dilema estructural: para sostener artificialmente la demanda de pesos, el Tesoro debe endeudarse cada vez más caro. Y como no hay dólares suficientes, la presión recae sobre el ajuste interno.
Tensión creciente en el frente cambiario
En menos de un mes, el dólar minorista pasó de 1160 a 1295 pesos, una suba del 11,6% que se aceleró en las últimas jornadas. El dólar financiero también se alineó: el MEP cerró en 1294,40, y el contado con liquidación llegó a 1298,70. Solo el blue, que marca el pulso callejero, se despegó con fuerza hasta los 1340 pesos.
Mientras el gobierno celebra la desaceleración inflacionaria de junio, el frente cambiario se vuelve cada vez más inestable. Con reservas escasas, tasas que se disparan y un mercado que desconfía, el plan económico navega en aguas agitadas.
La metáfora es inevitable: aunque bailen en cubierta por el IPC, el iceberg ya está a la vista. Y la nave Caputo-Milei parece encaminarse directo al choque.
La Nueva Comuna