El presidente Javier Milei ha vuelto a ser el centro de atención, pero no por sus propuestas políticas o económicas, sino por el uso desmedido de un lenguaje vulgar y ofensivo en sus discursos. Recientemente, sus comentarios sobre «burócratas metiendo el dedo y el brazo con vaselina» a empresarios han generado repudio y consternación en la opinión pública.
Estas metáforas de violencia sexual, lejos de pasar desapercibidas, han provocado una ola de indignación. ¿Cómo es posible que un líder político recurra a expresiones tan denigrantes y grotescas para justificar sus políticas económicas extremas?
Las redes sociales han sido un hervidero de críticas hacia Milei, con usuarios expresando su repudio y cuestionando la sensatez de aquellos que aún lo respaldan. No es la primera vez que Milei recurre a este tipo de lenguaje soez. Su historial está manchado por múltiples referencias a la vaselina y otros términos sexuales, lo que demuestra un patrón de comportamiento irrespetuoso y vulgar.
De manera similar a Mauricio Macri, Milei queda en evidencia por su falta de contenido intelectual y moral en sus intervenciones. Mientras Macri se enfocaba en temas irrelevantes e insufribles sobre el futbol y Boca Juniors, Milei opta por discursos llenos de obscenidades y vulgaridades, mostrando cero respeto a los demás.
Milei debe entender que el uso de la violencia sexual como metáfora no solo es inaceptable, sino que también perpetúa un ambiente de desigualdad y misoginia en la sociedad.
Sus expresiones desagradables no solo dañan su imagen como líder político, sino que también contribuyen a crear un clima de falta de respeto y desigualdad en la sociedad. Es hora de que Milei se resetee en su interior y adopte un tono más respetuoso y constructivo en sus discursos pero a esta altura ya parece imposible. ¿Hasta cuándo?