Jue. Dic 1st, 2022

«Los genocidas no tienen que andar por la calle»

Iris Pereyra de Avellaneda, un símbolo viviente de la militancia por los derechos humanos conversó esta semana con LANUEVACOMUNA.COM. Sobreviviente de la represión de la dictadura, que se ensañó muy fuertemente con su familia por cierto. Iris estuvo durante años desaparecida, presa y torturada en campos de concentración y penales.

-Hola Iris, buen día.
-Hola, buen día, ¿cómo estas?… Gracias por llamarme.

La dictadura del ’76 secuestró y asesinó a su hijo Floreal, el negrito Avellaneda, un adolescente de 15 años, que es un caso paradigmático de la represión salvaje. Actualmente Iris preside la Liga Argentina por los Derechos Humanos y la Asociación de Sobrevivientes, Familiares y Compañeros de Campo de Mayo.

-Te llamábamos para compartir tu opinión sobre una película de la que fuiste protagonista y que posiblemente gane el Óscar, Argentina 1985.
-Sí, la vi tres veces para poder empaparme bien de lo que significa la película.

Para Iris, «esa película está buena mirándola en el sentido de que es bueno para poder hacer debate con los adolescentes, con las universidades; pero le falta mucho a esa película, le falta bastante».

«El juicio a las Juntas fue importante, porque es el único país que ha podido enjuiciar a los milicos genocidas. Strassera fue puesto de fiscal por los milicos, en esa época era el golpe militar, pero a pesar de que se jugó la vida, lo amenzaron, Strassera tuvo buena llegada con el caso nuestro, porque fue un caso emblemático, fue un caso muy tremendo lo del «negrito» relató.

La forma en que su hijo fue asesinado por los genocidas es escalofriante, aunque en la película se evita abundar en detalles. «Primero lo hicieron morder por los perros en Campo de Mayo; después lo matan y lo tiran con los vuelos de la muerte» contó Iris, con el dolor que los años no apagan. El periódico Página12 había publicado hace unos años que «la primera condena por delitos de lesa humanidad en Campo de Mayo, por donde se estima que pasaron más de cinco mil secuestrados, fue por un caso emblemático, probado desde el Juicio a las Juntas en 1985: el homicidio de Floreal Avellaneda, cuyo cadáver con signos de empalamiento, atado de pies y manos, apareció en la costa uruguaya en mayo de 1976, previo secuestro y torturas junto a su madre Iris Pereyra. El joven, de 15 años, militante de la Federación Juvenil Comunista, fue secuestrado el 15 de abril de 1976, en su casa de Munro, durante un operativo para capturar a su padre homónimo por su militancia gremial en la fábrica Tensa. Madre e hijo fueron torturados primero en la comisaría de Villa Martelli y luego en “El Campito”, en la guarnición militar Campo de Mayo».

«Es una vergüenza lo que está pasando con la Justicia»

Para Iris «se hizo juicio en el 2009 pero no está terminado porque se enjuiciaron a Santiago Riveros (ex general, jefe del Comando de Institutos Militares, fue condenado a prisión perpetua) que fue el ideólogo del Campo de Mayo; a Fernando Verplaetsen (ex general, ex jefe de inteligencia de Campo de Mayo en 1976, fue condenado a 25 años de prisión); y Jorge García (ex director de la Escuela de Infantería y jefe del área militar donde vivía la familia Avellaneda, fue condenado a 18 años de cárcel) que eran la mano derecha de él».

«A otros dos oficiales jóvenes le dieron ocho años a cada uno, y al ex subcomisario de Villa Martelli (ex policía de la PBA, Alberto Aneto, condenado a 12 años de prisión) que fue uno de los que entró en casa, se robó cosas, nos pegó, nos maltrató… le dieron doce años. Así que para nosotros fue importante, aunque nosotros no estábamos de acuerdo con esas tres condenas, entonces apelamos. Esa apelación duró trece años. Recién ahora, hace tres meses que las causas quedaron firmes» explicó.

Iris habló de una lentitud que se transforma en impunidad. «Es una vergüenza lo que está pasando con la Justicia, porque tenemos varios (militares) todavía que están presos, que no solamente han sido denunciados por mí sino por varios sobrevivientes, que tienen condena». «Yo pensaba que este año se iba a abrir, pero por lo visto ya no. Creo que el año que viene pueda ser que etengamos suerte, que se vuelva a abrir ese caso. Hay unos cuántos que todavía están en lista de espera» afirmó.

«Ninguno de los genocidas tiene que estar en la calle y todos tienen que tener su condena como corresponde. Pero el caso nuestro, que ha sido tan emblemático y tan terrible porque «el negrito» era una criatura, no tenía maldad, un chico bárbaro, divino; pero bueno, desgraciadamente para los milicos la palabra comunista, es una mala palabra; y se ensañaron con él porque cuando entraron en casa, no pudieron llevarse al padre, sino se lo llevaban a los dos; y a mí me meten en cana tres años. Yo no maté, yo no hice nada, solamente por pensar distinto, ser de izquierda. Y una izquierda poco querida» relató.

 

La persecución comenzó antes

«Todo esto empezó mucho antes. Ya en el ’66 cuando mi marido Floreal trabajaba en la General Motors venía funcionando, no tanto como en el ’74, pero ya estaban dando signos con gente detenida, desaparecida. Muchos de los que trabajaban ahí zafaron, porque no pudieron entrar los militares ahí» comenzó relatando sobre la inquebrantable militancia y compromiso de su esposo, Floreal Avellaneda.

Floreal, esposo Iris, fallecido en 2010 también fue un sobreviviente de la dictadura. Fue buscado, perseguido, reprimido durante muchos años, por ser delegado gremial de diversas fábricas del Gran Buenos Aires. Aunque parezca extraño hoy en día, en Argentina hubo listas negras, no sólo de artistas sino también de obreros y trabajadores.

«Claro, él fue delegado de General Motors, del ’66 al ’71. En los ’70 hubo una toma grande, donde estaban muy bien preparados los obreros, porque vos sabés que la militancia de las comisiones internas de esa época estaban muy bien organizados, era la mejor militancia. Eso molestaba al gobierno militar y al gobierno de facto que estaba en esa época» recordó.

«Cuando a Floreal lo echaron quiso entrar en varias fábricas, pero no pudo porque estaba en la lista negra» recordó porque «Floreal era un tipo que sabía de todo; con mucho conocimiento de máquinas y herramientas, se daba maña para todo». «Tenía un amigo en T.E.N.S.A (una empresa metalúrgica de frenos de automóviles, ubicada en Munro) que lo quería hacer entrar ahí porque había máquinas para arreglar y nadie le daba pie con bola» rememoró.

«Lo tomaron aunque le advirtieron que él estaba en la lista negra. Ahí se conformó esa comisión gremial tan linda que era de 27 compañeros, de distinta ideología política, el único comunista era Floreal, había de Vanguardia Comunista, había J.P., había del P.R.T. En lo esencial funcionaban perfecto» recordó.

En 1974, con el ascenso de Isabel Perón y la influencia creciente de su ministro José López Rega, la ultraderecha tenía las manos libres para hacer lo que quisiera. Así nació la Triple A, la A.A.A. o mejor dicho la Alianza Anticomunista Argentina, una banda parapolicial conformada por policías, civiles, sindicalistas, etc. que causó estragos: persecución, torturas, asesinatos, amenazas, todo claramente amparado desde el gobierno de ese momento. «Estaba Victorio Calabró de gobernador y la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) seccional de Munro, Vicente López, que estaba dirigida por Gregorio Minguito, de la rama más facista que había» contó.

En uno de los conflictos gremiales por reivindicaciones salariales, la comisión interna de TENSA organizó una huelga con toma de las instalaciones incluída. Floreal tuvo un protagonismo destacado y posiblemente por eso haya sido ferozmente perseguido durante años. En aquel conflicto, la actitud del gremio metalúrgico fue para la vergüenza del sindicalismo argentino. «Mandaron matones (del sindicato) a obligarlos a trabajar con el arma debajo del banco», mano de obra gremmial al servicio de la patronal.

Vale la pena reforzar el testimonio: era en un gobierno civil, en los años 1974 y 1975, adentro de la fábrica había matones armados de sindicato, en este caso de la UOM, con armas obligando a los trabajadores a volver a su trabajo y no realizar actividades gremiales. Así de peligrosa era la realidad de esa época.

 

 

La ultraderecha está latente

-Iris, vamos a volver al operativo, ese día no solamente había uniformados, había civiles…
-Entraron civiles con pelucas con barbas postizas, uno solo entró a cara descubierta, que fue Aneto de Villa Martelli.
-Esos tipos oscuros, repugnantes que por dinero o por convicción, no sé por qué, pero se prestaron a participar, a ser la mano de obra que se manchaba las manos de sangre, ¿no? para hacer estos operativos sangrientos…
-Para hacer una cosa así, imaginate. No podemos meter a todos en la misma bolsa. Pero desgraciadamente los que actuaron en el ’76 ya tenían el cerebro lavado.

El pasado 1ro de septiembre ocurrió un hecho gravísimo: el intento de asesinar a la vicepresidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner. Con sorpresa para muchos, hizo su aparición en la escena pública un nuevo actor político, la ultraderecha. ¿Nuevos? De ninguna manera, Iris cuenta detalles de la historia de su familia.

¿Hay una vinculación entre lo que fueron esas bandas de ultraderecha de hace cincuenta años atrás y lo que son ahora éstos nuevos grupos de ultraderecha «disfrazados» con nombres diminutivos, como «La banda de los copitos de nieve»? Iris Pereyra, presidenta de la Liga Argentina por los Derechos Del Hombre (LADH), la entidad de DDHH más antigua del país, no se calla.

«No son loquitos, tienen quien los prepara porque ahí con los copitos está Macri… lo que pasó en el ’76 y lo que veníamos arrastrando de años atrás, la derecha sigue avanzando» señaló y agregó «después del golpe cívico militar, la derecha está latente en los milicos… Nunca se terminó eso, ellos estaban medios apagados, pero ahora están resurgiendo de vuelta».

 

 

Seguimos peleando

Los sobrevivientes del campo de concentración de Campo de Mayo realizaron un monolito en memoria del «Negrito» Avellaneda en el predio. Pero el odio sigue «y siguen vandalizando la imagen del «Negrito» -(su hijo)-, por el odio que tienen, porque no quieren que un chico como él, que la madre siga avanzando y siga preocupándose por el esclarecimeiento de los 30.000 compañeros. Así que eso para nosotros, Campo de Mayo, es un centro de genocidas fascistas, que no reconocen nada. Ellos están dispuestos a cualquier cosa… Ahí se reúnen para preparar todos los actos que están haciendo. Todos de derecha. Seguimos peleando por recuperar ese espacio y que ningún genocida de Campo de Mayo quede libre».

Iris no se rinde y mantiene su esperanza a pesar de todo. «Pero bueno tenemos que hablar con los jóvenes, trabajar en los colegios, Yo voy a las escuelas primarias, secundarias, universitarias, a las universidades, a las cárceles, a la cárcel de Moreno, Ituzaingó, hablo mucho con los pibes, me escuchan» dice y finaliza «ellos te escuchan, es importante que se interesen en la situación política».

 

Cintia Martínez – Alfredo Barros / LANUEVACOMUNA.COM

 

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