Vie. Ago 12th, 2022

El peronismo ve en Massa la única opción de llegar con chances al 2023

No se equivocó la Garganta Profunda que en los pasillos de Casa Rosada le dijo a PolíticayMedios que Silvina Batakis –recién asumida- era una ministra de transición hasta que se acordara que una figura con peso propio ocupara ese cargo. Desde su asunción, casi de emergencia el lunes 4 de julio para intentar calmar al dólar y los mercados, la funcionaria quedó atrapada en el tiempo que se tomó para conformar su efímero equipo y en los anuncios que hizo y que marcaron el mismo sendero de su antecesor, Martín Guzmán.

La respuesta a su plan fue un billete norteamericano informal que llegó a los 350 pesos, un Riesgo País por arriba de los 3000 puntos, la caída de bonos soberanos, desabastecimientos parciales e incrementos en varios alimentos. Su viaje a Estados Unidos con el fin de tener encuentros con David Lipton del Tesoro, Kristalina Georgieva (FMI) y empresarios, no arrojó resultados positivos y dejó flotando en el aire el concepto de la “sostenibilidad fiscal”, eufemismo de ‘ajuste’ para las organizaciones políticas y sociales que ya habían salido a cuestionar las medidas de “La Griega”, y que adelantaron, persistirán en el reclamo de un Salario Básico Universal.

Demorar la toma de decisiones y salir a denunciar intentos de desestabilización no le sirvió de mucho al Frente de Todos, que ya entendía que la única posibilidad de frenar el cimbronazo era encarar un cambio drástico en la conformación del Gabinete nacional. Las especulaciones comenzaron, pero en los hechos concretos todo parecía seguir igual.

Al pedido de la senadora kirchnerista, Juliana Di Tullio, que reclamaba poner policías federales en las cuevas, se sumó la petición del propio jefe de Estado hacia los sectores agroexportadores y alimenticios. Fernández aprovechó un acto de inauguración en Chapadmalal, (al cumplirse 70 años del fallecimiento de Eva Duarte de Perón) para señalar que como la abanderada de los humildes tuvo que luchar contra los que todavía están presentes: «Son los que especulan con los precios y hacen faltar mercaderías para que sus ganancias suban. Los que manipulan los precios de los supermercados. Los que promueven inflación haciéndole sentir a la gente que la moneda se va a devaluar”, y agregó que “son los que esperan que la Argentina se debilite para vender lo que tienen que vender. Cuando la Argentina necesita esos dólares para poder seguir produciendo y dando trabajo”, y cerró: “Contra todos ellos luchó Evita. Y luchó por una patria justa, libre y soberana”.

En esa actividad en la zona costera, el titular del Ejecutivo trató de calmar las aguas en los movimientos sociales -que cada vez le retacean más el respaldo –y también en las no oficialistas- anunciando que el 5 de agosto se pagará un bono de 11 mil pesos dirigido a quienes perciben el Potenciar Trabajo. Al mismo tiempo, se lanzó un tipo de cambio especial encaminado a los productores sojeros, en otro intento de que liquiden sus ventas al exterior. Algo que no sucedió y que algunos dirigentes frentistas catalogaron como un gesto de genuflexión que se otorgó justo en el aniversario de Evita.

En un miércoles donde el Presidente volvió a estar sin agenda oficial, surgió un hecho que fue arrastrado por los hechos objetivos. La fuerte posición que sostuvieron los gobernadores del PJ que se reunieron en el Consejo Federal de Inversiones hizo que Fernández los convocara a Casa de Gobierno. El cónclave duró menos de lo esperado y los 13 asistentes presenciales se retiraron sin hacer declaraciones. No pasó mucho tiempo y a la hora de reconstruir lo que había pasado, quedó claro que los mandatarios provinciales exigieron urgentes resoluciones. El nombre de Sergio Massa volvió a la mesa como después de la salida de Guzmán, pero con una coyuntura aún más grave. Los pocos operadores albertistas que quedan en la sede gubernamental salieron a decir que sólo se trataron temas referidos a las provincias y que, en caso de haber algún cambio, era una decisión que tomaría el jefe del Poder Ejecutivo.

Los mismos colaboradores presidenciales circularon offs que recitaban que en los diálogos (retomados) entre la senadora Kirchner y el Primer Mandatario había adelantos en búsqueda de soluciones, aunque se negociaban diferencias que surgían de Alberto. Un discurso que pretende imponer la sensación de que Fernández no sufre un vacío de poder, tampoco de decisión, y menos aún, de capacidad de negociación dentro de la coalición gobernante.

Las horas transcurrieron con una creciente presión de diversos actores del enjambre frentetodista. La voz de Cristina se hacía oír a través del jefe de Gabinete de Axel Kicillof, Martín Insaurralde, quien directamente afirmó que la llegada al Gabinete del tigrense “puede encauzar la reconstrucción». Se subieron al mismo barco varios gobernadores, tal el caso de Gustavo Bordet (Entre Ríos), Omar Perotti (Santa Fe), Gustavo Sáenz (Salta) y Mariano Arcioni (Chubut).

El jueves, la marcha del Frente de Unidad Piquetera llegó a la Plaza de mayo y en las puertas de la Rosada exigían más ayuda del Estado; ampliación de asignaciones y aumentos en cada uno de esos beneficios que están siendo carcomidos por el imparable Índice de Precios al Consumidor, que más allá de todas las determinaciones que se estén tomando (para varios a destiempo), puede deparar para el mes de julio un promedio del 8 por ciento y acercar el interanual al 70%.

De ahí en más, nada pudo frenar el aterrizaje del, todavía presidente de la Cámara de Diputados, en el Palacio de Hacienda, pero con un superministerio que pactó con sus socios de esta alianza electoral que se desvalorizó más que nunca después de la derrota en las PASO del 12 de septiembre de 2021, y que deriva en esta inesperada restructuración.

Lo que tornó irremediable toda resistencia albertista a las modificaciones fue lo que mostraban los números de las variantes cambiarias en dólares y otros factores que el mercado lee políticamente. Varios espadachines del desgastado Fernández sostenían hasta la tarde del jueves que había “mucho de operación” en lo que se decía.

Pese a todo el ruido coyuntural, la portavoz Gabriela Cerruti tenía prevista su habitual conferencia semanal, en este caso a las 17:15. Los periodistas acreditados permanentes en la Casa hicimos el sorteo (de rigor) para determinar el orden y quienes harían las preguntas, más allá de que no fuimos pocos lo que planteamos desde el día anterior que difícilmente dicha empresa se concretara entre tanto tembladeral político. Qué podía aportar la vocera en medio de semejante cuadro de incertidumbre, que ni su propia área lograba despejar. Como era de esperar, la rueda de prensa se fue postergando hasta que se dio por suspendida.

Antes y después de las 18hs los rumores se transformaron en comunicados que oficializaban la renuncia de Gustavo Beliz a la secretaría de Asuntos Estratégicos, lugar al que va Mercedes Marcó del Pont, que dejó la AFIP y será cubierta por un alfil de CFK: Carlos Castagneto. El arribo de Massa se simplificó con este escueto texto: “El presidente Alberto Fernández decidió reorganizar las áreas económicas de su gabinete para un mejor funcionamiento, coordinación y gestión. En ese sentido, se unificarán los ministerios de Economía, Desarrollo Productivo y Agricultura, Ganadería y Pesca, incluyendo además las relaciones con los organismos internacionales, bilaterales y multilaterales de crédito. El nuevo ministerio estará a cargo de Sergio Massa, actual presidente de la Cámara de Diputados, a partir de que se resuelva su alejamiento de su banca”.

Posteriormente, la salida de Batakis tendría otro destino, el Banco Nación, lugar del que fue eyectado Eduardo Hecker, quien se enteró que era despedido en medio de una actividad pública. Por su parte, Daniel Scioli, el hombre que más activo de mostró desde su asunción en el Ministerio de Desarrollo Productivo, mantuvo una reunión con Alberto Fernández en su despacho que duró una hora y media, y pese a su pulgar en alto al salir del encuentro, fue notificado de su salida, ante la cual pidió volver a la embajada argentina en Brasil, a la que había dejado a la hora de reemplazar a Matías Kulfas a mediados de junio. A Julián Domínguez se le habría ofrecido seguir, pero el menor rango de la cartera a la sombra de Massa le hizo formalizar su dimisión.

El último día de la semana se presentó con una actividad protocolar que encabezó Fernández: recibir a la vicepresidenta electa de Colombia, Francia Márquez, que antes estuvo en el Senado con Cristina Kirchner. Este paso al costado, obviamente no reconocido por parte del entorno presidencial, conforma el cuadro de situación que el núcleo que lo rodea intentó evitar desde que las cosas se empezaron a complicar, sin embargo, errores propios, y vale decirlo, una gran dosis de mala suerte, deriva en esta repentina configuración, que intentará despejar la idea de que “se cambian cosas para no cambiar nada”, pero tiene como principal objetivo desde el peronismo, llegar con posibilidades al 2023.

Un dirigente que habitó el histórico palacio de gobierno en diferentes oportunidades -y todavía lo hace- sostiene que “el marketing que un político pueda hacer con respecto a sus relaciones con el establishment y los diferentes actores de la política y la economía local e internacional, tiene su prueba de fuego cuando cruza la alfombra roja del Poder y llega la hora de la verdad”. Sergio Massa es el hombre que empoderado por las contingencias de la Argentina deberá certificar que está a la altura de las circunstancias.

Política y Medios

Publicado en lanuevacomuna.com

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