Vieja Estación y la Necochea del No: La premisa de hacer cualquier cosa con tal que se haga algo

En los últimos días el armado de una “pecera” que abarcó parte de la calzada de la calle 87 llamó la atención de los vecinos, que elevaron algunas observaciones en las redes sociales. Inmediatamente el episodio fue graficado de manera aislada por algunos periodistas y, ante la crítica, una vez más salió a relucir la gastadísima idea de la “Necochea del No”.

Sucedió que el local de la cervecería ubicada en calle 87 entre 4 y 6 decidió ampliarse instalando un espacio de madera sobre la vereda y el sector de la calle que había sido destinado para dar lugar en el marco de la pandemia por CoVID19, cuando se requería que las personas mantuvieran un protocolo de distanciamiento que habilitó algunas excepciones. La reserva de parte de la calle con mojones pintados de amarillo estaba habilitada con fines preventivos, aunque ahora el sector de la calle está siendo ocupado por los responsables del comercio con la construcción en madera.

Ninguna de las autoridades municipales ha hecho mención al asunto hasta el momento, aunque a través de las redes sociales las críticas elevadas dieron lugar a lo que ya es una clásica respuesta cada vez que se señala una irregularidad: quienes se quejan son parte de la “Necochea del No”, definición a la que apelan de manera oportuna y sin falta las gestiones municipales en los últimos años para justificar cualquier cosa.

Es que si bien el atraso de la ciudad es notorio, con graves fallas de infraestructura a diferentes niveles y constantes problemas de financiamiento y desarrollo, la respuesta que flota en el aire, acusando a indeterminados grupos de vecinos que se oponen al avance del distrito, suena a una justificación que no resuelve nada y mantiene las cosas en un ostracismo y desidia solo producida por un inefable temor al debate público y la transparencia.

Aunque en diferentes oportunidades en los últimos años las autoridades municipales han hecho mención a esta idea, que suele brotar sobre todo cuando se apela al cuidado de los espacios públicos y el medio ambiente, lo cierto es que esa “Necochea del No” realmente ha representado más una excusa que un argumento válido, por el sencillo heche que nunca encuentra su propia razón de existir, es decir, no hay representantes señalables por dicho concepto y, en rigor de verdad, nunca logra detener nada que realmente no debiera ser detenido.

¿No a qué?

Un ejemplo notorio de ello fue la instalación de la cancha de hockey de pasto sintético en nuestra ciudad. Donada por la Confederación Argentina de Hockey, la gestión interina de José Luis Vidal insistió en 2015 con instalar la cancha sobre un terreno irregular en Avenida 10 y 123, en pleno parque Miguel Lillo. Aunque la idea no era mala y tenía algunas observaciones pendientes, lo cierto es que la intención de la gestión Vidal se olía como plenamente electoral y sin proyección real: solo la nivelación completa del terreno era una tarea impracticable para una gestión que a gatas pagaba sueldos y desvió fondos nacionales para el entoscado de calles para cubrir gastos corrientes.

A pesar de ello, la pelea en las redes cobró incluso otro cuerpo en algunos medios de comunicación, que insistían con el concepto de la “Necochea del No”, evitando ver la realidad defendiendo sus propios intereses. La obvia incapacidad de la gestión y su oportunismo electoral iban a dejar un terreno vacío y destruído en un espacio que contaba con plantaciones de árboles jóvenes frente al Vivero Municipal. Era tan burda la maniobra que los vecinos incluso llegaron a acampar en el lugar parándose frente a las topadoras que siguieron la pantomima ordenada por el secretario de Obras Públicas en ese momento, Carlos Samprón.

Aquel ejemplo puso a los grupos ambientalistas como cabeza de turco y cada vez que alguien se atrevió a cuestionar el uso del espacio público de manera irresponsable o fuera de las normas, inmediatamente era calificado como parte de esa Necochea imprecisa que impide el avance de todo proyecto.

Y cuantos más proyectos irregulares existan, más negativas se encuentran las autoridades, que lejos de hacer alguna autocrítica, repiten patrones y se quejan que “no los dejan hacer”. En este sentido, el discurso del intendente Arturo Rojas es paradigmático como pocos y recientemente fue el propio Jefe Comunal el que salió en una carta abierta a señalar la oposición como si no tuviera razón de ser y careciera de cualquier clase de argumento.

Así es como se llega a la situación en la que un comercio aprovecha una situación excepcional para ampliar sus oportunidades de negocio de una manera cuestionable y las autoridades municipales ni siquiera han ofrecido una explicación. Cualquier duda que se plantee podría ser inmediatamente calificada de manera irritante como parte de la “Necochea del No” aunque en rigor de verdad, en cada caso las negativas suceden por irregularidades o mensajes capciosos de las autoridades.

Victimización

El extremo de haber llegado a esta situación habilita inmediatamente la urgencia, que a su vez da lugar a la justificación de cualquier proyecto, por más impracticable o fuera de norma que se presente. Y en ese contexto, si las propuestas son rechazadas, siempre es más sencillo para un político decir que no lo dejan antes que admitir que no está haciendo las cosas como se deben.

Lo cierto es que el discurso de Arturo Rojas pidiendo apoyos frente a las negativas tiene que ver con un largo historial de falta de transparencia y mensajes capciosos que no lograron confundir a la población, que decidió darle la espalda a la gestión en las últimas elecciones PASO de septiembre: Rojas necesita decir que los opositores no tienen argumentos porque las cosas que hace están mayormente “flojas de papeles”.

Para ilustrar este panorama basta con mirar la forma en la que el oficialismo quiso recientemente entregar una valiosa concesión en Quequén a una sociedad de gente del entorno del intendente; el proceso express de intento de venta del Casino (extrañamente suspendido a raíz de presuntas solicitudes “extra” al comprador); o el derrumbe de la línea de carga de la terminal de fertilizantes de PierDoce en Puerto Quequén. En todos los casos hubo protestas de los vecinos que no consiguieron detener nada y los proyectos frustrados tuvieron directamente que ver con irregularidades o impericia de las autoridades, para estos casos, de Arturo Rojas como jefe comunal y como presidente del Consorcio de Gestión de Puerto Quequén.

Así las cosas, el nivel de calidad de las propuestas no sube; la transparencia no abunda y todo debate queda enturbiado inmediatamente por desinformación y una apatía creciente entre los vecinos, cuya participación es desincentivada con calificativos y denostaciones que terminan acusándolos de opositores sin argumentos y enemigos del progreso cuando, en definitiva, sólo buscan velar por los intereses comunes mucho más que las propias autoridades.

Diario 4v

Publicado en lanuevacomuna.com

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