Sáb. Ago 13th, 2022

Chile. Se inicia la era de las nuevas Constituciones de la región /¿El futuro será conservador, progresista o algo más?

Por Roberto Perdía, Resumen Latinoamericano, 8 de julio de 2021.

Chile, el país que era considerado nave insignia del neoliberalismo en la región, se está constituyendo en un símbolo de los tiempos que corren. Allí tenemos a un hábil Sebastián Piñera que ante el asedio popular tuvo la audacia de convocar a elecciones constituyentes; esas elecciones fueron mayoritariamente ganadas por un progresismo de muchos colores; por si faltaba algo, también está una sacrificada juventud que desde hace más de 20 meses acosa al gobierno, pagando precios muy altos por tamaño atrevimiento.

El domingo 4 de julio se inició en Chile la Asamblea Constituyente que debe reformar la Constitución pinochetista de 1980. Por una amplia mayoría fue designada Presidenta de la misma, Elisa Loncon, una convencional mapuche. Es parte del bloque de 17 legisladoras y legisladores que representan a distintos pueblos originarios.

Es una gran novedad que la presión de los pueblos lleve a los viejos Estados a inaugurar un nuevo período histórico que viene signado por diferentes tipos de reformas constitucionales.

Gran parte de nuestros pueblos aspiran a cambios imprescindibles, en ese camino se encuentran con los conservadores que tratan de diluir esas pretensiones para mantener sus privilegios, también están las corrientes reformistas que imaginan darle gobernabilidad al futuro y algunos sectores populares que piden más.

Antes de seguir y ver las perspectivas futuras es bueno reflexionar sobre el significado de una Constitución y de sus proyectadas Reformas.

EL SENTIDO DE UNA CONSTITUCIÓN Y DE SUS REFORMAS

Una Constitución siempre es considerada como la norma superior de la organización de la sociedad. Pero, quienes aspiramos a transformaciones revolucionarias imaginamos a la Constitución como el aspecto ordenador –en un determinado territorio- del sistema de poder popular, cuando éste pueda ser ejercido desde, por y para el pueblo organizado.

Pero esta justa concepción no puede olvidar que, en medio de la actual y legítima etapa de resistencia al viejo orden institucional, tenemos que construir el nuevo poder económico, social y político que sea capaz de sostener a un nuevo modelo fundado en valores distintos a los del individualismo y la ganancia que guían al presente.

Apelando a las elaboraciones de Arturo Sampay, el redactor de la Constitución de 1949, podemos acordar en una distinción entre Constitución real y Constitución escrita. La primera –la real- remite a las relaciones de poder entre las clases (que incluye lo económico, social y político) y la segunda –la escrita- es la foto y expresión jurídica de esas relaciones en un momento dado. En el caso nuestro –Constitución de 1853- nos remite a las caducas relaciones coloniales y clasistas existentes a mediados del siglo XIX, cuando estaban prácticamente derrotadas las fuerzas federales, las posibilidades de alcanzar la unidad de la Patria Grande y se imponían los intereses de la burguesía portuaria.

Cuando ambos conceptos caminan por rutas diferentes es que se producen situaciones, como las actuales de Nuestra América, donde una profunda crisis de tipo institucional, con una rotunda distancia entre pueblo y poder, se despliega por el conjunto social de la región.

Frente a esa situación aparecen las distintas alternativas que se van construyendo desde el poder y el pueblo.

EL FUTURO SEGÚN EL IMAGINARIO CONSERVADOR

Las clases y sectores dominantes ven que las demandas de los desheredados golpean a sus puertas. Como no están dispuestos a resignar sus privilegios de larga data, tienen distintas –casi siempre complementarias- estrategias para enfrentarlos. Están quienes lo hacen desde el aparato del Estado, la represión directa como la que vemos cotidianamente en casi la extensión de toda Nuestra América. En muchos casos no falta la presencia de organismos y organizaciones paraestatales, como está ocurriendo en Colombia, que le agregan su propia violencia y crueldad.

Pero tampoco falta la lógica acción de los partidos y fuerzas de la burguesía que resguardan sus intereses. Hay situaciones, como la chilena, donde el propio gobierno –fracasados los otros medios- tuvo la audacia de tomar algunas de esas demandas y colocarlas sobre el escenario, antes que ellas lo devoren. Esto último fue lo que hizo Piñera convocando a elecciones constituyentes.

Su propósito real tenía varios objetivos, entre ellos caben destacar: diluir en el tiempo aspectos de la confrontación; apostar a salvar el pellejo de la institucionalidad para que ella pudiera seguir protegiendo los privilegios de su clase; colocar diversas trampas en ese proceso constituyente, como lo hizo planteando algunas resguardos como mayorías extraordinarias y otros elementos que el control del poder estatal le permitía; de última –en el peor de los casos- ya tendría vericuetos legales para reducir el peso de las transformaciones que se pudieran aprobar.

Ahora está transcurriendo esa etapa de la elaboración constitucional. Allí, más allá de las trampas que multiplicarán, tendrá objetivos más precisos. Sin pretender agotarlos es posible señalar algunos de ellos: Uno de los primeros es contener cualquier intento de restricción a la propiedad privada y las libertades de mercado, columnas del poder de su clase y del capitalismo como sistema; otra cuestión de indudable significación es impedir modificaciones al actual modelo de lo que se denomina “Estado de Derecho”, con su división de poderes, régimen de gobierno y autonomía del poder judicial y del Banco Central. Se trata del llamado “equilibrio de poderes” que ha permitido que el poder económico y la “Justicia” que lo defiende puedan actuar a sus anchas. Impedir las limitaciones al extractivismo es otra de las normas que el poder conservador tratará de evitar.

De este modo imagina que podrá transitar este mal trago y darle una sobrevida a la clase que representa.

LA LÓGICA PROGRESISTA

Grupos minoritarios de lo que se conoció como “Concertación” que gobernara a Chile durante varios años, el Partido Comunista, diversas franjas de los sectores conocidos como “independientes” y algunas etnias indígenas, conforman el núcleo del progresismo que ganó las recientes elecciones constituyentes. Ellos cargan sobre sus espaldas ser la mayoría que deberá redactar la nueva Constitución y desde ya son considerados como los sectores con mayores posibilidades de acceder al gobierno el próximo año.

Este dato, junto a lo que ya viene pasando en Perú, y lo acontecido hace un tiempo atrás en Argentina y Bolivia deja sentado que el avance conservador de los últimos años es bastante limitado. Ese aspecto positivo no debe hacernos olvidar que, en la mayor parte de los países de la región, los avances conservadores se dieron a partir de las debilidades previas de los gobiernos progresistas.

Habrá que ver el rumbo que va a tomar el texto de la constituyente. Es muy factible que esta mayoría progresista signifique variados cambios constitucionales.

Es obvio que la ampliación de derechos incorporará los de las políticas de género y de diversas minorías; las reivindicaciones de las demandas de la tierra y del medio ambiente seguramente ocuparán un lugar en la nueva Constitución que ponga en evidencia los límites de este enamoramiento con la idea de un progreso y desarrollo sin límites, poniendo algunos diques al extractivismo vigente; en el mismo sentido resulta indudable que el texto recogerá mayores derechos a los grupos indígenas, de alguna manera ya simbolizado en el hecho de que la presidencia de la Asamblea quedó, temporalmente, en la persona de una mapuche.

El casi seguro reconocimiento a un Estado plurinacional -en el nuevo texto constitucional- que reemplace al actual Estado-nación, es una consecuencia directa de estas perspectivas. Las características de este aspecto será un indicativo del tipo de sociedad que emergerá de esta Reforma.

De todas maneras, para que estos avances tengan carnadura real. Será preciso que los cambios penetren en dos áreas que los gobiernos de nuestros países, con escasas excepciones, han ignorado. Se trata de las imprescindibles modificaciones en el sistema institucional para ir enterrando esta democracia representativa, abriendo las puertas a otra más participativa, junto a la necesidad de terminar con la actual defensa irrestricta de la propiedad privada.

Los cambios progresistas que seguramente se incorporarán tendrán como fuente de inspiración y sistema de control a los sectores movilizados.

LA DEMANDA POR ESE “ALGO MÁS” QUE ASOMA EN EL HORIZONTE

Las fuerzas, fundamentalmente juveniles, “en pie de calle” están demandando un “paso más” que permita ir pensando en un nuevo sistema de organización y poder territorial por parte del pueblo organizado y de nuevos modos de producción que permitan desplegar un modelo más digno y justo, en consonancia con el respeto a la naturaleza y el medio ambiente. Sus cuestionamiento van más allá a lo alcanzado y están más cerca de seguir peleando por el ¡Que se vayan todos! que conformarse con una Reforma Constitucional que incorporó a su agenda el sistema de poder vigente.

Dado que todo nuevo texto constitucional es un cambio respecto del pasado, quienes creemos que el mismo debe ser una ruptura con el anterior, alimentamos la idea de que el poder constituyente debe nacer de la propia soberanía popular. De allí surge una profunda diferencia: si tal convocatoria nace de las formalidades del viejo sistema o de un nuevo poder constituyente de derechos.

Más allá de las dificultades para que esa ruptura sea total, como ocurriera en el caso de la Revolución Cubana, existen otras situaciones donde el camino se inicia a partir de hechos o situaciones de menor ruptura, como lo fue el caso del Comandante Chávez en Venezuela cuando dijo jurar ante “esta moribunda Constitución” o la posibilidad actual de Perú, si el Presidente electo –Pedro Castillo- no es destituido antes que asuma y cumpla con su compromiso electoral de una nueva Constituyente que responda a los intereses del Perú ignorado.

La experiencia de las últimas décadas de nuestros pueblos advierten sobre las escasas posibilidades de transformaciones revolucionarias que encierran las reformas realizadas en dependencia de las reglas de juego de los actuales sistemas institucionales.

Más allá de los alcances que tenga la Reforma Constitucional en marcha en Chile, las cuestiones precedentes han estado presentes en el mismo acto de inauguración de la mencionada Asamblea. En efecto, una movilización popular hizo posponer -por algunas horas- el inicio de tal ceremonia. Los manifestantes continuaban con la demanda de la previa renuncia de Piñera para que sea un gobierno de nuevo tipo el encargado de una convocatoria constituyente.

Por ahí empieza el reclamo por “algo más” que aparece en franjas de la sociedad y que comienza por exigir una nueva legitimidad para tal convocatoria. Fue una forma de manifestar que las actuales reformas no deben ser cuestiones técnicas o formales, sino que ellas deben expresar una trasgresión de la legalidad actual e ir proponiendo otra, fundada en el poder del pueblo organizado, que la reemplace.

Quienes creemos en la necesidad de construir el poder desde abajo, el poder comunal, como forma de organización alternativa a la actual, aunque no tengamos la fuerza suficiente para hegemonizar estas Asambleas Constituyentes, tenemos mucho por decir ante esta nueva oleada de reformas constitucionales.

La voz de quienes aspiramos “algo más” que estas Reformas en marcha está puesta en dos direcciones complementarias que hagan posible que los avances populares se consoliden.

Por un lado demandando que la “fotografía” del actual sistema de poder, que se inscribirá como texto de las Constituciones escritas que se aprueben, contemple la posibilidad de modificaciones más simples y constantes bajo la forma de reférendums que legitimen los sucesivos avances populares.

Por otro lado, mientras se organizan y despliegan las condiciones para los “azos” que los pueblos suelen protagonizar es posible desarrollar otras instancias institucionales.

Empezando desde el pie y dándole poder a los que hoy están abajo o fuera del sistema es posible pensar desde esa perspectiva. Un camino es avanzar en el Estado más cercano, los municipios. Avanzar en una mayor autonomía municipal con Asambleas Municipales Constituyentes, no debe ser una demanda que se descarte. Allí es posible gestar las condiciones para que el poder del pueblo y sus organizaciones tenga un peso más gravitante y se pueda constituir un nuevo modelo que tenga en las comunas, sus federaciones y confederaciones un modo diferente de organización institucional de un Estado de naturaleza distinta.

En el “laboratorio” y futuro chileno estas cuestiones seguramente forman parte de la agenda actual. Sus avances, en interacción con la vida política cotidiana, indicaran las tendencias que allí se desarrollan y que forman parte del porvenir de toda la región.

Así se verán los triunfos y peligros de estas Reformas Constitucionales. Sabremos si ellas son la antesala de los procesos revolucionarios del futuro, una nueva manifestación de los límites del progresismo de la región o una trampa del sistema capitalista, patriarcal y racista dominante.

Los jóvenes, el pueblo en la calle, sabrán -con el tiempo- colocar a cada uno de los protagonistas en el lugar que les corresponde.

Resumen Latinoamericano

Publicado en lanuevacomuna.com

 

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