LOS BANCOS GANAN FORTUNAS EN LA REGION: UNA VISION HUMORISTICA

AYUDAN A LOS BANCOS A SUPERAR LAS PÉRDIDAS
«La gente habla de lo que ganaron los bancos pero no se fija en los cuantiosos gastos que tienen»; así comienza la declaración emitida por un grupo de diputados y senadores de distintas fracciones nucleados en nueva entidad: «Los Patriotas». El comunicado dirigido a la prensa, con el superávit correspondiente de cada entidad, fue emitido al conocerse los balances de las principales instituciones crediticias del país: Santander Río ganó 416,5 millones de pesos; Macro, 323,8 millones; Siderar, 307,9 millones; Grupo Galicia, 281,7 millones y BBVA Francés, 240.5 millones.
Ah! Estos beneficios son producto del primer trimestre del año en curso.
Los Patriotas, sostienen que «dada la difícil situación económica y financiera que están viviendo los bancos de La Argentina, (por la cantidad de préstamos otorgados y los bajos intereses cobrados), estudian medidas para sanear la difícil situación económica financiera».
El comunicado, agrega: «al ser tantos los egresos, se justifican plenamente las largas demoras, las kilométricas colas de clientes, por la poca cantidad de cajeros que hay en todas las sucursales»: lo que parecen suculentos beneficios no alcanzan para tomar más personal.
El ruinoso estado patrimonial queda en evidencia con sólo observar las colas de clientes en todas estas instituciones; las demoras están originadas por la carencia de personal, en especial de cajeros; y ello origina que los usuarios deban permanecer en l las sucursales muchísimas horas (entre una y tres y cuatro, por simples trámites: cobrar cheques, pagar impuestos o renovar un plazo fijo de 500 pesos.)
Como forma de ayudarlos «Los Patriotas», (que ya dieron pruebas de altruismo al conformarse con sólo el ciento por ciento de aumento de sus dietas) están estudiando leyes para beneficiar a ambas partes (bancos y clientes)
Y que mejor lugar que los bancos para hacer realidad el viejo dicho: «el tiempo es oro para los banqueros».
Los primeros trascendidos revelan proyectos progresistas; más que ello: revolucionarios:
–los autorizarían a instalar, en las salas de espera, pequeños boxes (kiosquitos) que serían alquilados por los banqueros a cambio de alquileres accesibles más los intereses correspondientes, 30 ó 40%.
Estos kioscos prestarían gran servicio a los usuarios, mientras esperan ser atendidos.
Por ejemplo:
Podrían colocarse mesa y sillas para servicios de pedicuros.
O peluquerías; sería una forma de utilizar bien el tiempo, mejorando la calidad de vida; después de dos horas de espera, los clientes saldrían caminando derechitos y exhibiendo peinados prolijos y perfumados con agua de colonia.
Otra medida revolucionaria seria el servicio para mejorar la educación.
Como al banco van muchos cadetes que no terminaron la primaria, un grupo de maestros, aprovecharía las horas de espera para prepararlos en matemáticas, geografía, historia, etcétera.
El caso del famoso «che pibe», resulta emblemático: recorre 2 ó 3 bancos por día. Sumemos: espera diaria de 4 horas (mínimo); en una semana podría estudiar 20 horas. Si calculamos los 12 meses del año estamos hablando de ¡doscientas cuarenta horas». Con perseverancia, este cadete, al cabo de pocos años podría obtener el título de abogado, médico, contador, periodista, (algunos dirán que es peor el remedio que la enfermedad).
Este servicio seria también para los que deben materias del secundario o que abandonaron estudios universitarios después de 2 ó 3 años.
Con este sistema se harían realidad los 180 días de escolaridad y recuperaríamos el prestigio de la educación argentina; la paga a los docentes y profesores, por parte de los bancos, sería exigua, por razones obvias
Las posibilidades son amplias. También: podrían funcionar consultorios de médicos, psicólogos, psiquiatras, etcétera; no tendríamos que olvidar a los que adivinan la suerte, el tarot, las cartas o la lectura de la borra de café.
Y otra idea revolucionaria, que daría pingues ganancias (por su, a los bancos) sería alquilar bebés para no hacer la tradicional cola; podrían cobrar dos tarifas: una con mamadera para que no lloren y otra con pañales sucios para que la gente que los rodea les ceda el lugar en l cola para que se vayan rápido…
La nueva ley exigiría, para laudar los acuerdos una base de 90% para los bancos y el 10% restante para los inquilinos; ya trascendió que los banqueros, en acto de renunciamiento, se harían cargo del IVA.
Los proyectos son infinitos e irían actualizándose con el correr de las horas. No olvidemos la comercialización de bebidas, sándwiches o comida exprés. ¡Cuánto pagaría Mc Donald»s por un pequeño stand donde también elegirían «el banquero del mes»!
Además, ahora que en los diarios han prohibido los avisos del rubro «69», podrían habilitarse «reservados» donde los clientes, como siempre pasa en los bancos, asumirían roles pasivos; estamos seguros que la gran mayoría saldría contenta por hacer la cola.
De esa forma se evitaría el mal humor y las protestas, espontáneas y ruidosas como la vivida en el Banco Provincia después de permanecer parados, y en fila, más de tres horas y que fue ignorada por el periodismo de Mar del Plata
Sinceramente creemos que, si los legisladores «se ponen las pilas» y aprueban este proyecto sobre tablas, los patrióticos banqueros, sin vacilar tomarán más personal, en especial cajeros y podrán seguir entregando créditos a las Pymes, a bajo interés como en la actualidad y destinando parte de sus ganancias para incrementar la industria nacional…
Y para terminar reproducimos frases anónimas que los banqueros ponen a sus pies, nunca en la cabecera:
El dinero, puede comprar una cama, pero no las ganas de dormir; libros, pero no la inteligencia; alimentos, más no apetito; una casa, más no un hogar; medicamentos, pero no la salud; lujos,
pero no cultura; diversiones, pero no felicidad; alguna religión, más no la salvación; pasaporte a donde sea, pero no el Paraíso… Como decía mi Tío banquero: Es mejor ser rico y sano que pobre y enfermo»
Si serán sabios los banqueros que «inventaron» las tarjetas de crédito o el «dinero plástico». Con estas tarjetas se puede comprar de todo; lo único que no se puede pagar con tarjeta es lo gastado con la tarjeta…
En fin, ya sabemos que de enero a enero la plata es el banquero; así que, dejemos de dar vueltas a la noria, y terminemos con una frase genial de Mark Twain («Príncipe y Mendigo»; «Un yanqui en la Corte del Rey Arturo»):
«El banquero es un señor que nos presta un paraguas cuando hace sol y nos exige su devolución cuando empieza a llover».
MDP HOY

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