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OPINION: OPINADO CODIGO PENAL por JULIO RAZONA







OPINADO CODIGO PENAL 
Por Julio Razona

El Código Penal está en boca de todos. Existe una marcada tendencia general a pensar que ese cuerpo orgánico de normas que sancionan conductas puede modificar en algo la inadmisible inseguridad en la que vivimos.

Las sanciones penales y su amenaza a quien está por cometer un delito no modifican la realidad.
Modificar y actualizar el Código Penal es realmente necesario, ante la antigüedad del mismo, promulgado en 1921 y la cantidad de reformas hechas de apuro, en su mayoría para calmar pedidos de la ciudadanía, como si modificarlo podría cambiar la situación cada vez mas extrema por la que hemos transitado desde hace años.

Pero antes de ese nuevo Código debe el Estado sostener y consensuar un Plan Maestro de Política Criminal, que trascienda a los gobernantes en turno y por ende a los intereses partidarios. El Estado debe acordar que para las próximas décadas debe desterrarse el narcotráfico, deben desaparecer las armas de fuego ilegales, cero tolerancia a personas que llevan una vida delictiva, que no haya mas chicos viviendo en situación de calle, que la cárceles sean centros de capacitación laboral y se generen puestos de trabajo genuino para quienes se instruyan o capaciten, etc. Plan maestro que necesitará de varias herramientas para cumplir su objetivo, entre ellas el Código Penal.

Caso contrario ese Código no será más que un conjunto de normas y de deseos que no modificará conducta alguna.

Se habla de excarcelaciones que se permitirían con el nuevo Código Penal, cuando las excarcelaciones son atributos de cada Provincia que dicta su Código de Procedimiento Penal. Cabe aclarar que en la Provincia de Buenos Aires las excarcelaciones son permitidas para delitos cuya pena no supere los 8 años de prisión, por lo tanto se ha generado un pánico popular haciendo saber que los robos con armas serían excarcelables, cuando no es así (el nuevo Código Penal baja la pena de ese delito de 15 a 12 años de prisión).

En consecuencia se discute y se gastan cientos de horas en los medios, con opinólogos sin formación o bien de víctimas que se hacen oír desde su lógico sufrimiento, al ver que nada se resuelve y que todo está cada vez peor.

No cabe duda que existen dos tipos de personas a los que le cabe la aplicación del Código Penal: los delincuentes, cuya vida está regida por el delito, con antecedentes, con condenas, los que nunca trabajan, los que poseen bienes que nunca podrán justificar y por otro lado los delincuentes ocasionales, que n son mas que las personas que llevan una vida normal, de trabajo, familiar y que un día cometieron un delito, atropellaron a alguien con el auto, mató en un arrebato de odio, etc.

Uno y otro deben ser tratados de diferente manera en el Código Penal, los primeros los delincuentes, tienen que estar encerrados porque seguirán cometiendo delitos, ya que es su forma de vida, los segundos, los ocasionales merecen la oportunidad de continuar con su vida de trabajo y someterse al control judicial hasta tanto sean juzgados. Ese, simplemente, debe ser el parámetro de la excarcelación.

La reincidencia criminal, que no es más que una regla que se le impone a quien ha sido condenado con anterioridad, para que no se le puedan otorgar determinados beneficios una vez condenado debe respetarse, ya que es el parámetro cierto que tiene la justicia en cuanto a la tendencia de ese condenado a continuar con su vida delictiva.

Por último el Código Penal debe agravar las penas de los que cometen delitos cuyas consecuencias sean sociales y no meramente individuales. Así deben ser severamente sancionadas todas la conductas delictivas llevadas a cabo por funcionarios del Estado que cometen delitos en su función, cuyas secuelas implican que no haya insumos en los hospitales, que las escuelas se caigan a pedazos, que los jubilados reciban remuneraciones de hambre, etc. De igual manera todas la conductas delictivas relacionados con el narcotráfico y su socio ejecutor el lavado de dinero, que culminan con miles de personas condenadas a las adicciones y a una muerte tan segura como indigna.

Es necesario que el nuevo código se promulgue, pero que no tengan ingerencias en él intereses de la política partidaria, cuyos redactores responden a los intereses del gobierno de turno y cuyos retractores responden a quienes quieren ser el gobierno de turno, por lo tanto todos dejan las huellas de su tendencia exagerando posiciones.

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