Por qué Alemania empezó a ganar el Mundial hace diez años
Proyecto a largo plazo, continuidad, inversión en clubes para potenciar a jóvenes y un incuestionado liderazgo de su entrenador fueron algunos de los pilares del éxito.
“Lo que ha sucedido hoy es el resultado de un proyecto de diez años de trabajo, esfuerzo y progreso constante”, dijo Joachim Löw, el técnico alemán, tras levantar la Copa del Mundo en Brasil. Más allá de que si el árbitro cobraba el penal a Higuaín y si Palacio definía bien, el resultado tal vez hubiera sido otro, en las palabras del DT germano se encuentra buena parte del por qué se alzaron con el título. Proyecto a largo plazo, continuidad, inversión en clubes para potenciar a jóvenes y un incuestionado liderazgo de su entrenador fueron algunos de los pilares del éxito.
Todo arrancó en el 2000, cuando Alemania tenía que defender la Eurocopa ganada cuatro años atrás, pero fue eliminado prematuramente. La AFA alemana decidió dar un volantazo y hacer una transformación profunda. No se dejaría el típico despliegue físico y táctico en el juego, pero se le sumaría mayor técnica. El cambio empezó con los más chicos, por eso se invirtieron millones en campos de entrenamiento y se bajaron directivas para que cada escuela de fútbol adopte juego más audaz.
Tras un subcampeonato el 2002, Jüergen Klinsmann tomó el timonel y empezó la revolución. No pudo campeonar en 2006, pero el fútbol alemán ya era distinto. Löw era su ayudante, hasta entonces algo desconocido porque no había brillado como ex jugador (en equipos de segunda división) ni tampoco había tenido un descollante paso como entrenador. Sin embargo se ganó la fama de ser “el cerebro” detrás de Klinsmann y se quedó con el puesto de DT de la Selección tras ese Mundial.
Un manejo muy particular del grupo
Löw impuso algunas particularidades como la de viajar con un grupo de psicólogos, terapeutas y un profesor de yoga. Algunos vieron como un capricho que los alemanes tuvieran sus propios complejo en los últimos Mundiales, adaptados específicamente a sus necesidades, incluyendo gimnasios de última tecnología y excelentes campos de entrenamiento.
Los detractores ridiculizaron el interés de Löw en la contratación de psicólogos y nutriólogos, con el argumento de que los millonarios jóvenes son lo suficientemente mimados y necesitan un fuerte liderazgo. Aunque Löw no lo ve precisamente así. Él asegura que la clave principal para mejorar el rendimiento de un jugador es la motivación, motivar especialmente su trato como humano. Así, siempre habla con sus pupilos, a veces por mensajes de texto, casi siempre frente a frente.
Por ello sus jugadores suelen no sólo respetarlo, sino confiar en él. Roland Eitel, ex asesor de Klinsmann y uno de los amigos más antiguos de Löw, explica que “los jugadores lo respetan porque él los trata como adultos, no gobierna sobre ellos, fomenta el debate y realmente escucha a sus jugadores, tiene sus puntos de vista en cuenta para sus decisiones”.
Esta particular conducción la aplicó a los frutos del trabajo sobre los jóvenes que ya venía dando sus resultados. A la vieja guardia de los Lahm, Klose y Schweinsteiger le sumó en 2008 y 2010 los Ozil, Khedira, Neuer y dos jóvenes valores como Müller y Kroose, que venían de ser campeones juveniles en Europa. Fue finalista en la Eurocopa de 2008 y semifinalista en el Mundial 2010.
Mientras en Argentina se sucedían los técnicos (Pekerman, Basile, Maradona, Batista, Sabella), los alemanes ratificaron la confianza a Löw que mantuvo su continuidad en el proyecto, apostando por la nueva generación de jugadores ya más caracterizados por la técnica que por el físico, encabezados por Mario Goetze, autor del gol en la final.
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