Un anticipo de la represión atroz
Los fusilamientos de Trelew marcaron no solamente un punto de quiebre donde el Estado acentúa su política terrorista y pasa a eliminación física masiva de los opositores políticos; sino también el masivo compromiso político popular, que tuvo en los llamados «héroes de Trelew» un ejemplo a seguir. Los nombres de los militantes fusilados se transforman en bandera y consigna.
Según relata la elevación a juicio, la «Masacre de Trelew» ocurrió «en la madrugada del 22 de agosto de 1972, siendo aproximadamente entre las 2.30 y 3.30 cuando Sosa, en compañía del teniente Bravo (hoy prófugo), capitán Emilio Del Real y el capitán Herrera (fallecido) se presentaron en el lugar de detención de la base aeronaval almirante Zar».
«Encontrándose como guardia el cabo Marandino, se les ordenó a los detenidos que doblaran sus mantas y sacaran los colchones para que los dejaran en el extremo del pasillo por donde se ingresaba a dicho sector, luego de lo cual se los hizo formar en fila en el pasillo», describe.
Las víctimas «estaban orientadas hacia el ingreso del mismo algunos y otros hacia las celdas de enfrente y disponiendo que miraran hacia el suelo tras lo cual junto con los otros oficiales y suboficiales abrieron fuego contra los detenidos», indica el texto que Sastre dirigió a la cámara al cual tuvo acceso Télam.
Los fusilamientos fueron justificados en aquel momento con una versión oficial de «intento de fuga».
Como consecuencia de los disparos fallecieron Rubén Pedro Bonet, Jorge Alejandro Ulla, Humberto Segundo Suárez, José Ricardo Mena, Humberto Adrián Toschi, Miguel Angel Polti, Mario Emilio Delfino, Alberto Carlos Del Rey, Eduardo Campello, Clarisa Rosa Lea Place, Ana María Villarreal de Santucho, Carlos Heriberto Astudillo, Alfredo Elías Kohon, María Angélica Sabelli, Mariano Pujadas y Susana Lesgart.
La nota aclara que en los casos Antonia Berger, Alberto Miguel Camps y Ricardo René Haidar no murieron, ya que «fueron heridos gravemente y actualmente están desaparecidos en hechos posteriores al relatado».
Este espíritu estuvo presente en las crecientes movilizaciones de trabajadores, obreros, estudiantes e intelectuales, que políticamente son canalizadas por la juventud peronista y distintas expresiones de la izquierda revolucionaria y del sindicalismo clasista, expresado junto a otros en Agustín Tosco, quien había compartido con los jóvenes fusilados en Trelew la persecución y la cárcel.
Este ascenso de masas determina el agotamiento de la dictadura de Lanusse y el posterior llamado a elecciones el 11 de marzo de 1973 con el triunfo de Cámpora y el posterior regreso al país de Juan Domingo Perón.
Cuando el 25 de mayo de 1973, Lanusse y la Fuerzas Armadas abandonan el gobierno, carteles y banderas con los rostros de los muertos de Trelew acompañan a la multitud que marcha a las cárceles para arrancar de allí a sus presos políticos.
