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A 21 AÑOS DE SU MUERTE, OSCAR ROMERO SERA BEATO TRAS EL RECONOCIMIENTO PAPAL DE SU MARTIRIO

El arzobispo de San Salvador fue asesinado en 1980 por los escuadrones de la muerte mientras daba misa. La decisión supone el triunfo del ala menos conservadora de la Iglesia.


«Es providencial que el primer papa latinoamericano beatifique a monseñor Romero», fueron las primeras palabras del postulador de la causa de beatificación, el arzobispo Vicenzo Paglia.
El sector más conservador de la Iglesia consideraba que beatificar a Romero era como llevar a los altares a la Teología de la Liberación, corriente que nació en Latinoamérica, que se caracterizó por poner a los pobres en el centro de la escena y que miró con alguna simpatía a los procesos de cambios de cambios en la región y hasta a las organizaciones guerrilleras.
Según esta condición de mártir «in odium fidei» que Francisco le asignó a Romero, los teólogos no juzgan la posible intención política del asesinato del arzobispo, sino el intento de llegar al amor por la justicia y la predilección por los pobres que el obispo manifestaba en su idea de Iglesia, según algunos testimonios recogidos en los fascículos del proceso.

Romero fue asesinado el 24 de marzo por el disparo de un sicario, aparentemente ordenado por un escuadrón de la muerte de la extrema derecha, cuando oficiaba misa en la capilla de un hospital para enfermos de cáncer, en los días previos al estallido del conflicto armado que El Salvador atravesó de 1980 a 1992.
El paso adelante, largamente reclamado por la población salvadoreña, fue celebrado por el gobierno de Salvador Sánchez Cerén, por un lado, y por la misma Iglesia salvadoreña, por el otro.
El llamado arzobispo mártir nació en Ciudad Barrios, departamento de San Miguel, en agosto de 1917. Fue ordenado sacerdote en Roma el 4 de abril de 1942 y continuó en la capital italiana para hacer su tesis doctoral, pero debió volver a su país por la Segunda Guerra Mundial, que entraba en su etapa final.
Fue obispo desde junio de 1970 y en su paso por la diócesis de Santiago de María, en San Miguel, se topó con la tremenda realidad de los campesinos salvadoreños.
Nombrado arzobispo de la capital en 1977, en pleno crecimiento del conflicto interno, Romero creó una oficina de derechos humanos y empezó a denunciar en sus homilías los abuso de militares.
Tras la firma de los acuerdos de paz de 1992, la llamada Comisión de la verdad concluyó que el militar Roberto D’Aubuisson era uno de los autores intelectuales del crimen. D’Aubuisson es el fundador de la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), un partido derechista ahora opositor, después de haber sido gobierno 20 años.
El asesinato de Romero, igualmente, nunca fue investigado por instancias judiciales salvadoreñas y sigue en la impunidad, al igual que otros crímenes cometidos antes y durante el conflicto armado interno.
El cuerpo del obispo está sepultado en la cripta de la Catedral Metropolitana, en San Salvador, y el anterior presidente salvadoreño Mauricio Funes (2009-2014) bautizó con el nombre del arzobispo asesinado el aeropuerto internacional capitalino.

Fuente: Télam

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