Costa Termal, Talasoterapia e integración RPM (Río, Parque y Mar)
Uno de los puntos centrales de este tiempo en Necochea es definir qué vamos a hacer con el edificio, otrora emblemático, del casino. Por primera vez en casi 100 años la pasada temporada tuvo que cerrar la sala de juegos. Esto se debió a que hubo que clausurar partes del complejo por su estado de abandono, llegando incluso a lastimarse una turista por el derrumbe de una baranda.
Desde hace mucho tiempo los necochenses no sabemos qué destino darle al complejo. Marchas y contramarchas nos llevaron a la situación actual.
También podemos apreciar, especialmente en la villa Balnearia, el estado de abandono de algunos edificios que en su momento fueron pujantes hoteles. De igual manera vemos como otros se transforman en dependencias del poder judicial, geriátricos o directamente cierran. Esto forma parte de una crisis estructural que padece nuestra ciudad. Un verdadero proyecto de cambio tiene que atender a esta situación.
La realidad es que la modalidad del turismo cambió. Las largas temporadas estivales de casi 5 meses (como era hace 50 años) se han transformado en poco más de 30 días, en el mejor de los casos. La gente sale de turismo menos tiempo y más veces durante el año. Esto es un fenómeno mundial, por eso en todas partes del mundo y de nuestro país, constantemente se van creando nuevas alternativas de atracción. Nosotros estamos detenidos en el tiempo, no hemos innovado en los últimos 50 años.
Es por esto que entendemos que el complejo debe ampliar su prestación esgrimiendo una nueva función, donde mantendría el objetivo original sumado a un nuevo beneficio que aplique a las tendencias actuales en materia de turismo, dos cosas que deben necesariamente combinarse pensando en el criterio de desarrollo hotelero, gastronómico y comercial que permita a los necochenses no solo disfrutar de las características propias del esparcimiento, sino también generar un efecto positivo en materia de creación de empleo y aprovechamiento comercial aun en épocas no convencionales de estacionalidad veraniega.
También podemos apreciar, especialmente en la villa Balnearia, el estado de abandono de algunos edificios que en su momento fueron pujantes hoteles. De igual manera vemos como otros se transforman en dependencias del poder judicial, geriátricos o directamente cierran. Esto forma parte de una crisis estructural que padece nuestra ciudad. Un verdadero proyecto de cambio tiene que atender a esta situación.
La realidad es que la modalidad del turismo cambió. Las largas temporadas estivales de casi 5 meses (como era hace 50 años) se han transformado en poco más de 30 días, en el mejor de los casos. La gente sale de turismo menos tiempo y más veces durante el año. Esto es un fenómeno mundial, por eso en todas partes del mundo y de nuestro país, constantemente se van creando nuevas alternativas de atracción. Nosotros estamos detenidos en el tiempo, no hemos innovado en los últimos 50 años.
Es por esto que entendemos que el complejo debe ampliar su prestación esgrimiendo una nueva función, donde mantendría el objetivo original sumado a un nuevo beneficio que aplique a las tendencias actuales en materia de turismo, dos cosas que deben necesariamente combinarse pensando en el criterio de desarrollo hotelero, gastronómico y comercial que permita a los necochenses no solo disfrutar de las características propias del esparcimiento, sino también generar un efecto positivo en materia de creación de empleo y aprovechamiento comercial aun en épocas no convencionales de estacionalidad veraniega.
