«No cuenten conmigo, yo me bajo del caballo»
De autor anónimo, el siguiente texto ingresó a nuestra redacción en forma de comentario en el artículo publicado sobre los tres meses de la muerte de Melissa Nuñez en Quequén. Con tan sólo veinte años, Melissa falleció por intoxicación aguda a causa de un derrame de agroquímicos, causada por la negligencia de empresarios ligados al poder político, gremial y financiero.
Hoy la Justicia tiene en sus manos la posibilidad de poner en orden tal crimen ambiental: hasta el momento, el empresario Fernando Cañada camina impunemente por las calles de la ciudad y hasta volvió a ejercer su actividad empresarial en los lugares habituales, como si nada hubiera pasado.
El presente texto es una tremenda bofetada al sentido común y toca lo más profundo de nuestra idiosincracia. El mismo se reproduce a continuación:
No cuenten conmigo, yo me bajo del caballo
Ciudadanos del pueblo de Necochea:
Y ya después de muerto, con años de putrefacción sobre mi cadáver, tener que ocuparme de estos menesteres…
Indignado estoy y os digo. Yo, quien con tanto arrojo abrazo la causa justa de la independencia. Yo, quien con tanto sacrificio di todo por algo superior a mi, como es la libertad y la emancipación.
No está a la altura de mis honores, la ciudad que lleva mi nombre.
Ciudad de pusilánimes, que se deja arrastrar de las narices por una banda de forajidos sin más códigos que el de los delincuentes. Ciudad de mediocres, que nada puede hacer más que echar a perder lo heredado de sus ancestros. Ciudad de obsecuentes, de lamebotas, de cobardes, de serviles. Ciudad de egoístas y mezquinos. Ciudad de hipócritas. Ciudad de hombres pequeños, sin ideales, sin honor.
Nada de lo que tienen les es merecido. Ni el mar, ni el río, ni los bosques se merecen. Son indignos del horizonte que contemplan, indignos del cielo que los cobija, indignos de la tierra que pisan.
Renuncio al dudoso honor de nombrar vuestra ciudad. Renuncio al bronce con el que me homenajean en su plaza central. Buscad otro nombre, acorde con su condición. Identifíquense con otro gentilicio, nada quiero tener que ver con vosotros.
Desde las soledades de la muerte, os observo. ¿Cómo es posible un fracaso tan rotundo como el vuestro? ¿Cómo es posible echar por tierra el futuro glorioso que soñaron sus fundadores? Desde mi oscura y lejana tumba os pregunto ¿Habrá entre vosotros, hombre y mujeres de bien, dispuestas a sacrificarse por un fin más elevado que su propio interés? ¿Habrá entre vosotros, gentes honradas con sangre en las venas e ideales en los corazones? ¿Habrá entre vosotros, hombres y mujeres libres, capaces de salvar a mi ciudad de la irremediable decadencia a la que se dirige?
¿Habrá entre vosotros, ciudadanos a la altura de los acontecimientos?
A pesar del pesimismo que me embarga, algo de esperanza queda en las cenizas de lo que fueron mis huesos. Algunos habrá entre vosotros, algunos estarán dispuestos, algunos podrán. Quiero creer, aunque no se merezcan ni se hayan ganado la responsabilidad que descargo en sus hombros.
General Mariano Pascual Necochea.
Miraflores, Perú. En al año dos mil quince de nuestro Señor.
