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OPINION: «LAS COSTILLAS DE SCIOLI, MACRI Y MASSA» por OSCAR CUERVO


«No existe corrimiento hacia el centro, se gobierna siempre desde un extremo»

Las PASO resultaron radiografías que nos permiten contar las costillas de los candidatos presidenciales. Así, Scioli tiene 38 costillas, Macri tiene 24 y Massa 12.
No es conveniente olvidarse de este conteo para pensar el sentido de esta sucesión que la derecha se entusiasma en denominar, desde hace 8 años, «fin de ciclo». El asunto es un poco distinto a eso. Un ciclo político no se termina por el mero paso del tiempo ni por una sucesión de períodos fijados por la Constitución. Un ciclo político se termina cuando da lugar a otro.
El 10 de diciembre habrá otro presidente en la Rosada, pero nada indica que ahí comience un ciclo nuevo, que llevaría el nombre del futuro habitante de la casa de gobierno.
El corrimiento hacia el centro, un lugar común con el que fatigan los analistas políticos grandes, medianos y pequeños en estos días, es una figura para hacernos creer que los conflictos de la sociedad se organizan en posiciones espaciales. Según este relato un poco zonzo, el kirchnerismo estuvo durante 12 años ocupando un extremo y ahora la sociedad quiere correrse hacia el centro. Pero el centro no significa absolutamente nada. El año que viene estarán las empresas a las que les interesa el país, estarán los fondos buitres como fuerza de choque del poder financiero trasnacional, estarán los agroexportadores hartos de estatismo que quieren el dolar recontra alto y cero retenciones. También estarán los trabajadores y sus paritarias, las dirigencias sindicales ávidas de revalidar su representación ante un escenario nuevo, ansiosos por decodificar el lenguaje del nuevo jefe de gobierno que les permita atornillarse en sus puestos de burócratas vitalicios, estarán los sectores postergados que no fueron beneficiarios de los veranitos del consumo, estarán los economistas que receten terminar con el déficit fiscal, las clases medias que no quieren compartir el espacio público con los negros pobres, y las clases dominantes que pateen el tablero del garantismo y le pidan a las fuerzas de seguridad que salgan a matar en defensa de la propiedad privada.
Nada de eso es el centro de nada.
Ahí solo hay quilombos pendientes, los mismos quilombos de hoy. Hay que ver si quien encabece el estado argentino está dispuesto a volver a la normalidad prekirchnerista, es decir, a ponerse a las órdenes del poder económico y financiero trasnacional aliado a la oligarquía nativa. Ninguno de ellos es el centro, no están en el centro ni quieren el centro: quieren el goce propio y la sumisión ajena. Entonces el centro es un atributo de mercadeo electoral para sectores medios que se creen «la gente». Pero después se gobierna siempre en un extremo. Eso no tiene nada que ver con el tono de voz del presidente ni con las conferencias de prensa. El tardo-capitalismo nunca es céntrico, es desmesurado por naturaleza.
No hay lugar en el medio donde poder encontrarse todos. El centro es siempre el punto geométrico desde donde tironean fuerzas contrarias. Ningún fin de ciclo va a terminar con eso. Ninguna metáfora espacial puede borrar esas pujas.
Scioli no podrá ser centro, ni podrá ir al centro. Va a tener que mediar entre una fuerza y la otra de esta puja y hay que ver para qué lado se inclina nomás. La diferencia con Macri o Massa es que va a llegar con un mandato que no le pide ningún centro sino que siga en el rumbo en el que el país viene en los años descentrados del kirchnerismo. Será muy diferente si gana Macri, porque él llegaría con el impulso contrario. Sus votos le piden desandar el camino de populismo y volver a la naturalidad de dominadores y dominados. Macri no será ningún centro. La mentira de que son lo mismo está refutada por la diferencia de los sectores sociales que los votan.

FUENTE: tallerlaotra.blogspot.com.ar

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