Cuando la ficción entra a jugar en la campaña electoral
Las denuncias sobre prácticas de «campaña sucia» suelen aparecer en época electoral y cada vez más, las prácticas proselitistas difamatorias se expanden por las redes sociales.
El desencadenante de las acusaciones y desmentidas fue el candidato presidencial del FpV Daniel Scioli. El kirchnerismo salió a acusar al frente Cambiemos de promover la creación de»50 mil cuentas falsas o inactivas» y advirtió que radicaría una denuncia por «difamación» contra Mauricio Macri.
Desde el equipo de campaña de Scioli denunciaron que se publicaron fotomontajes y videos de inundaciones pasadas o en otros países que no tenían relación con la situación local. «No está mal que critiquen a Scioli. El problema es que son cuentas sucias y lo que se difunde son contenidos falsos», exclamaron desde el sciolismo.
Por su parte, el candidato del FpV en la provincia, Aníbal Fernández, acusó al PRO de utilizar un «ejército de trolls», en alusión a los perfiles falsos que funcionan en Twitter, para perjudicar las postulaciones del kirchnerismo.
Los «trolls» son perfiles falsos o que estaban inactivos, es decir, que no pertenecen a personas «reales» y son empleados por los partidos para emitir mensajes proselitistas. Todas las fuerzas con cierta capacidad económica o la suficiente cantidad de militantes tienen un equipo de mayor o menor magnitud, dedicado a difundir y/o difamar en redes sociales a través de la creación de perfiles falsos.
«Las consultoras crean distintos usuarios y les dan una suerte de vida paralela. Pueden crear miles de cuentas y manejarlas con herramientas de conexión masiva como TweetDeck, Hoootsuit, o TweeterFeed. Por ejemplo, se pueden programar «posteos» por día, por semana, por mes o cada determinada cantidad de horas», indicó Federico Landera, de la Consultora Parodoxia.
Los costos de este tipo de servicio varían. Las consultoras cobran aproximadamente 50 mil pesos mensuales por manejar entre 15 y 20 cuentas.
Cómo detectarlos
Hay una distinción clave entre la denominada «campaña sucia» y la «negativa», que radica en la veracidad del mensaje con el que se ataca al adversario.
Desde el punto de vista legal, los abogados revelaron que para ubicar al «troll» debe promoverse una investigación penal y determinar la dirección de IP que generó el perfil falso en Facebook o Twitter.
Existen formas para determinar sin intervención de la Justicia qué tuits son emitidos para difamar por identidades falsas. Uno de los modos para captar «trolls» es la realización de una ecuación que compara variables como la fecha de creación de la cuenta y la cantidad de tuits publicados, de «seguidores» y la de «seguidos»: «Si un usuario que fue creado en 2012 nunca tuiteó, pero aparecen en su «timeline» diez tuits hablando sobre un candidato en plenas elecciones en 2015, todo indicaría que es un usuario trucho».
