
Cirigliano se refugió en su casa de Necochea y lo escracharon
El viernes, en simultáneo con el acto de Plaza de Mayo, dos turistas se tomaron la imagen frente a la casa del empresario y la subieron a Facebook. Sus familiares dicen que está deprimido sobre todo tras la elevación a juicio oral de la causa. No volvió a Barrio Parque.
Por Hernan Delgado
23/02/13 – 11:21
Desde antes de las fiestas, su mansión del barrio cerrado Los Médanos, en Necochea, se convirtió en su refugio.
No volvió a su casa porteña de Barrio Parque y teme enfrentarse a eso que sus amigos funcionarios le contaron entre risas: el escrache. Trata de salir de la mansión lo menos posible. Y cuando lo hace, se camufla en una vieja camioneta o en su helicóptero, para evitar las miradas que piden explicaciones.
Dicen que Claudio Cirigliano, amigo de poderosos y dueño de un holding familiar ligado al transporte, pasó el verano devastado, sobre todo después de que esta semana se conociera la elevación a juicio oral de la causa que lo investiga por la tragedia de Once junto a a funcionarios K.
Mientras miles de familiares se manifestaban el viernes en Plaza de Mayo para recordar las víctimas de la masacre, Julio Macera estaba de vacaciones en Necochea. Vio la casa de Claudio Cirigliano –la reconoció por una nota de PERFIL– y con su mujer decidieron replicar la protesta frente a su mansión.
Cirigliano es la cara más conocida de una corporación que funciona desde los 90 y recibió miles de millones de aportes de subsidios transferidos, sobre todo durante la gestión kirchnerista.
Logró montar un imperio del que no puede escapar. Quedó encerrado en su soledad y desde hace un año casi no se lo vio en público, incluso abandonó su histórica casa de Barrio Parque. Alli vivió mientras edificó un negocio millonario con Cometrans S.A., empresa de transporte que opera en España, los Estados Unidos y Latinoamérica, esencialmente.
Llegó a los negocios a principios de los 90, cuando descubrió temprano que la cercanía al poder menemista le serviría para sumarse a la inmensa ola privatizadora. Desde hace meses, casi no pisa ninguna de las propiedades que tiene su familia en Miami y tampoco desamarra su yate.
Deprimido, tuvo que refugiarse en su mansión de Necochea, donde casi no va a la playa por miedo a ser visto.
Algunos vecinos aseguran que sigue con su vida fastuosa: sólo se mueve en camioneta y para las distancias más largas usa un helicóptero Robinson R44 bordó, el mismo que lo transporta hasta un Club de Golf cercano, donde aprovecha la paz del green para olvidar el año más difícil que pasó su familia.
De ese helicóptero han bajado algunos funcionarios del Gobierno nacional en repetidas oportunidades, que algunos vecinos lograron reconocer. Llegan en su avión privado hasta el aeropuerto, se subían a su helicóptero y bajaban en su casa.
Cirigliano tocó fondo cuando en junio la Justicia pidió su detención, por una sospecha de que podía obstruir la investigación. Para su familia también fue un golpe muy duro: sus primos y parientes llamaban a los amigos más cercanos para explicar que él era inocente y que el tiempo ya les iba a dar la razón. Hoy no puede salir del país sin permiso judicial.
Alejado de la Ciudad, Cirigliano se refugiaba en su enorme mansión marítima con más de veinte cámaras de seguridad diseminadas en los ambientes, en el quincho y en el parque, además tiene custodia privada. Los que la han visitado por dentro se sorprendieron por el lujo: «tiene alfombra hasta en el techo», describe un vecino que alguna vez tuvo el privilegio de entrar.
Macera, dirigente de la CTA Capital y el turista que tomó la foto de la primera protesta frente a su casa de Necochea con la insignia: «102 ojos te miran», asegura que recibió muchos pedidos a través de Facebook para organizar una convocatoria más grande cuando comience el juicio oral. Propondrán la consigna «Necochea no es tu refugio».
Otros vecinos de su casa recuerdan que Claudio usaban hasta hace poco un enorme yate de 20 metros de eslora (largo) para navegar, que sólo abandonaba para subirse a un gomón, donde salía de pesca. Cada fin de año su casa se volvía el faro de las fiestas: invertía miles de pesos en pirotecnia sólo para él y su familia: «arroja más que el municipio», describen los medios locales. Este año, por primera vez, no hubo ni una luz en el cielo de su casa.