MEDIOS & REDES

Tomás Rebord con María Laura Santillán: “En la interna entre Conan y Macri soy conanista”

Tomás quería ser político cuando era adolescente, le gusta la política desde siempre. ¿Podemos definir a Tomás Rebord? Aunque haga entrevistas, hable de actualidad y opine sobre política no se reconoce periodista ¿Es comunicador y creador de contenido? ¿Es youtuber? ¿Es actor? Es abogado, pero no ejerce. El método Rebord, MAGA, Paren la mano, sus streamings, sus transmisiones en vivo, juntan 30 mil, 50 mil personas. Creo que si decimos que es un militante político peronista, lo definimos.

– Sí, militante es una definición que está bien.T ambién es cierto que tengo una definición laxa de la militancia, milité orgánicamente y con más intensidad durante un período de mi vida, cuando estaba estudiando la carrera universitaria. Siento que me engloba la categoría militante porque son las personas a las que les interesa lo que pasa en la realidad, que se juegan, que se posicionan. Yo soy peronista, eso lo sabe absolutamente todo el mundo. Soy peronista, soy de Boca. No sé si una prima por sobre la otra, porque son transversales. La política es transversal, el peronismo es transversal. Ser de Boca también es transversal.

– Haber nacido en el 93 y haber atravesado en la infancia el gobierno de Néstor Kirchner?

– Sí, claro que sí. Soy generación 90 en términos de infancia, no soy primer kirchnerismo. El kirchnerismo tuvo una camada. Reconstrucción del Estado, bajar los cuadros. No, yo era muy chico, todavía hablaba un poquito en latino neutro por los dibujitos que veía en la tele. Yo no vengo ni de un entorno politizado ni militante. Mis viejos nacieron pobres, tienen una educación ideológica en términos de clase media aspiracional al estilo “nosotros la hicimos”. “A nosotros nadie nos regaló nada”. Entonces a mí la política me crece primero como una curiosidad, después como una vocación. Soy políticamente una generación del Bicentenario, recuerdo con más fuerza los festejos del Bicentenario que el primer kirchnerismo y esa distancia generacional es la que me ha hecho, me parece, comprender o poder dialogar un poco más con los fenómenos más de hoy. ¿Viste lo que pasó con Milei? Los pibes que hoy son libertarios, las camadas generacionales, los van curtiendo sus distintas experiencias. Al kirchnerismo fundador lo entiendo. Si vos mandás al ALCA al carajo, lo tenés al Diego, a Chávez, a Lula, todos dándose la mano… te entusiasma.

– ¿No lo ves cerrado a ese kirchnerismo?

– Creo que ese kirchnerismo tuvo la encerrona de la batalla cultural. Es un término interesante porque ahora lo están usando los libertarios y a mí me parece que es un error. La batalla cultural es un término gramsciano, es la idea de la disputa del suprasentido, más allá de los condicionamientos de la base estructural. Esta disputa es por el sentido común. Yo viví el primer llamamiento de una batalla cultural que se parece mucho menos a convencer a la gente de lo que uno cree. La batalla cultural se parecía más a ir a tu casa y tratar de contarle a tus viejos que estaban equivocados. Es una pelotudez. Al argentino cuando se le propone una batalla cultural te responde: no me rompas las pelotas. Veo ahora a la camada del Libertarianismo haciendo lo mismo y todavía no son gobierno. A veces me preguntan cómo veo el gobierno de Milei. No asumió, no existe, no voy a cometer la canallada de juzgarlo antes de que haga algo.

– Dijiste que vas a ser Oposibord y contás los días del gobierno del Milei.

– Sí, tengo mutaciones. Siempre tuve mutaciones. Yo muté varias veces.

– ¿Vas a ir tachando los días? Oposibord es enemigo de quienes?

– No, no hay contador. Opositor no es enemigo de nadie. Opositor es un vehículo de la verdad. Es un mero argentino parado de pie mirando a su presidente electo, Javier Milei. Pidiéndole que se atenga a su mandato popular, que a mi juicio es escuchar la voz de Conan, la voz de las personas que lo pusieron en ese lugar. Y no dejarse seducir por algunos cantos de sirena que yo veo con cierta preocupación.

– ¿Por ejemplo?

– Yo realmente veo con preocupación que se haya votado con total legitimidad un cambio. El otro día leí que venimos de 12 años de decrecimiento económico, de una economía en caída, de frustración política. Entonces, ¿Cómo no va a haber una esperanza frente a algo completamente diferente? Cuando veo la danza de algunos nombres… El viaje con Caputo es real. El asesoramiento a ciertos sectores de Juntos por el Cambio es real. Más allá de las ironías, hay algo ahí que no tiene que ver con un cambio de raíz y con una nueva etapa en la política argentina.

– Te referís a la incorporación de Toto Caputo al gabinete

– Sí. Me parece que la interna va a ser: o la línea de Conan o la de Macri. Yo al interior de esa disputa soy conanista.

– ¿Cuál es la línea de Conan?

– La pureza ideológica. La línea de Conan es escuchar a tu mandato popular, a la voz de tu perro que te está pidiendo que no dejes las convicciones en la puerta de la perrera.

– ¿Cuáles son las convicciones en ese caso?

– Yo creo que lo mejor del núcleo de ideas de Javier Milei tiene que ver con barrer con cierta aristocracia gubernamental que se acomodó a algunas reglas de juego. Y eso lo digo prescindiendo de ideología. Lo digo con cualquier gobierno de turno. Es muy difícil que un mandato popular no devenga en aristocracia acomodada.

– El peronismo también tiene casta.

– Por supuesto, y me parece que eso es lo mejor del núcleo de Javier Milei, esta cosa de hay gente que está muy cómoda. Me parece que es un mensaje que ha interpelado incluso a las bases del peronismo. A eso me refiero con decir: che, se viene algo diferente. ¿Tenemos otro tipo de ejercicio de la representación popular o no?

– ¿Vos creés que el peronismo va a asumir que esto es una lección para el movimiento?

– No le queda otra. Si ganaba Massa, la bala hubiera rozado muy cerca. Y quizás existía cierta sobrevida. Era un poquito de alarma, pero no pasó. A mí me parece que semejante chancletazo en la nuca, si no te obliga a reevaluar tu esquema de representatividad, realmente estás en un cumpleaños.

– ¿Quién manda ahora? ¿Hay jefe en el peronismo?

– No. Creo que en este momento, y lo digo con la mayor de las esperanzas, hay figuras, hay liderazgos, hay personas que han tributado a la historia grande del movimiento en enorme medida. Pero por sus propias decisiones, hoy no se ejerce un liderazgo claro y unificado del peronismo. Eso para mí está por verse. Esa jefatura se va a dirimir en los próximos años.

– ¿Te quedó bronca después de este último gobierno peronista?

– Me quedó frustración. Para mí los problemas del gobierno, del Frente de Todos, ni siquiera arrancaron con la pandemia. Los problemas para mí están en el núcleo del ejercicio mismo del poder. Antes de la pandemia ya había los primeros olfateos: “esto no se ejecuta”, “esto no va a ningún lado”, “esta decisión quién la toma?” Esa suerte de escalera hacia ningún lugar. Y para mí el peronismo puede pecar de un montón de cosas, puede pecar de desubicado, de grosero, de prepotente. Lo único de lo que no puede pecar es de impotente. Cuando el peronismo es impotente, cuando el peronismo tiene disfunción eréctil, hay algo en su genoma que no lo procesa.

– ¿Qué es lo que no hacía el peronismo?

– Ejercer el poder. “Anatomía de un instante” de Cercas, tiene un apartado hermoso sobre la política en que habla de la ética de la traición. Habla de ese instante donde se jugaba el destino de España. Muchas veces el ejercicio mismo de la política para representar implica traicionar, traicionar con muchas comillas.Traicionar es hacer poder propio y me parece que lo que le pasó a Alberto fue que no decidió ningún camino en particular. “Yo no voy a cagarla del todo a Cristina, ni voy a hacer lo que esperan otros sectores, ni voy a hacer lo que… Ese empate.

– ¿No hizo nada?

– Eso hizo. No quiero darle de comer a la gente con que no hizo nada en el ejercicio del poder. Para mí tuvo un problema muy grave e inédito en el peronismo, que es que no elige un curso claro. Y cuando elegís todos los cursos, tenés los costos de cada curso. El kirchnerismo lo consideró traidor igual porque en última instancia no se alineó a fondo. La gente de enfrente esperaba ver a Cristina presa, dijo al final: este hijo de puta es un títere. O sea, el costo te lo comiste de todos los sectores, una suerte de esperanza albertista de un peronismo que no fue, que se desembaraza. El kirchnerismo tampoco terminó de pasar porque Alberto también decía: no, yo no los voy a hundir y a cagar. Su propia persistencia la erigió sobre sí mismo. Él dijo: voy a ser fiel a mi propia baldosa, a mi propia conciencia. No voy a juzgarlo en términos morales. Quizás moralmente fue una alquimia súper delicada y valiosa e interesante, pero en términos de la historia es difícil.

– En términos de la historia ¿es una oportunidad perdida?

– Yo siento que se desaprovechó una oportunidad. Después de un gobierno de Cambiemos, un gobierno que para mí va a seguir haciendo estragos en su daño proyectado por la deuda tomada, pudiste tener una oportunidad de hacer otra cosa y lo que hiciste fue que la gente te junte bronca, legítima bronca.

– ¿Vos no tenés bronca?

– No, yo no tengo bronca, bronca es otra cosa. Sí me parece una lástima.

– Dijiste que los peronistas se quedaron cuidando el kiosquito. ¿Alberto no se quedó cuidando su kiosquito?

– No, para mí Alberto ni siquiera cuidó el kiosquito. Yo soy alguien que prefiere ganar a tener razón, estoy siempre dispuesto a estar equivocado. Me he equivocado con un montón de figuras en la historia argentina, en la historia reciente. He sido sorprendido en la mejor de las maneras. A mí me parece que cuando alguien se enamora primero de tener razón, y dice: “tengo este diagnóstico de la realidad y si la realidad no me acompaña voy a hacer todo el esfuerzo para adecuar la realidad a mi idea, porque mi idea es la correcta y es la que sostiene que yo venda libritos, que le hable a mi comunidad, que la gente me banque”, es una actitud particularmente dogmática. Y si lo querés metodológicamente poco peronista, porque estás enamorado de tu círculo, no de tu de tu propia verdad que te reflejan los espejos de los cuales te rodeaste.

– Y los kioscos grandes, los lugares que la política se quedó cuidando y no mirando el todo.

– Yo creo que lo que vos llamas kioscos grandes es efectivamente la casta. Usemos esos términos, ahora que somos libres. ¿La casta, no? El kiosco grande para mí es cuando te acostumbraste a un esquema de privilegios, cuando dijiste: estas reglas de juego me gustan, no quiero soltar esto. La gente que hizo de la política no una vocación, sino una profesión y va a ir saltando donde tenga que saltar para acomodarse y seguir.

– ¿No deja acaso de representar el dirigente en ese momento?

– Sí, yo creo que sí. Si me dabas a elegir no elegía que pase esto. Pero estoy convencido de que las cosas que suceden se pueden aprovechar. Que no es lo mismo que decir “si sucede, conviene”, no estoy teniendo una deriva hippie. No sé si sucede, conviene. A veces lo que sucede es una garcha para todos.

– ¿Y cómo se puede aprovechar?

– Lo que decías vos antes, si vamos a hacer tábula rasa y efectivamente hay que barrer con todos estos sectores de privilegio acomodados, hagámoslo en serio. Hagamos un esquema de mérito real. ¿A ver quién representa? No va a ser lindo. No va a ser agradable. Probablemente sea incómodo. Probablemente sea ríspido. Probablemente sea áspero, pero es algo más importante. Es necesario. Ahora ya está. Es el llano, estamos todos iguales.

– ¿Cómo se hace? ¿Cómo ponés el medidor de casta?

– Las cosas que se hacen se hacen por prepotencia de trabajo en términos de representar. Para mí el que representa, representa y punto. Cuando vos tenés que estar dando una serie de explicaciones para decir por qué sos una cosa y no otra, es raro. Sobre lo que decís vos del medidor de casta, esa no es mi pelea, el metro lo tienen otros en la mano.

– Eso es complicado, es complejo.

– Complicado, es recontra complicado. A mí me parece que si los criterios de casta son personas que por pedigrí no hayan tenido nunca que laburar con un jefe que le sople la nuca y que hayan tenido una vida de comodidad no por mérito, sino por sangre, familia o esquema de conocidos, hayan detentado lugares de poder y estén acostumbrados a eso y que nunca vayan a caer de otra manera que no sea parados, para mí eso se parece bastante a casta.

– ¿En qué lugar ubicás entonces a los políticos que dejaron de escuchar a la gente? ¿Dejaron de representar, dejó de importarles que todos vivieran mejor?

– Yo le tengo mucho respeto a la política, le tengo admiración a la política. Para mí la política es una cosa muy seria, muy jodida, que requiere toda la libido y todo el interés de uno. Hay un montón de otros laburos, hay un montón de otras maneras de hacer plata. La política no es un lugar donde se hace plata. Yo crecí con una política en donde la gente no se enriqueció por agarrar un lugar. Era más parecido a lo contrario, a agarrar una responsabilidad grande, en términos estatales implicaba el abandono de un montón de posibilidades de índole privada, hacer política en la política que yo creo. Entonces, si hay gente que hizo una carrera de la estatalidad y bueno. Tiene sentido perder por 11 puntos.

– ¿Llamas “la estatalidad” a trabajar en el Estado?

– No, eso es otra cosa interesante. Quizás la definición estricta estatalidad es ser parte del Estado y listo. Yo lo usé en términos peyorativos, de alguien que no tenga ninguna otra manera de justificar su ingreso que no sea por un cargo público.

– Estatalidad como palabra simbólica.

– Simbólica. Para mí el Estado no es mala palabra. Siento que abrimos una compuerta que está recontra en boga, esta cosa de que son todos planeros. Yo no sé qué va a hacer Milei ejerciendo su gobierno, a partir de ahí la historia lo empieza a juzgar. Para mí el Estado es la representatividad de todos los argentinos, y yo soy capitalista. Yo creo en hacer plata, me gusta el sistema capitalista, lo considero históricamente progresista. Le ganamos al feudalismo, estoy de acuerdo con todo eso y me parece que el Estado es necesario en los sectores donde el bien público tenga que ser protegido por encima de una vocación de ganar plata. Se viene la discusión de YPF, la cuestión de Aerolíneas, la discusión de los medios públicos. ¿Existe otro criterio que tenga que ordenarnos por fuera del de hacer plata? Creo que hay intereses del orden nacional que nos competen colectivamente, que requieren criterios por encima del rédito económico, del lucro. En el derecho se ve muy claro: hay asociaciones con fines de lucro y eso está perfecto. Yo tengo una SRL, tengo una empresa, quiero que gane la mayor cantidad de plata posible. Cuando uso el criterio de mi SRL, quiero plata, quiero negociar lo más que pueda. Si represento a todos los argentinos y tengo que definir líneas comerciales de vuelos, por ejemplo, creo que los argentinos tienen que poder viajar a lugares del interior que no tienen un criterio de rentabilidad. Es una linda discusión.

– Muchos votantes que votaban al kirchnerismo han votado a Milei. ¿Se perdió para siempre el capital político?

– Para siempre ni en pedo. Está Toto Caputo ahora en Washington. Nada nunca se pierde en Argentina. En Argentina ni los muertos están muertos. Cuando vos la quedaste y tocaste el piso y moriste y nunca vas a volver, en cuatro años sos presidenciable, no pasa nada.

– ¿Nada tiene fin, decís?

– No, nada nunca termina, todo se transforma. Sí creo que se dilapidó el capital político. Se lo liquidó, se lo destruyó. Los votantes de Javier Milei, en una enorme mayoría, son personas que votaron Alberto en 2019.Y otras personas que quizás no habían votado antes podrían haberse visto perfectamente representadas por una representación peronista.

– Milei habló de venta de órganos, de derogar la ley del aborto y de derogar leyes que protegen derechos. ¿Los votantes son personas que no quieren saber? ¿Son personas que saben pero creen que lo que dijo no lo va a hacer?

– Creo que saben, la gente no es pelotuda, la gente entiende cuando escucha políticos o candidatos, toma en consideración todo.

– ¿Votaron eso, entonces? ¿La posibilidad por ejemplo de perder derechos?

– No, no votaron eso, para mí son sectores ultra ideologizados. Yo creo que es mucho menor el porcentaje de argentino que se define por “estoy harto de hablar con la E”, por ejemplo. Probablemente exista, pero yo no creo que sea el gran elector nacional. El gran elector nacional define por la frustración económica, porque quiere ver un futuro mejor en la Argentina, a pesar de que el candidato que expresa esas ideas puede haber dicho que se acaba el aborto, que lo que recarajo sea. No pone foco ahí. No, no está prestando atención a eso. Existe, por supuesto, en la discusión, pero para mí está inflada.

– ¿Gente que quiere vivir mejor?

– Sí, exacto, 100%. Esta es la cuestión. Quiere vivir mejor. Y votó esperanzada.

– Cuánta gente en la política se olvidó que queremos vivir mejor, Tomás.

– Siento que estoy siendo excesivamente corrosivo. Yo jamás hablé con alguien de la política de ningún palo, y hablo con todos los palos, que me haya dicho: “yo soy malo”.

– Nadie lo va a decir…

– Tampoco lo vi en sus ojos, si querés. Jamás hablé con alguien a la que pareciera que la gente no le importa. Esto es una conjetura, no sé qué es lo que pasa. Creo que te vas acomodando, te vas olvidando. Lo que te pareció extraordinario se volvió normal, lo que te pareció un privilegio se transformó en costumbre. Y de repente un día te perdiste vos mismo. La política en su llamamiento originario es una cosa muy, muy linda. Qué cosa más linda hay que la convocatoria a que las cosas mejoren, a poner esfuerzo y energía de uno en brindarle a otros, es el llamado altruista por excelencia. En algún momento de todo eso pareciera que se pierde la gente.

– Decís que no sos periodista, que no te gusta esa descripción, que no te describe esa palabra. ¿Cómo te definimos? ¿Comunicador? Abogado, pero no estás ejerciendo.

– Profeta.

– Militante político. ¿Querés ser presidente?

– No. ¿Por qué está pasando tanto eso? No, lo tengo en mis planes. La gente inventó la palabra comunicador.

– El comunicador tiene menos pretensiones que el profeta.

– Los comunicadores tienen las mismas pretensiones que los profetas, pero son más cagones. Creo que la última vez que se ejerció mi oficio con precisión fue en la Edad Media, los trovadores, algo así.

– Ahí está tu punto de unión con Milei. Estas regresiones históricas.

– Puede ser. Pasa que se dejaron la facultad de Juglaría cerró. Los trovadores dejaron de tener título. Entonces no te puedo explicar qué soy concretamente.

– Es un mérito no necesitar entrar en ninguna caja.

– Es un truco también. Es una gambetita, es un truco, Es para divertirse también un poco. A mí me parece igual que como decís, hay un mérito. Yo estoy muy feliz y muy agradecido de haber logrado rentabilizar decir cosas.

– Sos empresario también.

– Claro. Soy empresario. Estudié abogacía, pero soy empresario, tengo una SRL, soy gerente.

– ¿Qué vendés?

– Verdad.

– ¿Cómo facturás la “verdad”?

– Es una venta de servicios. Sumo a un PBI intangible. El PBI metafísico de la Argentina.

– ¿Cómo vienen los próximos cuatro años, señor empresario?

– Los veo muy auspiciosos a título personal. Y con cierta preocupación a título colectivo. Mi público me permite muchas cosas. Tengo un rango de amplitud en permisión. Pero la única cosa que jamás me permitirían es que yo mienta. O sea, mi contrato de audiencia es siempre decir exactamente lo que pienso.

– Da la impresión que Milei no miente. ¿Es una impresión mía o es simplemente un estilo?

– Yo estoy seguro que no miente. Seguro que no miente. Yo lo conocí a Milei. Él no se debe ni acordar. Lo conocí antes de que Milei fuera un fenómeno político. Ya era un fenómeno en términos más de entretenimiento. Lo conocí en Aeropuertos Argentina 2000, en una reunión, nos explicó parte del fenómeno de inflación por emisión monetaria, decía exactamente las mismas cosas, las mismas. No es alguien que haya adaptado su núcleo de ideas. Creo que es una persona extremadamente convencida de que la escuela a la que adscribe tiene las respuestas que necesita.

– Tienen mucho en común entonces vos y Milei.

– Tenemos algunas cosas en común. Yo todavía no he adquirido su grado de compromiso para con su propia percepción de la realidad.

– Tenés a la sinceridad como bandera. ¿Siempre sos sincero?

– Siempre. Ahí tenés parte de lo que para mí explica el fenómeno de representatividad de Milei. Fijate que lo que hoy está pasando con los medios y cómo se consumen, tiene que ver con eso. Hay un nuevo consumo que quiere opinión, incluso por encima del diagnóstico. La gente demanda opinión en la política también. Para mí esto se vio mucho en el segundo debate. Bajo cualquier parámetro el debate lo gana Sergio Massa, lo gana no en términos de todos los instrumentos que tenemos para medir un debate político del presente.

– Lo gana en términos profesionales.

–En términos profesionales. Y sin embargo hay otra cosa subterránea. En términos de entretenimiento, Milei ofreció algo más genuino que Massa en el debate. La audiencia lo vio más perdido, más verde, tratando de salir de las trampas retóricas que le ponía el otro.

– La gente empatizó con él. ¿Vos decís que eso es sinceridad?

– Creo que hay algo de lo genuino en eso. Ser transparente para mí tiene un valor. Que a vos te hagan una pregunta, el otro te esté mirando los ojos y diga: este tipo está diciendo lo que piensa. Para mí es un garca, para mí se equivoca y todo ese universo de posibilidades, pero no me está cagando, no me está mintiendo.

– ¿No es que te estás tratando de negociar una conversación con Milei diciendo todo esto?

– (risas) No, en absoluto. No estoy acá queriendo negociar nada.

– Tomás, vos les hablás a todos. Le hablás a tu público peronista y también a los libertarios. Está todo muy segmentado por sesgo, muchos comunicadores le hablan a cierto público y se enemistan con el otro. Hay enfrentamiento permanente. Tengo la sensación de que la grieta está creciendo.

– Es probable que la grieta crezca. Yo lo creí siempre. Ahí es donde creo que el corte etario de los 90 nos aportó algo como generación. Unos añitos antes, la grieta era el único campo simbólico en el que uno se podía mover en los medios, no había nada por fuera de eso. Y los que crecimos en los 90, a los que nos formó políticamente Intratables, ahora tenemos presidente Intratables. O sea, eso que veíamos como entretenimiento llegó a la plana mayor de la representatividad. Soy Generación Intratables. Yo veía ahí a Santiago del Moro, formaba mis opiniones, la gente gritaba. Intratables lo veía gente de cualquier palo, lo veían gorilas, lo veían peronistas, lo veía gente para enojarse, para esto, para lo otro. Para mí la grieta no es sinónimo de que no se pueda hacer contenido de calidad, que no convoque a todos los públicos. Pero tenés que estar dispuesto a no hablar desde un pedestal moral. Lo que le pasa muchas veces a los etólogos es que están tan convencidos de tener razón, están tan convencidos de que su propuesta es la verdadera. Yo jodo con lo de la verdad. Pero verdaderamente estoy dispuesto a estar equivocado y he cambiado de opinión al aire. He cambiado de opinión en vivo y creo que tengo un producto permeable a los estímulos, a lo que la gente me ofrece y me dice. Estoy en permanente diálogo. El día que yo me cierre y diga: la verdad es por acá, están equivocados… ahí agarrás, levantás el alambrado de tus ideas. Hay que hacer una convocatoria abierta y genuina. Yo de entrada dije: acá pueden venir todos de todos los palos y los voy a escuchar.

– Es cierto que los que son un poco más grandes están casi todos agrietados.

– Cuando digo esto y hablo del “no pedestal moral”, tampoco juzgo a otra generación del ejercicio profesional. Hay gente que cuando digo que no quiero ser periodista se siente zarpada y me dice: pero qué tenés contra los periodistas? Nada, yo no lo quiero hacer. Si el día de mañana con más años haciendo esto en algún momento me chupa un huevo diré: ¿sabés qué? No voy a cambiar más de opinión. El día que lo haga lo voy a avisar. Ese es mi compromiso con la gente que me sigue. No les voy a traficar un posicionamiento. No hago eso al mismo tiempo, porque estoy convencido de mis ideas. Si yo creo que mi posición en algo es buena puedo exponer mi marco ideológico. Mi opinión y mi posición, una no invalida la otra. Estamos muy acostumbrados a que posición invalida opinión. Entonces la gente quiere tapar la posición para que solo haya opinión en alto. “Yo solo tengo opinión”. No, la mayoría de las personas tienen posición y opinión. Acaso los de River no pueden opinar de fútbol? Los de Boca no pueden opinar de fútbol?

– Lo que haga Milei, nos guste o no nos guste, va a llevar su tiempo. Mientras tanto, ¿cómo se administra la bronca de la gente?

– Es un gran desafío para el presidente electo. Tendrá que ver qué pasa con eso. El Turco Asís tenía la figura de un changüí de 90 o 100 días de gracia antes de empezar a evaluar un mandato.

– Son menos días ahora. Para mí es un fin de semana largo.

– Es increíble lo que está pasando, qué esté tan acelerado el presente. Así es como ya tenemos libertarios dando la batalla cultural antes de arrancar a gobernar, o sea, ellos ya armaron La Cámpora antes de ser gobierno. Ya se está comiendo los cascotazos el Gobierno antes de asumir. Está todo tan acelerado.

– ¿Por qué están peleando?

– Yo no sé por qué están peleando. Me parece que la metodología es equivocada. Igual son libres de cometer sus propios errores generacionales.

– ¿Estás hablando de lo que pasa en redes?

– Estoy hablando de lo que pasa en redes, lo que pasa en términos de discusión pública. La discusión actual es que lo público no tiene que existir, no.

– Somos todos bipolares. Creemos que nos va a ir bien y al rato que nos va a ir mal al rato. Le vemos la punta y decimos sí, por acá. Inmediatamente después decimos: no nos va a ir pésimo.

– Porque somos un país de neuróticos. Por eso tenemos el porcentaje de psicólogos más alto poblacional de la región. Hay algo de si la selección gana es la escaloneta, taco gambeta, gol. Si pierde un partido, váyanse todos, Es hora de un recambio. Hay un poquito más de margen ganado merecido con la escaloneta, me parece. Pero vos me preguntabas cómo administrar el malestar. Yo nunca vi. No adscribo a esto. Quiero evaluar el gobierno de Milei por el ejercicio de su gobierno, no por la especulación sobre cómo va a gobernar, hoy no se lo puede evaluar. Pero es innegable que las redes sociales, que son un termómetro, no el único, están deglutiendo discusiones del oficialismo. Ni siquiera agarraron el bastón. Una semana pasó.

– Federico Aurelio hoy me dijo que no hay compás de espera en el ánimo de la gente.

– Está un poco en -10 la espera. Estoy más paciente que gran parte del electorado mismo de Milei. Va a ser un desafío tremendo.

– Oposibord, tu personaje, está súper paciente.

– Es generoso, es holgado, es paciente, tiene esperanza, es optimista, como todos los argentinos. Yo estoy esperanzado.

– Sos el primer universitario de tu familia. Qué ilusión para tus viejos que estudiaras una carrera universitaria.

– Yo tengo padres excepcionales, padres que me han convencido de mi propio valor. Me parece que gran parte de la paternidad es eso, más mi vieja que mi viejo. Yo soy producto del absoluto sobre interés maternal. O sea, mi vieja me convenció de que yo era el elegido. Y de un gran desinterés paternal. También lo quiero a mi viejo, le mando un beso grande, pero sí, me dio menos pelota. Lo cual, ojo, psicológicamente te hace un fenómeno interesante. Porque cuando sos chiquito viene tu vieja y te dice: hiciste la cosa más increíble que yo haya visto en mi vida, vos decís: ¿en serio? Y después tu viejo no te da ni pelota, Vos agarrás y decís: bueno, quizás no soy el elegido como dice mi mamá, o decís: esto es una prueba para el elegido. Y buscás esa aprobación, tejer tus propias herramientas. Creo que los dos fueron padres excepcionales y que sí querían mucho de mí, propio de su generación. Y con razón, porque yo agradezco eso, agradezco esa educación, agradezco el valor del título universitario. Las herramientas que yo tengo hoy son mi educación universitaria también. El tema es que al instante que pude hacer otra cosa, hice otra cosa. Yo creo que ellos están contentos de que yo esté feliz con lo que estoy haciendo.

– ¿El Niño Jesús es un pollerudo de mamá?

– El Niño Jesús es un pollerudo de mamá. Mi relación con mamá a veces también tiene sus vaivenes, pero mi vieja es la número uno, mi vieja fue el arquetipo de madre. Es la mejor madre que podría haber tenido.

– Es maravilloso que digas eso.

– Al fin. Así le llega y no se enoja con una nota. Ahora se va a enojar mi viejo obviamente. Mi viejo me dio otras lecciones.

– ¿Por qué se enojan?

– Reclamos. Vos das una nota y me llegan los mensajes, me discuten mi historia. ¿Sabes qué hacen mis viejos? Me dicen: esto no fue así. Vos eras un bebé, no sabías cómo fue esto en realidad.

– Papá ahora tendrá que bancarse que hayas dicho: mamá me crió, mamá es lo más grande que hay.

– Pero es verdad que me crió mi vieja. Es verdad, papá.

– Los ves muy seguido. ¿Cómo es la dinámica?

– No, no los estoy viendo seguido.

– No, está bien.

– ¿Ves? Ya me juzgas inmediatamente. Eso no está bien.

– Soy madre y después soy otras cosas. A si como vos sos antes que nada militante. Andá a ver a mamá, Tomás.

– Me voy de Infobae todo reprochado.

– ¿Gran Rex la semana que viene?

– Sí, 4 de diciembre. Gran Rex. Es un brindis. Decía mi amiguito Luis Majul hace poco en La Nación que yo hablaba desde el púlpito del planeta Tierra. Así que en el Gran Rex hablaré desde el púlpito del planeta Tierra a quienes quieran escuchar. Es para celebrar este año con la gente que me quiere. Con la gente que hace el aguante. Estoy tremendamente agradecido de todo lo que está pasando este año. Hace un mes se agotó el Gran Rex, gente que no sabe qué voy a decir.

– No sabe que vas a decir y paga.

– Quiere estar, quiere ir. Yo quiero devolver, quiero agradecer, porque todo esto tiene sentido y es posible porque están esas personas, están esos locos de la cabeza total que dicen yo te voy a bancar. No sé qué voy a hacer, y ellos tampoco lo saben. Se llama “Rebord dice cosas”.

– Compraron la entrada para ver a su profeta.

Infobae

Publicado en lanuevacomuna.com

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