LA ERA MILEI, OPINION

Opinión: La batalla cultural y la retórica de dar por cerrada la discusión

«La justicia social es envidia», dijo Javier Milei durante su presentación en el templo evangélico que, por acto divino, convierte pesos en dólares.

El Presidente desliza así un argumento que alimenta la retórica libertaria de siempre querer tener la última palabra en una discusión. En este campo de batalla que son las redes sociales —su único territorio real de expresión— la militancia libertaria levanta la voz. No salen a la calle; su batalla cultural ocurre ahí, en línea.

Utilizan siempre este palabrerío tan agotador de “domar”, “sacar a pasear”, por usar las expresiones más livianas. Ni hablar de las metáforas que bajan desde presidencia: referencias sexuales cargadas de violencia y machismo. Creer que el portador del pene es dominante en una relación sexual es profundamente misógino y homofóbico.

Entonces, según su lógica, la justicia social no es más que la envidia de los pobres hacia los ricos. Y si son pobres, es porque quieren. Porque en esta visión libertaria new age no importa de dónde vengas ni quién seas: si seguís los pasos, podés ser acaudalado. La meritocracia se ha convertido en doctrina para esta militancia digital. Porque a la calle, repito, no salen. Ni siquiera cuando les tocan el bolsillo. Y vaya si se los tocan.

Cuando increpan en redes, defienden con capa y espada los intereses de los patrones, como si todos fueran patrones o estuvieran destinados a serlo. Pero si hacés zoom en su realidad —patrón o no— en su familia, en su barrio, en su comunidad, hay gente que no goza de su mismo optimismo.

“Yo como asado todos los fines de semana”, suelta un usuario despreocupadamente en redes. Y una mujer le responde: “Bien por vos, ¿pero el resto qué? ¿Rascamos la olla?”

Hace rato que somos testigos de la muerte de la empatía, pero en estos tiempos esa situación escala velozmente hacia la vehemencia contra quien cuestiona privilegios. La crueldad parece ser el camino más seguro para la militancia libertaria en redes sociales. Les permite ser egoístas sin culpa: la doctrina avala su individualismo, y la retórica de siempre tener la última palabra les produce un cierto éxtasis.

Este signo de intolerancia es apenas un papel en el viento. La oposición no va a desaparecer. Para eso estamos: para extender la discusión.

Nahuel Barros//

La Nueva Comuna

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