Jue. Feb 2nd, 2023

OPINION: HAN PASADO TREINTA AÑOS por CARLOS ALBERTO VEIGA








1983: LA GENTE ESPERANDO PARA VOTAR. 2013: LA GENTE ESPERANDO QUE LA DEMOCRACIA RESUELVA UNOS CUANTOS PROBLEMAS.


HAN PASADO TREINTA AÑOS

Hace treinta años asumía por segunda vez la banca de Concejal por el Partido Intransigente, luego de haber sido desalojado de la misma por la revolución dictatorial del año 1976.

Eran tiempos de euforia en la ciudadanía, los locales partidarios se llenaban de gente ansiosa por participar y ayudar en forma honoraria a preparar los pasacalles, las pinturas en las paredes y las interminables reuniones de difusión y docencia. A nadie se le ocurría pedir un peso por su actividad y cuando se reclutaban fiscales para las elecciones sobraban candidatos.

Más adelante se formó la “militancia rentada” y muchos se arrimaron a los locales partidarios para ganar un sustento sin importarle los ideales y las propuestas.

En las elecciones había triunfado, luego de muchos años, el Partido Justicialista y nuestro candidato, mi maestro Edgardo Hugo Yelpo perdió por primera vez  luego de haber sido electo tres veces Intendente Municipal.  Formábamos un bloque de sólo cuatro Concejales  y nos convertimos en una oposición constructiva que controlaba al gobierno pero aportaba propuestas. Esa oposición nos valió elogios y críticas y a partir de allí el partido perdió consenso y no tuvo más representación en el Concejo.

Nuestro primer proyecto de ordenanza fue referido a la restauración del escudo municipal tradicional. El Intendente de facto había cambiado el escudo por uno que se suponía era el escudo de armas de la familia Necochea.

El mismo tenía la imagen de un yelmo medieval y la de un rey, para colmo moro, y el historiador Egisto Ratti demostró que el propio General Necochea había desestimado su uso en moneas acuñadas en Lima por algún alcahuete de turno.

Todos los sellos y la papelería de la Municipalidad fueron cambiados por el nuevo escudo y el mismo se colocó en el frente del Palacio Municipal cuando la Asamblea de 1813 había prohibido el uso de títulos y blasones de nobleza en los edificios públicos. Solamente en dos lugares el tradicional escudo quedó vigente: en la tapa del Ecos Diarios y tallado en el escritorio del Concejo que al ser puesto contra la pared pasó desapercibido.

La ordenanza fue aprobada por unanimidad y el escudo de nobleza fue destruido y reemplazado por el tradicional que tiene su origen en el dibujo de una farola del puerto como se puede comprobar en los archivos del Concejo y que después derivó por obra de los dibujantes en una imagen del faro de Quequén.

La población estaba muy feliz por la vuelta de la democracia, no había odios sino discrepancias y trabajábamos en común para un futuro mejor. Lejos estábamos de la violencia que enferma nuestra sociedad en estos días, la que debe desaparecer si que remos una nación en paz y unión.

Esto no quiere decir que todo pasado fue mejor. Hoy contamos con herramientas informáticas que deberían cambiar la administración municipal.

Sin embargo se siguen debatiendo los mismos temas, se hacen las mismas promesas y nuestra comunidad se ha estancado en relación con nuestros vecinos y como siempre, la culpa la tiene el otro y nadie asume sus propias responsabilidades.

Los que pasamos por la actividad política debemos asumirnos como culpables de no haber encontrado la senda correcta del progreso. Sin duda, hemos defraudado a esa ciudadanía que creyó que con el regreso de la democracia todo iba a cambiar.

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