El “Doctor K”, condenado a prisión perpetua, ahora intenta avanzar judicialmente contra sobrevivientes de los años ’70. Su salida de la cárcel generó un fuerte impacto entre sus víctimas.
Eduardo Emilio Kalinec consiguió finalmente lo que venía reclamando desde hace años: quedar en libertad. En los centros clandestinos Atlético-Banco-Olimpo (ABO) era conocido como el “Doctor K”. Condenado a prisión perpetua por los crímenes cometidos en esos campos de concentración, el represor obtuvo un fallo que le permitió abandonar la Unidad 19 de Ezeiza, donde permanecía detenido. Kalinec tiene además otra particularidad: impulsa una denuncia por el atentado con bomba en la sede de la Superintendencia de Seguridad Federal (SSF), con el objetivo de continuar la persecución —por otras vías— de militantes de los años ’70.
Kalinec es uno de los nombres más representativos del aparato represivo de la dictadura. Su alias aparece en expedientes judiciales desde 1985, cuando el sobreviviente Mario Villani lo incluyó en un listado de represores que actuaron en ABO. Villani lo describía como morocho, corpulento y de cuello grueso, y señalaba que era “bastante temido” dentro de las mazmorras.
Durante el juicio llevado adelante por el Tribunal Oral Federal (TOF) 2 de la Ciudad de Buenos Aires, surgieron numerosos testimonios que dieron cuenta de su accionar. Ana María Careaga relató que Kalinec se enfureció porque ella no había informado que estaba embarazada al momento de su secuestro y que le propinaba patadas cuando la cruzaba antes de entrar al baño. “¿Querés que te abra de piernas y te haga abortar?”, la amenazaba.
A Delia Barrera le dijo que no le vendarían las fracturas para evitar que se ahorcara con las vendas. A Daniel Merialdo lo golpeó brutalmente mientras permanecía secuestrado en el centro Banco, al interpretar que intentaba acomodarse el tabique que le cubría los ojos. Miguel D’Agostino lo vio en el “quirófano” durante una sesión de tortura y pudo mirarlo a los ojos cuando lo subieron a un vehículo con la intención de provocar nuevas detenciones. Jorge Braiza lo identificó como quien les anunciaba a los prisioneros que serían trasladados a supuestas granjas en Chaco y que debían recibir vacunas contra el mal de Chagas.
A partir de estos testimonios, el TOF 2 consideró probado que Kalinec participó en toda la estructura represiva: desde los secuestros y las torturas hasta el control de los detenidos y la fase final del exterminio, incluidas las inyecciones utilizadas para adormecer a quienes luego eran arrojados en los vuelos de la muerte.
Con ese prontuario y sin manifestar arrepentimiento alguno, Kalinec volverá a caminar en libertad.
Antes del mediodía de este lunes, el juez Guillermo Costabel firmó la resolución que le otorgó la libertad condicional. En el fallo dejó asentado que no compartía la decisión, pero que debía acatar lo dispuesto por la Cámara Federal de Casación Penal.
Kalinec tiene 73 años y pasó dos décadas detenido. Fue condenado a prisión perpetua el 21 de diciembre de 2010. En 2023, la Procuraduría de Investigaciones Administrativas (PIA) logró que fuera dado de baja de la Policía Federal Argentina (PFA).
Desde hace tiempo solicitaba distintos beneficios. En el verano de 2022, la Sala de Feria de la Cámara Federal de Casación Penal le concedió salidas transitorias con el argumento —cuanto menos llamativo— de fortalecer sus vínculos familiares. Kalinec tiene cuatro hijas; una de ellas, Analía, repudia públicamente los crímenes de su padre.
De acuerdo con datos del Servicio Penitenciario Federal (SPF), desde entonces salió de la cárcel en más de 60 oportunidades. Este año pidió la libertad condicional. El 18 de agosto se realizó una audiencia en la que las víctimas y los familiares de las víctimas expresaron su rechazo, al igual que la fiscalía a cargo de Alejandro Alagia.
El 8 de septiembre, el TOF 2 rechazó el pedido. Kalinec apeló y, el martes pasado, obtuvo un fallo favorable de la Sala IV de la Cámara Federal de Casación Penal.
Con la sola disidencia de Mariano Borinsky, los camaristas Gustavo Hornos y Javier Carbajo revocaron la resolución del TOF 2, que había otorgado especial relevancia al informe del equipo interdisciplinario —dependiente de la propia Casación— donde se señalaba que Kalinec no mostraba arrepentimiento por sus actos.
En cambio, Hornos y Carbajo priorizaron el informe del SPF —organismo que dependía de Patricia Bullrich y actualmente de Alejandra Monteoliva—, que destacaba su buena conducta y le asignaba un pronóstico favorable de reinserción social.
Este medio viene advirtiendo desde hace meses que el SPF suele emitir informes favorables a la liberación de represores o señalar supuestas limitaciones para mantenerlos detenidos. Esa tendencia coincide con lo advertido la semana pasada por la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad (PCCH): en el último año se registró una “caída histórica” de represores alojados en cárceles comunes. Bullrich impulsó maniobras para que la mayoría permanezca en la unidad VIP de Campo de Mayo.
La decisión judicial provocó una fuerte conmoción entre las víctimas de Kalinec. Delia Barrera recordó las reiteradas presentaciones ante los tribunales para oponerse a los beneficios solicitados por el represor. “Los familiares hablaron sobre sus queridos ausentes, quienes siguen hoy desaparecidos y no pueden conocer la verdad sobre el destino de ellos. Nosotros, los sobrevivientes, volvimos a pasar por el cuerpo lo vivido, padecido, sufrido, perdido durante nuestro cautiverio. Los jueces escucharon nuestras voces; nosotros hablamos por quienes hoy no pueden hacerlo. ¿Y qué pasó? Hoy vemos cómo la impunidad, la falta de justicia y los oídos sordos nuevamente nos dan la espalda y permiten que un genocida, que no se arrepiente de su accionar, que seguramente volvería a hacerlo y que guarda silencio sobre quienes siguen hasta hoy desaparecidos —un delito que se sigue cometiendo, un delito que no prescribe—, logre volver a su casa, caminar por las calles, reunirse con su familia, algo que muchos de nosotros no podemos hacer porque nos faltan hijos, hermanos, esposos, tíos”, expresó.
Ana Careaga también cuestionó el fallo: “La paradoja de este represor es que le hizo un juicio por indignidad a su hija, cuando él apuntaba ferozmente, en el marco de las torturas, a la pérdida de la dignidad de sujeto en sus víctimas, sometiéndolas a condiciones infrahumanas. Resulta escandaloso que se beneficie a los autores de estos hechos imperdonables e imprescriptibles, que ofenden la condición humana y que apuntan a desandar los avances que en materia de Memoria, Verdad y Justicia se han destacado siempre en nuestro país”.
Por su parte, Silvia Fontana recordó a su hermana: “El domingo, mi hermana hubiese cumplido 69 años. Y pensaba en esos 20 años que tenía cuando personajes nefastos como Kalinec la recibieron en ese lugar del horror, en ese sótano frío donde quisieron deshumanizarla poniéndole una letra y un número. Ella pasó a ser K34, pero siempre conservó su identidad. Llegó con sus dos meses y medio de embarazo. Ella, tan frágil y chiquita, no solo luchó por ella sino también por ese bebé que tanto deseaba”. Para Fontana, resulta devastador que Kalinec pueda salir a “disfrutar la vida o las fiestas con su familia”. “Un enorme dolor nos invade el cuerpo. Pienso en ella, en cada uno de los que pasaron por sus manos asesinas y no lo puedo creer”, dijo.
Desde las querellas ya anticiparon que recurrirán la resolución judicial.
Con información de Página 12
Publicado en lanuevacomuna.com