La fiesta del descontrol y la evasión en la carne

Cuando Mauricio Macri anunciaba, en marzo de 2018, la eliminación de “más de veinte trámites” que tenían que cumplir los exportadores de granos y carnes, los concurrentes a Expoagro de ese año, propietarios de importantes extensiones en la pampa húmeda y agroexportadores, lo aplaudían eufóricos.

“El Estado le va a sacar la pata de encima a los que trabajan”, se ufanaba el entonces presidente, de jean con cinturón de cuero y camisa celeste lisa, que lo asimilaba en aspecto a los ricos dueños de explotaciones agrícolas que lo agasajaban. La eliminación de los controles, la desregulación, la “desburocratización” se exhibía como otra batalla ganada por esos pulcros dirigentes. Como si el país del que hablaban no fuera el mismo que ese mismo año estaba entrando en una debacle económica con escasos precedentes, que 60 días después de ese evento se entregaría en los brazos del FMI en busca de “salvataje” y que hoy, apenas tres años después, empieza a descubrir que aquella “desburocratización” se tradujo en una monumental estafa al Estado: una importante cantidad de exportaciones de carne realizada por “empresas fantasma”, es decir sin existencia real, subfacturaciones y triangulación de operaciones para burlar el pago de impuestos (evasión) y la obligación de liquidar las divisas percibidas en el mercado local (defraudación cambiaria).

Y por si fuera poco, estas maniobras terminaron impactando en los precios internos de la carne por la presión de la demanda de hacienda en el mercado concentrador, obviamente con destino a operaciones ilícitas con tasas de ganancias espectaculares. Al perjuicio al fisco se sumaba el perjuicio directo a los bolsillos de la población, castigándolo en uno de sus bienes de consumo más preciado.

Recuperar el control
En las últimas semanas, el gobierno adoptó una serie de medidas buscando recuperar cierto nivel de ordenamiento en el sector de las carnes, especialmente en lo referente al comercio exterior. La Afip repuso los precios de referencia, es decir valores de exportación por debajo de los cuales se estima que una operación debe ser investigada para verificar que el valor declarado de venta coincida con el pagado efectivamente por el comprador del exterior.

Por otra parte, se restablecieron obligaciones de inscripción en el Registro Unico de la Cadena Agroalimentaria, que Macri prácticamente había vaciado. Después del blanqueo del 2018, se consideró suficiente requisito estar inscripto en la AFIP. Es decir, que una empresa, unipersonal incluso, que se hubiera inscripto bajo la modalidad de la sociedad anónima simplificada (SAS) –otra creación “desregulatoria” del macrismo– podía exportar sin que nadie le exigiera, ni siquiera, un capital mínimo o poseer instalaciones para dedicarse a la actividad. Mucho menos, libros de la sociedad o el origen de la mercadería exportada.

Adicionalmente, se dispuso la obligación de presentar una declaración jurada de exportación de carnes, especificando destino, producto y precio de la exportación. Todo ello en el marco de cambios de funcionarios en el área de control del comercio de alimentos dentro del Ministerio de Agricultura y Ganadería.

Baldíos importadores
No tuvieron que pasar muchas semanas desde la puesta en marcha de las nuevas medidas para que aparecieran las irregularidades. Hubo casos de fuertes diferencias entre los precios de exportación y los de referencia que detectó la AFIP. Además, la oficina de control comercial de la cadena agroalimentaria empezó a detectar numerosas operaciones a nombre de firmas sin antecedentes y no inscriptas ni siquiera en el RUCA. El entrecruzamiento de datos con Senasa y el Banco Central, además, daba por resultado que en muchos casos las irregularidades se repetían en cuanto a la ausencia de inscripción en los registros sanitarios, y hasta de liquidación de las divisas en el mercado único libre de cambios (MULC).

Si bien los casos irregulares exhiben múltiples facetas, hay un perfil que se repite: exportaciones a nombre de una SAS, con destino a Uruguay a un comprador con domicilio irreal y a precios con diferencias significativas con los valores de referencia del mercado.

“Había empresas operando en exportación desde hace dos o tres años como SAS, sin domicilio ni instalaciones propias”, relató uno de los investigadores de estas maniobras. “Parece evidente que aprovechaban la falta absoluta de controles para usar el nombre de estas empresas fantasma ofreciéndosela a frigoríficos que evadían así las obligaciones fiscales y cambiarias”, agregando que “el destino de la exportación también era ficticio; nos encontramos con direcciones de Maldonado, Uruguay, a veces pertenecientes a un country en Punta del Este, o a un baldío”.

Las súper ganancias
El seguimiento de las operaciones revela que hubo casos de triangulación para subfacturar pero también operaciones “fantasma”. La primera se refiere a la venta a un destino irreal (Uruguay, con destino final en China), para exportar por un valor menor al que pagará el importador, y refacturar a través de un tercero, que recibe el valor verdadero. La diferencia que no se declaró en Argentina, evade todos los impuestos pero además no se liquida por el dólar comercial, sino que entra, por el dólar MEP o contado con liqui. En vez de cambiarse a 90 pesos, se obtiene 140 o 150 pesos por dólar. “Esta diferencia convierte a la operación en extraordinariamente rentable, y como China tiene muy pocas exigencias hacia el exportador que le vende, el auge de las operaciones a ese país potenció el uso de este mecanismo de evasión”, explicó el experto consultado.

El otro caso, el de las operaciones “fantasma”, es las que directamente se hacen con toda la documentación falsa y el exportador desaparece después de la operación sin liquidar ni una parte de las divisas.

Las más frecuentes son las operaciones de triangulación, que además se observó que tuvieron impacto en los precios del mercado interno. Si bien el tipo de producto demandado por China no coincide con el más demandado por el mercado interno, el precio de la vaca “vieja” o de descarte funciona como un piso para todos los valores del mercado. Si sube su precio, los productores que venden terneros, novillos o vaquillonas van a pretenden un precio más alto que guarde la proporción histórica con el producto de menor calidad. Es lo que estuvo pasando durante todo el año pasado, indican los especialistas, con la mayor demanda china de hacienda barata y la consecuencia sobre los precios del resto de la hacienda, a pesar de la caída de la demanda interna.

En el mostrador
“Cuando empezamos a controlar las operaciones de triangulación, inmediatamente cayó el precio de las vacas de descarte en el mercado de Liniers”, sostienen. No es toda la explicación para el aumento de la carne en los mostradores, pero es parte de la explicación.

¿Qué tipo de empresas son las que abusaron de la falta de controles para hacer estas prácticas ilícitas? ¿Frigoríficos semiclandestinos o exportadores habituales? Los investigadores señalan que hay casos de medianas empresas que suelen trabajar “en negro” para el mercado local, pero “también hay delincuentes de guantes blancos, tenemos algunos casos de frigoríficos grandes, habitualmente exportadores, que encontraron en estas prácticas la oportunidad para hacerse un negocio súper rentable, al margen de sus operaciones lícitas”.

Lo que queda comprobado es que la supuesta “desburocratización” de Macri le abrió una ancha avenida a la evasión, fuga de divisas y a la expansión de la ilegalidad en el mercado de las carnes. Y desmanteló un Estado que aún está en la tarea de reconstruirse para poder cumplir sus funciones. La cadena de producción y comercialización de alimentos, y no sólo de las carnes, empieza a dejar en evidencia las consecuencias de esa política de descontrol.

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Publicado en lanuevacomuna.com

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