DICEN EN LOS PASILLOS… TASA PORTUARIA: VINO EL PATRON Y DIO UN REBENCAZO ANTE LOS CONCEJALES

Una triste realidad

Hay que aceptarlo: las grandes empresas nos ganan por goleada a los vecinos de a pie, y si son transnacionales, tienen todas a favor, incluso las leyes. Por qué habría que pensar hasta en una reforma constitucional.

La realidad demuestra que poco es el margen de maniobra de nuestros concejales a la hora de cuidar a nuestra gente. Las leyes parecieran estar escritas para beneficio de los poderosos, los que «generan riqueza» y «dan trabajo», y con poco apego a la comunidad.


Vamos de lo particular a lo general
Axel vive en Quequén, tiene 7 años, va a la escuela pero es ausentista, falta mucho. ¿Por qué? Tiene asma, alergia bronquial, se le cierran los bronquios con cada capricho del aire que respira. Su mamá, su papá, su maestra, todos están preocupados porque  sus episodios son incontrolables, cuando no inexplicables. Ya ni los médicos tienen respuestas para una cura, y el «paf» es la indicación para un rescate broncodilatador.

Melisa, ¿cómo no recordar a aquella joven de 19 años, quien encontró a la mismísima Muerte, disfrazada de gas con olor sin olor, despiadado y letal, saliendo desde las alcantarillas de la calle y las rejillas de su casa?

Otro chiquito, con nombre perdido en la bruma de la mala memoria, jugaba a las escondidas con otros nenes, en la calle de su casa. Se escondió detrás de un acoplado, momentos antes de que el conductor diera marcha atrás.

¿Cuántos Juanes, Marías, Pedros y Susanas van a dejar sus huesos clavados en el suelo bombardeado por no se sabe qué guerra, por caerse de sus motos o de sus bicicletas?

Vamos a lo general
Como todos sabemos, a los vecinos de los barrios de Quequén no les pueden venir a contar sobre el impacto ambiental de la actividad agroexportadora. La sufren desde siempre: el tránsito despiadado de camiones, el polvillo en suspensión de las cargas de buques, el peligroso almacenamiento y uso de sustancias agroquímicas entre las casas, etcétera, etcétera y etcéteras indefinidos.

Es inevitable el impacto de la principal actividad productiva de la zona, y es una ingenuidad pretender cancelar o modificar sustancialmente esa matriz productiva de un día para el otro. Pero a la vista está que si el Estado no está presente, el libre albedrío de las empresas privadas no cuida lo suficiente a las personas.

Es curioso: cuando se les reclama a las empresas privadas para remediar situaciones de impacto ambiental, la respuesta invariable es la delegación de responsabilidades al Estado. Sin embargo, también invariablemente hay poca vocación por pagar impuestos para que funcione el Estado. Es más, ¿cuántas voces se alzan protestando contra la enorme carga fiscal, los impuestos distorsivos, y demás eufemismos alentados por el propio presidente de la Nación?

Escaso es el margen de maniobra a la hora de cuidar a nuestra gente. Menos de lo que imaginamos. El marco normativo actual a nivel nacional o provincial está desbalanceado para el lado de los que liquidan dólares y generan (poco) trabajo a la comunidad. ¿Por qué no pensar en una reforma constitucional profunda e integral, en un conglomerado de leyes que cuiden a la gente y que la riqueza generada por nuestros recursos naturales sea administrada por el Estado, con las prioridades que fije el Estado nacional, provincial y al fin, municipal?

Vamos a lo local
En el marco actual ¿qué puede hacer un concejal si las leyes nacionales y provinciales lo inhiben en su accionar?

Este conflicto se vio claramente días pasados en el Honorable Concejo Deliberante, cuando un representante de la poderosa Cámara de la Industria Aceitera (representando a las multinacionales Cargill y Glenncore entre otras) dio un par de rebencazos en la mesa del Salón de los pasos perdidos.

El caso en cuestión fue la implementación de la Tasa Portuaria (en realidad Tasa Única por Mantenimiento Extraordinario de las Arterias Viales Urbanas), un impuesto municipal diseñado para otro modelo de país, distinto del actual. Paradójicamente esta Tasa fue creada por los concejales del Partido Fe de Gerónimo Venegas. Aprobado por mayoría de concejales hace un tiempo atrás (en época de campaña electoral) pero rechazado por inviable por las empresas amparadas en las leyes actuales.

El rebencazo
El que ofició de mandadero de las todopoderosas empresas fue Martín Brindici, abogado representante del Centro de Exportadores de Cereales y de CIARA (Cámara Industrial Aceitera de la República Argentina). En la reunión, anunció oficialmente que la Tasa «grava la exportación y un municipio no tiene las facultades constitucionales para gravar la exportación». «Estamos dispuestos a judicializar si esto llegara a avanzar» agregó con tono intimidatorio.

La salida propuesta es la conformación de un fondo con aportes voluntarios de 15 centavos de dólar por tonelada que llegue al puerto durante uno a tres años. El fondo tendría forma de fideicomiso manejado por el Banco Provincia y con gerenciamiento de una comisión formada por el intendente, el Concejo Deliberante y los aportantes, quienes decidirían el destino de los fondos. A priori se propuso
que el 80% de lo recaudado sea para obras portuarias y un 20% para salud.

La debilidad
El rebencazo sin embargo mostró una luz de debilidad: el mandadero dijo que «el sector (empresarial) tiene por política no consentir este tipo de tasas en todos los municipios donde está asentado, para no sentar un precedente porque puede tener un efecto multiplicador negativo, tasas de estas características». Y algo más: aceptó que la tasa está vigente, acumulando una deuda del sector, por lo que pidió una condonación de lo que no se pagó hasta el momento.

Las cosas son así. Va a quedar en la creatividad y capacidad de negociación de nuestros concejales llegar al mejor acuerdo posible con la parte empresarial. Va a quedar también en los concejales la responsabilidad de estudiar más, y no perder el tiempo en discutir y votar cosas inútiles en este marco normativo, haciéndole perder el tiempo a la ciudadanía y a las instituciones.

Va a quedar en los ciudadanos de Quequén y Necochea la responsabilidad de exigir y votar la próxima vez reformas profundas a nivel nacional y provincial, que atiendan nuestros problemas reales.

Dejamos finalmente para la reflexión las palabras expresadas por el mandadero de las empresas que eximen de cualquier comentario. Cuando se le consultó sobre el impacto ambiental de la actividad agroexportadora dijo sin ponerse colorado: “No vivo en la zona, no sufro las problemáticas en forma personal…”.

Alfredo Barros / LANUEVACOMUNA.COM

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