ADIOS AL ULTIMO VESTIGIO DE LA DICTADURA PINOCHETISTA

En Chile, en cambio, Augusto Pinochet conservaba un importante nivel de adhesión en 1990 cuando finalizó la dictadura y regresó la democracia. Eso le sirvió para establecer condicionamientos que favorecieron sus intereses y detrimento de la calidad democtrática. La más importante fue la nueva Constitución, que había sido creada en 1980.

En primer lugar, por una disposición transitoria de esa Constitución, Pinochet continuó como Comandante en Jefe del Ejército por ocho años más, hasta 1998. Luego fue designado senador vitalicio en su carácter de ex presidente, aunque había usurpado ese cargo a través de un golpe de Estado y no de elecciones democráticas.

En 2002 debió dejar su banca porque había alegado «enajenación mental» con el objetivo de ser sobreseído en diversas causas por crímenes cometidos durante la dictadura, que costaron la vida a miles de chilenos. De este modo, tuvo que resignar su presencia en el Senado, ya no habría sido congruente con lo argumentado en los tribunales.

Sin embargo, su herencia institucional siguió limitando muchos aspectos de la democracia chilena a través de aquella herramienta que fue la Constitución de 1980, aún vigente. En los últimos años hubo diversas iniciativas para dar paso a una nueva carta magna, pero se vieron frustradas por falta de acuerdo entre los diferentes partidos políticos.

Finalmente, forzado por las impresionantes manifestaciones populares que tuvieron lugar a partir del 14 de octubre del año pasado, el gobierno de Sebastián Piñera debió conceder la realización del plebiscito realizado hoy, donde la voluntad de elaborar una nueva Constitución y enterrar definitivamente el último vestigio de pinochetismo alcanzó casi el 80% de los votos.

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PUBLICADO EN LANUEVACOMUNA.COM

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