SE CUMPLEN 14 AÑOS DE LA DESAPARICION DE JULIO LOPEZ: COMO ESTA LA CAUSA Y EL RECUERDO DE SU FAMILIA

«Siento que llevamos 14 años velando a mi viejo», resumió Rubén López estos 14 años de pistas falsas y de inacción por parte de la Justicia. «La justicia no hizo nada, se me ríen en la cara; siempre que llega la fecha de su desaparición salen a hablar del entrecruzamiento de 50 millones de llamadas telefónicas pero nunca se hizo nada», afirmó a la agencia Télam.

Remarcó que la carátula de la causa «sigue siendo ´presunta desaparición de persona´» y adelantó que presentó un escrito «pidiendo que se recaratule como ´desaparición forzada´».

«Mi viejo siempre nos protegió, no nos contaba lo que había vivido – tras ser secuestrado en 1976-, nos protegió hasta ese 28 de junio de 2006 que declaró en el juicio contra Miguel Etchecolatz. Cuando lo oímos contarle al Tribunal todo lo que pasó, ahí comprendimos esa necesidad de ir a contar lo que había vivido, lo que había visto», relató el hijo de López.

El 28 de junio de 2006, Rubén estaba sentado en el Salón Dorado de la Municipalidad de La Plata, donde se realizaban las audiencias del juicio contra el ex director de Investigaciones de la Policía bonaerense, y oyó a su padre revivir ante el Tribunal Oral Federal (TOF) 1 de La Plata su secuestro en octubre de 1976 y su paso por cinco centros clandestinos de detención donde fue torturado con picana y vio ejecuciones que nunca pudo olvidar. Entre sus torturadores, identificó a Etchecolatz.

«Patricia (DellOrto) le gritaba ´no me maten, llévenme a una cárcel pero no me maten, quiero criar a mi nenita, mi hija´ y ellos no, la sacaron. Y van a ver ustedes si algún día encuentran el cadáver o la cabeza, que tiene el tiro metido de acá y le sale por acá. Buum otro tiro», relató ese día Julio López, mientras señalaba el centro de su frente.

Temblando de emoción, el albañil y militante peronista dijo que en esa oportunidad pensó: «´Si un día salgo y lo encuentro a Etchecolatz, yo lo voy a matar´, así pensaba pero después me dije, qué voy a matar a una porquería de esa, a un asesino serial. Etchecolatz personalmente dirigió esa matanza».

«Mi vieja le decía ´no vayas a declarar´, pero no por falta de compromiso sino por miedo de que le pasara algo, teníamos miedo que le pasara algo a nivel mental», recordó Rubén y sentenció: «Si le hubiera hecho caso, mi viejo estaría acá».

El hijo del albañil no tiene dudas que el rol que tuvo su padre en el juicio, de testigo y querellante, tuvo que ver en su segunda desaparición, ocurrida el 18 de septiembre de 2006, cuando el hombre debía ir a oír los alegatos del juicio y nunca llegó al Palacio Municipal.

El Tribunal condenó a Etchecolatz a reclusión perpetua por el delito de genocidio, figura que por primera vez se aplicó en el país. No fue ese el único juicio que debió enfrentar el ex jefe policial y un año después, mientras era juzgado por delitos de lesa humanidad cometidos en el centro clandestino de La Cacha se lo vio escribir y exhibir desafiante un papel donde se leía «Jorge Julio López».

«Cuando se vio a Etchecolatz con ese papel, en el 2014, no se hizo nada. Yo le pregunté al fiscal: ´No lo va a llamar para preguntarle?, ¿quiere que le pregunte yo? ´Y nunca se hizo nada con eso», cuestionó Rubén.

Hasta el día de los alegatos, la vida de Jorge Julio López, nacido el 25 de noviembre de 1929 en Elordi, un pueblito de General Villegas, en el noroeste bonaerense, era muy rutinaria. Según contó Rubén, «se levantaba a las 8.30, tomaba el mate con una taza de leche y galletas, hacía los mandados o iba al banco, compraba el diario, hacía siesta, 16.30 tomaba mate e iba a dar una vuelta en bici o cuidaba sus plantas, su acelga y perejil».

«El día anterior a los alegatos estaba tranquilo, habíamos arreglado que mi primo Hugo pasaba a buscarlo a las 9 a mi hermano Gustavo y lo llevarían a la Municipalidad, donde a las 10 empezaban los alegatos. Ese día mi hermano se levantó y mi viejo ya no estaba», recordó. Sostuvo que «esta vez no rompieron la puerta como en el 76 (cuando los represores secuestraron a su padre)» e indicó que eso solo puede significar que «alguien engañó a mi viejo para que saliera de la casa».

Rubén precisó que esa mañana del 18 de septiembre «unas cinco personas vieron a mi viejo, la última de ellas, fue una señora de una verdulería, en las calles 137 entre 66 y 67». «Los perros olfatearon su rastro hasta el frente de una casa en 135, 66 y 67, como si ahí lo hubieran subido a un auto», relató con la misma precisión que tenía su padre al recordar. El hijo de López aseguró que «fue impensado lo que pasó, en ese momento, lo primero que pensamos era que le había pasado algo mental, porque pensábamos que esas cosas, las desapariciones, ya no pasaban, pero pasó».

«Se dice que el primer año de duelo es el más difícil, pero en nuestro caso llevamos 14 años velando a mi viejo; supongo que cuando sepamos qué le pasó, hasta que no se dé esa noticia, no empezaremos el duelo», sentenció.

EL DESTAPE

PUBLICADO EN LANUEVACOMUNA.COM

Deja un comentario


Soporte Wordpress por Efemosse y Alipso