DUHALDE Y EL PODER DE LA PALABRA

En el día de ayer el ex Senador por la Provincia de Bs. As. Eduardo Duhalde, tuvo desafortunadas expresiones acerca de la continuidad democrática en nuestro país.

Ante ésto, y más allá del repudio que tales especulaciones ameritan, resulta interesante hacer un análisis político y del discurso al respecto.

En primer lugar, no podemos desconocer que se trata de alguien que conoce del tema, ya que su paso por la presidencia fue signado, no por haber sido electo en elecciones democráticas, sino producto de su participación en la renuncia de cinco presidentes anteriores.

La oportunidad de dichas expresiones es significativa. Aparece hablando en un multimedio de comunicación que responde a intereses (Vila-Manzano) similares a los del otro gran multimedio argentino, apenas días después de que el gobierno que encabeza Alberto Fernández, emitiera un decreto que declara, en líneas generales, la conectividad como un servicio esencial y de interés público en el marco de la Pandemia, lo cual faculta al Estado para intervenir en la formación de los precios de los mismos. Hecho que provocó que todas las empresas vinculadas a este negocio, declaran su disconformidad por afectación a sus intereses.

En este marco, la operación hubiese sido demasiado obvia si Duhalde aparecía hablando en canal 13 o TN directamente, sobre una medida que, objetivamente, trae muchos beneficios sociales; por tanto, oponerse a esta medida no lo dejaría bien parado como dirigente político de cara a la sociedad.

Tampoco podemos desconocer que el «zabeca de Banfield» tiene una relación de larga data con el grupo de la trompeta, plagada de favores mutuos. Por citar un ejemplo, podemos recordar la ley de bienes culturales (también llamada «Ley Clarín») en vigencia a principios de 2003, aprobada, durante su mandato presidencial. Ésta ley fue hecha a medida de Clarín que se encontraba en un momento financiero muy complejo (deudas en el extranjero) y dicha ley evitó que acreedores ejecutaran varias de sus deudas.

Por otra parte, es innegable la incidencia de Duhalde dentro del peronismo, en particular dentro del partido justicialista, y da estas declaraciones al mismo tiempo en que los dirigentes del partido justicialista se han mostrado, hasta ahora, monolíticos en su apoyo al gobierno de Alberto Fernández. Nadie descree o desconoce que el armado del Frente de Todos se desarrolló con el visto bueno de Duhalde, pero pareciera que el reclamo viene por la adopción de ciertas medidas que afectan intereses que el ex Gobernador comparte.

El discurso

Es evidente la claridad discursiva del personaje en cuestión. Los modos de abordaje, el tono urgente, la puesta en escena.

Utiliza varias premisas, muchas verdaderas y entre ellas, una falsable o incomprobable, que hace que la totalidad del razonamiento no sea sólido. Pero el resultado no se mide en términos argumentativos ni en su correlación o valor de verdad, sino en la eficacia a los fines políticos y comunicativos del plateo, en la intencionalidad con la que fueron esgrimidos.

Es innegable, como afirma Duhalde, que nuestra región fue víctima de quiebres institucionales que perturbaron la vida democrática en América Latina. Los ejemplos que da de Brasil, Bolivia, Venezuela se ajustan a procesos en los que intervienen las FFAA sosteniendo regímenes que a los ojos del/la/le televidente gozan de dudosa legitimidad.

Otra de las premisas ciertas y comprobables de la que se sirve, es que a la Argentina, le costó mucho sostener una democracia estable en el tiempo durante el siglo XX (ininterrumpida como logro social y político desde el año 1983).

La conjugación de éstas dos premisas, para Duhalde, hacen que se desprenda de ellas una conclusión, hacia el futuro mediato, perturbadora: «No va a haber elecciones» (sic)

Acto seguido, incorpora un premisa adicional a la conclusión, que es que la falta de elecciones, se deberá a que «no se puede seguir así, tenemos que borrar esta cosa que no sirve para nada». ¿A qué “COSA” se refiere Eduardo Duhalde? Ésa indefinición, le da la fortaleza y el poder para que el razonamiento (deficiente e innecesario en términos formales) sea terminado, completado, significado, por el receptor del mensaje (televidente). Será acaso, entonces, el vacío de significante llenado por la inseguridad, la incertidumbre económica, la reforma judicial, la angustia por el aislamiento, todo ello puede entrar en la premisa subsidiaria a su conclusión, que denominaremos bajo la forma del «caos».

Sin embargo, hay una característica en medio de todos éstos mensajes. Parece haber una suerte de pedido o reclamo al gobierno de Alberto que pasa en forma casi inadvertida: «Va por el camino opuesto a los consensos y los acuerdos».

Y otra vez, la pregunta: ¿De qué consensos y acuerdos habla Eduardo Duhalde? ¿Entre qué actores? ¿Por qué no puede mencionar públicamente a qué medidas «fuera de consenso» hace mención y quienes son ésos interlocutores? Dejaré a la persona lectora, que responda éstos interrogantes. En ésa respuesta se encuentra la clave de la aparición pública (¿y oportuna?) del personaje en cuestión.

OTRA VOZ

PUBLICADO EN LANUEVACOMUNA.COM

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