CON LA DEMOCRACIA NO SE JODE

1.- Las declaraciones de Eduardo Duhalde advirtiendo sobre la posibilidad de “guerra civil” y “golpe de estado” deberían analizarse en el contexto político social que vive la Argentina. Lo peor que podríamos hacer es tomarlas a la ligera, ninguneando la fuente. O por el contrario, creerlas al pie de la letra como una sentencia inapelable y fatalista. Ni lo uno ni lo otro.

2.- La reaparición estridente de Duhalde no está descolgada de la larga lista de ataques de una oposición política mediática fanatizada y su delirante eco en los movilizados ciudadanos anti-cuarentena del pasado 17 de agosto. Nada ocurre por casualidad. ¿Alguien muy poderoso le bajó línea y salió al toro? Lo antecedió Sanz diciendo que ya le están respirando en la nuca al gobierno. Una presentadora de cenas mediáticas preguntándose si el gobierno aguanta o se cae. Manifestantes que prometen “sangre”. Los titulares de ataque frontal de los grandes medios contra el gobierno nacional. Y podríamos seguir sumando posicionamientos que poco tienen que ver con una actitud democrática y mucho con actitudes que promueven la vieja estrategia de la vieja derecha de desgastar hasta tumbar un gobierno democrático. Duhalde está avisando “algo” y ese “algo” debe ser investigado por las autoridades oficiales para caer luego con todo el peso de la ley a los presuntos conspiradores de la violencia y el golpismo.

3.- En la Argentina no va a haber golpes de estado ni guerra civil, como advierte Duhalde, porque pese a las condiciones adversas del continente y la gravedad de la crisis socio-económica producida por el macrismo y agravada por la pandemia, hay una conciencia y una memoria colectiva que no permitirá ninguna interrupción del orden constitucional. Nunca más es nunca más. Y guay si alguien lo intentara: todas las fuerzas auténticamente democráticas tomarían las calles y las plazas para repudiarlos.

Por otra parte, el protagonismo vital de sindicatos de base, movimientos sociales, parroquias populares, sumados a la incansable (aunque siempre insuficiente) presencia del Estado en el territorio, tornan inviable cualquier pronóstico de éxito para los que en circunstancias tan dramáticas como las que vivimos, encienden la mecha del “cuanto peor, mejor”.

4.- La ultraderecha, en todas sus versiones, intentará empujar la democracia al abismo. No hay que pisar el palito. Somos más. Somos pueblo. Y tenemos un gobierno apegado al Estado de Derecho y la defensa de los Derechos Humanos. Por eso, defender al presidente Alberto Fernández es defender la democracia y es defender la vida, más allá de matices y diferencias circunstanciales, propias de una coalición de gobierno. Estemos atentos. La conquista de la democracia nos costó 30.000 compatriotas desaparecidos.
Y con eso no se jode.

LA NUEVA COMUNA

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