«A LA HOGUERA»: 200 CUERPOS INDIGENAS ARDIERON EN BAHIA BLANCA

El malón al mando de Calfucurá (jefe indiscutido de los pueblos originarios de la región) invade con dos mil indígenas la Fortaleza Protectora Argentina, actual Bahía Blanca, en 1859. Lo hizo desconfiado de los acuerdos de paz que había firmado con el sargento y comerciante local Francisco Iturra, quién los había incumplido un año antes. Quizás fue por esto que el malón en su paso incendió la pulpería de Iturra, quién controlaba el monopolio en la compra de cueros a los indígenas imponiendo condiciones y organizando su negociación.

Todos los escritores e historiadores oficiales describen el “peligroso malón” ocultando que Bahía Blanca fue defendida por la Guardia Nacional de Infantería y Caballería, la Legión Italiana y las fuerzas de Tandil que invernaban en la localidad. El malón fue expulsado por las fuerzas militares al mando de Susini y Caronti generando una masacre.

Al día siguiente, cerca de 200 indígenas que fueron asesinados, son quemados por orden del comandante del Fuerte Argentino, el coronel Olegario Orqueda, en la actual Plaza Rivadavia. “La hoguera del escarmiento” como se la llamó fue el acto más salvaje realizado contra los Pueblos Originarios en la ciudad de Bahía Blanca.

Localmente, éste hecho es recordado como reparación histórica por distintas agrupaciones, es repudiado por la Agrupación Mapuche Kumelen Newen Mapu y fue reivindicado por el diario local La Nueva Provincia en el 2009.

Expandir la frontera capitalista
Con tinte sarcástico el diario La Nueva Provincia titula su nota como “Historia de un infierno” en obvia referencia al malón (LNP, 24 de mayo de 2009) y no al arder de los cadáveres de los Pueblos Originarios. La derrota de Calfururá y la avanzada del ejército en las décadas posteriores, significará el aumento de la propiedad capitalista en la región. La familia Iturra, los Caronti, entre otros, fueron los principales beneficiados con las tierras en la región, durante este proceso.

Durante las cuatro últimas décadas del siglo XIX se estructura la economía capitalista mundial, las grandes naciones avanzan hacia el imperialismo afianzando las relaciones semicoloniales con los países más atrasados. Por esto, desligar el genocidio de los Pueblos Originarios de la conformación del Estado nacional y de la expansión capitalista, es una imagen romántica que nada sirve para pensar los problemas estructurales por lo que atraviesan los Pueblos Originarios hoy.

La intelectualidad y el genocidio
A los pocos años de la Fundación del Fuerte Argentino en 1828 que da origen a la ciudad de Bahía Blanca, la intelectualidad de la Generación del 37, y otros grupos románticos o nacionalistas incluyeron en sus reflexiones la ideas de “desierto” y “civilización y barbarie”. La concepción de “desierto” se extendió como discurso hegemónico durante las décadas siguientes. Esta idea de “desierto” construida desde el discurso se materializa luego como política genocida con la “Conquista al Desierto” de J. A. Roca. La masacre de 1859 y la Campaña de Alsina en 1876, fueron sus antecedentes.

La Campaña de Roca fue pedida y financiada por los grandes oligarcas que luego formaran la Sociedad Rural. E. Zeballos fue quien desde la intelectualidad justificó dicha conquista en su Ensayo para la ocupación definitiva de la Patagonia en 1878.

Se calcula que hacia fines del siglo XIX, hay 30.000 indígenas asesinados, muchos secuestrados, desaparecidos y torturados. Lenton y Delrío define a este proceso como genocidio: “durante el proceso de formación del Estado Nacional, las clases dominantes llevan a cabo grandes campañas militares con el fin de exterminar y someter a las poblaciones originarias y así extender sus fronteras, expropiando e incorporando grandes extensiones de tierras” (2010: 14). Es por esto que la Sociedad Rural expresó su apoyo al genocidio.

LA IZQUIERDA DIARIO

PUBLICADO EN LANUEVACOMUNA.COM

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