«PARA LA IGLESIA CATOLICA LOS ABUSOS SEXUALES NO SON GRAVES»

Desde hace años investiga los casos de abuso sexual infantil en instituciones religiosas para reunir la información en un libro. Aquí, reflexiona sobre cómo la jerarquía eclesiástica sostiene prácticas de ocultamiento ante las denuncias, y por qué.

 

 

“Para la Iglesia Católica los abusos sexuales que cometen los curas no son un tema grave”, afirma el ex sacerdote Adrián Vitali, al reflexionar sobre la catarata de casos que se conocen en la Argentina y en otros países, en una semana en la que el foco estuvo en el fallo contra los religiosos pedófilos Horacio Corbacho y Nicola Corradi, condenados a 42 y 45 años de cárcel, por los aberrantes delitos cometidos contra niños y niñas sordomudos e hipoacúsicos, alumnos del Instituto Antonio Próvolo, de Mendoza.

Vitali es una voz disidente dentro de la Iglesia Católica. Fue cura en Córdoba. Dejó los hábitos luego de que la mujer con la que había iniciado una relación amorosa quedó embarazada. Pero antes, la jerarquía católica le ofreció mandarlo a otro destino y que la Iglesia se hiciera cargo de la manutención de la criatura si renunciaba a su paternidad. Desde hace varios años investiga los casos de abuso sexual infantil en instituciones religiosas, con vistas a plasmar sus apuntes en un libro. En diálogo con Página/12, se refirió a las prácticas de ocultamiento de los casos de abuso sexual por parte de la jerarquía católica, que siguen vigentes.

–¿Todavía no se decidió a publicar un libro sobre el tema?

–Empecé a escribirlo. Tengo más de cien páginas escritas. Pero me da tanto asco el tema que lo dejé. Seguramente lo voy a retomar pronto.

En 2011 Vitali publicó el libro Cinco Curas. Confesiones silenciadas, junto con otros ex sacerdotes. Ese año, pidió autorización de la Santa Sede para casarse con Alejandra, aquella mujer que lo empujó afuera del sacerdocio. Con ella tiene dos hijos y vive en Río Tercero, donde trabajó hasta hace dos meses en el municipio, en el área social, pero “me quedé desocupado” por diferencias con la conducción política local. Dice que le gustaría contarle al futuro ministro de Desarrollo Social, que asumirá en el Gabinete del presidente Alberto Fernández, Daniel Arroyo, sobre la experiencia que llevó adelante en los últimos años en esa comuna cordobesa con comunidades de base.

–¿Por qué hay tantos curas pedófilos en diversos países?

–Porque no había en la iglesia un diagnóstico adecuado sobre las personas que ingresaban al seminario. Si eras piadoso, estudiabas y no cometías nada grave, te ordenabas de cura. Lo extraño es porqué tantos perversos buscaban en esta institución un lugar para delinquir. Quizás porque era un lugar seguro para hacerlo. Se ocultaban detrás de un Dios que generaba miedo y obediencia. El abuso no era más que un pecado que se resolvía con la confesión. Para que todo volviera a empezar de nuevo.

–¿Por qué si ya habían sido denunciados en Italia, los curas que terminan condenados ahora por los aberrantes hechos de abuso sexual llegaron al Instituto Próvolo en Mendoza?

–Porque la iglesia tenía un protocolo interno que se llamaba “Crimen sollicitationis” para ocultar sus delitos, donde se instruía para actuar en estos casos. Si la familia de la víctima denunciaba el caso de abuso frente al obispo, siguiendo el protocolo el obispo indemnizaba a la familia y tenían que firmar un documento de confidencialidad. Nadie podía hablar de lo que había pasado. Al cura abusador lo trasladaban de lugar, a otras diócesis o a otros países, como a los curas homosexuales o con hijos. Por eso muchos sacerdotes de Estados Unidos, Irlanda y Alemania fueron trasladados a América, para seguir haciendo lo que hacían en sus países, pero con más impunidad. Siempre prevalece el prestigio de la institución a los derechos de las víctimas. Siempre que hay impunidad hay complicidad política judicial y eclesiástica. Ese protocolo es de 1962, fue redactado durante el pontificado del llamado “Papa Bueno” Juan XXIII.

–¿Sigue vigente?

–Ese protocolo se ha ido modificando, le van cambiando el nombre, pero sigue vigente, con las indicaciones de cómo actuar en esos casos. A partir de la presión internacional, por las denuncias y los hechos que se fueron conociendo, se cambia de “Crimen sollicitationis” a “Delictis gravioribus”: son documentos internos del Vaticano para ocultar sus crímenes.

–¿Qué cambió con la llegada de Francisco I al Vaticano?

–El único Papa que aportó algo para resolver el problema fue Benedicto XVI cuando planteó tolerancia cero con la pederastia. Y la respuesta de las mafias vaticanas fue el Vatileaks. Cuando el mayordomo del Papa le robó los documentos de su escritorio y aparecieron publicados en un libro, secretos que involucraban al Vaticano en hechos de corrupción, donde se descubrieron diversos chantajes a obispos homosexuales, todo ese escándalo salió a la luz en 2012. Francisco sigue detrás de los acontecimientos en los casos de pederastia. Cuando fue a Chile primero los defendió a los obispos denunciados y después tuvo que pedirles la renuncia cuando eran abrumadoras las pruebas. En Argentina el emblema de la pederastia que expone a la iglesia es Julio César Grassi, que sigue siendo cura y que sostiene que Francisco no le soltó la mano. Parece que Grassi tiene razón. Francisco representa a la iglesia más genuina, solo reacciona cuando las cosas son irreversibles. Quizás por el caso Grassi dilate su visita a la Argentina.

–¿Por qué se ha protegido a los curas pedófilos desde las jerarquías católicas?

–Porque para la iglesia no es grave el tema. La concepción antropológica que tiene la iglesia es que el cuerpo es malo y el alma buena. Hay que salvar el alma. Los daños del cuerpo se resuelven en la confesión y perdonando al que te hizo daño. Poniendo la otra mejilla. Por eso en la Inquisición antes de quemar a las brujas o a los herejes, se los confesaba: había que salvar el alma, y después se los quemaba. Esa misma concepción se mantiene.

–¿Piensa que hay más casos en Argentina todavía no denunciados?

–En la Argentina conservadora debe haber más casos que en EEUU y en Europa. De cada 10 abusados solo denuncia 1 o 2. El abuso religioso genera mucha culpa y vergüenza.

–¿Bergoglio protegió a curas pedófilos siendo arzobispo de Buenos Aires?

–Si alguien no denuncia a un abusador de niños, lo está protegiendo. En este tema no hay posibilidades para la neutralidad. Bergoglio no recibió a las víctimas de Grassi.

–¿Por qué Grassi sigue siendo sacerdote?

–Porque el Episcopado argentino cuando Bergoglio era Cardenal contrató a un estudio jurídico para demostrar que era inocente. Ese informe es el que la iglesia utiliza para defender, sin decirlo, a Grassi.

–¿Cómo han afectado los casos de pedofilia en el mundo a la Iglesia Católica?

–La gente se aleja de una institución que se presenta como una agencia internacional de moral dándole consejos a todo el mundo y después termina ocultando delitos atroces.

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PUBLICADO EN LANUEVACOMUNA.COM

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