COMO EL MUNDIAL DEL 78 OCULTO LA MASACRE DE UN PUEBLO

Argentina 78: cuando un triunfo mundialista ocultó la masacre de un pueblo

La organización del Campeonato Mundial de fútbol de 1978 fue vista como una oportunidad de mejorar su imagen para la dictadura argentina que había comenzado en 1976. En un nuevo aniversario de la final, Sputnik repasa las irregularidades en la organización y el papel de una agencia estadounidense.

Dos goles de Mario Alberto Kempes y uno de Daniel Bertoni sellaron la victoria 3-1 de la selección argentina frente a su similar de Holanda el 25 de junio de 1978 en el Estadio Monumental de Buenos Aires. Era la final de la Copa Mundial de 1978, disputada en Argentina y que significó el primer título de los locales en campeonatos mundiales.

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Más de 70.000 espectadores colmaban las tribunas del estadio. Gran parte de Argentina era una fiesta. Sin embargo, no todo era alegría. El país se encontraba en pleno ‘Proceso de reorganización nacional’, denominación utilizada por las Fuerzas Armadas para referirse a la dictadura que comenzó tras el golpe de Estado de 1976.

 

La organización de la Copa del Mundo no le fue indiferente a la primera Junta Militar encabezada por el comandante en jefe del Ejército Rafael Videla. Si bien la FIFA había elegido a Argentina como sede en 1966, cuando todavía había un gobierno constitucional, el organismo se negó a modificar la sede.

El entonces presidente de FIFA, el brasileño Joao Havelange, ratificó que Argentina estaba en condiciones de recibir la Copa del Mundo e incluso llegó a decir que esa nación estaba en ese momento «más apta que nunca para ser sede del torneo». Si bien en su momento hubo varios rumores sobre que el Gobierno argentino había sobornado a Havelange, nunca llegó a comprobarse.

Lo cierto es que la Junta Militar, integrada también por el comandante de la Armada Emilio Massera y el de la Fuerza Aérea Ramón Agosti, vio en el torneo la oportunidad de limpiar su imagen ante el mundo y generar una distracción a las denuncias por violaciones a los derechos humanos que ya se acumulaban.

Desde el comienzo, la organización estuvo plagada de irregularidades. Cuando los militares tomaron el poder, decidieron conformar el ‘Ente autárquico Mundial ‘78’ (EAM 78) para sustituir la ‘Comisión de Apoyo al Mundial’ que había sido designada por el Gobierno de Juan Domingo Perón.

La presidencia del ‘Ente autárquico’ recayó en el general Omar Actis. Sin embargo, no pudo completar su tarea porque fue asesinado 42 días después de asumir el cargo, el mismo día en que debía brindar una conferencia de prensa para dar detalles de la organización del campeonato.

La titularidad del EAM 78 quedó en manos del contraalmirante Carlos Alberto Lacoste, que posteriormente sería señalado como presunto responsable de la muerte de Actis en el libro ‘Almirante Lacoste ¿quién mató al general Actis?’ del periodista Eugenio Méndez.

Ya con el nuevo ente conformado, la dictadura argentina se abocó a la organización del torneo. Los preparativos incluyeron la construcción de tres nuevos estadios en Córdoba, Mendoza y Mar del Plata y la refacción del Estadio Monumental de Buenos Aires y el ‘Gigante de Arroyito’ en Rosario.

El Gobierno argentino también invirtió en la infraestructura necesaria para la inédita transmisión televisiva a color, al menos para Europa, ya que los canales de Suramérica aún seguían transmitiendo en blanco y negro.

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El monto gastado por la dictadura argentina en la organización del torneo nunca se conoció oficialmente. Sin embargo, algunas investigaciones periodísticas consideran que el Gobierno de Videla pudo haber invertido entre 500 y 700 millones de dólares, una cifra absurda para la época.

Es que el Gobierno de Videla había definido a la organización de la Copa del Mundo como una de sus prioridades y un aliado importante en la tarea de combatir la disidencia política interna y la de los argentinos que se organizaban desde el exterior.

Fue en ese marco que la dictadura argentina comenzó a hablar de una ‘campaña antiargentina’, en referencia a las organizaciones que desde Europa cuestionaban la decisión de la FIFA y aprovechaban el foco internacional en Argentina para denunciar las desapariciones y torturas sistemáticas.

La necesidad de mejorar la imagen del Gobierno llevó a Videla a contratar a la agencia de comunicación estadounidense Burson Marsteller. Según documentos revelados en 2015 por Página 12, la empresa propuso a la Junta Militar explotar la imagen de «una nación con mucho que ofrecer en términos de oportunidades comerciales, experiencia cultural y social, y un despliegue casi sin fin de maravillas naturales y construidas por el hombre».

La agencia, además, hacía una sutil recomendación al Gobierno de Videla: «Los asuntos del terrorismo y de los derechos humanos, el alegado antisemitismo y represión y el aislacionismo deben llamarse a reposo si la Argentina ha de tomar su legítima posición en el mundo».

La empresa estadounidense diseñó una estrategia pensando en los visitantes que llegarían a Argentina para participar o cubrir el Campeonato Mundial. Seleccionó a los periodistas y medios más «flexibles» y diseñó una serie de ‘kits’ con material propagandístico y organizaba experiencias positivas para los visitantes estratégicos.

La estrategia de comunicación del Gobierno también tuvo la complicidad de varios medios de comunicación masivos del país, que replicaron las campañas definidas por el Ejecutivo de facto.

El vínculo entre el Gobierno de Videla y la agencia Burson se mantendría en el tiempo y sería responsable de la campaña que en 1979 incluyó la impresión de 250.000 adhesivos con la leyenda ‘los argentinos somos derechos y humanos’ sobre los colores de la bandera argentina, como respuesta a la visita a la Argentina de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH).

En forma paralela, el Gobierno ejercía presión sobre la selección argentina, sabiendo que la algarabía por obtener el primer campeonato del mundo colaboraría en opacar los delitos de lesa humanidad. Por supuesto, los mensajes de la Junta Militar al plantel fueron explícitos.

El propio Massera descendió en helicóptero en medio de la concentración argentina para saludar a los futbolistas, apenas unos días antes del debut frente a la selección de Hungría. Videla, por su parte, eligió convocar a todo el plantel a la Casa de Gobierno, donde dirigió un mensaje de aliento que comparó con el de un comandante que «arenga a su tropa antes del combate».

Videla pidió a los jóvenes futbolistas que «se sientan y sean realmente ganadores, ganadores del torneo y ganadores en hidalguía puesta de manifiesto en el juego, ganadores de la amistad que puedan demostrar a nuestros visitantes».

Además, les encomendó ser «la expresión justa y acabada de lo que es la calidad humana del hombre argentino».

Durante el mismo acto, se acercó al entrenador argentino César Luis Menotti para transmitirle «el peso de la responsabilidad pero con la conciencia tranquila de haber hecho un trabajo serio».

SPUTNIK NEWS

PUBLICADO EN LANUEVACOMUNA.COM

 

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