ANALISIS DEL DISCURSO DE CFK EN LA FERIA DEL LIBRO

Leerla entre líneas

Poco más de 30 minutos. Eso fue lo que duró la exposición de Cristina Fernández de Kirchner en la 45ª. edición de la Feria del Libro, que se realiza en el predio ferial apropiado por la Sociedad Rural. Y en esa media hora lo que se vio fue una Cristina radicalmente distinta y alejada de la actitud jacobina que caracterizó sus dos gobiernos, sobre todo a partir del año 2009. Lo que se vio fue una Cristina lista y dispuesta a transmitir una imagen de conciliación para lograr esa unidad nacional necesaria en un momento crítico de la joven construcción política argentina.

Lo primero que debe analizarse semánticamente de esta aparición clave de Cristina, a pocos meses de las elecciones, es la postura corporal y el comportamiento de la protagonista. A Cristina se la vio distendida como hace muchos años no se le veía y, sobre todo, hablando con un tono de voz muy bajo, lo que para el militante promedio es algo inusual de ver. La espuma estuvo baja durante casi toda la exposición y cuando la militancia quiso imponer la mística —que es objeto de rechazo por parte del sentido común, del ciudadano no politizado—, Cristina pidió tranquilidad y hasta se excusó por el comportamiento de la tropa con un “son incorregibles”.

“Sin que nadie se ofenda”
¿Qué nos dice eso? Nos dice que Cristina comprendió y aceptó que la mística, tan necesaria para mantener la cohesión del grupo, genera rechazo entre las mayorías, que se sienten interpeladas negativamente por ella. Cristina hoy necesita el voto de esas mayorías y supo controlar el tono del acto, a sabiendas de que cualquier exceso sería presentado por los medios del enemigo como expresiones de confrontación.

Cuando la militancia empezó a corear el célebre “Vamos a volver”, Cristina cariñosamente interrumpió y acotó que “son incorregibles”, como pidiéndole indulgencia al votante promedio y mostrando que esa no será, ni mucho menos, su postura durante la campaña. Esto es clave: la militancia seguirá con su mística porque corresponde, es legítima y es necesaria, es el combustible mismo de la militancia. Pero de ninguna manera eso será lo central durante la campaña.

Al referirse a las expresiones despectivas comúnmente usadas por los “contreras” en los últimos años, Cristina recordó a los “choriplaneros” para ejemplificar. Y, a renglón seguido, acotó: “Lo digo sin ánimo de confrontación”. Cristina no se olvida de los agravios, pero no quiere ponerlos en el centro de una campaña que no puede tener aspecto de revancha.

Más adelante Cristina insistió en el tono conciliador y volvió a excusarse con un “sin que nadie se enoje ni se ofenda”, dando una clara señal de que no conviene ir al choque en un año electoral con aquellos cuyos votos son necesarios para el triunfo.

“El Dr. Duhalde”
En sintonía con lo que ya había adelantado en las páginas de Sinceramente, Cristina se refirió Eduardo Duhalde como “el Dr. Duhalde”, mostrando su disposición para el diálogo con todos los sectores del peronismo, incluso con aquellos que parecerían estar más alejados de ella. La semántica en “el Dr. Duhalde” es evidente: están todos convocados a la unidad.

Por otra parte, es notable el protagonismo que Cristina le dio a quien fue el primer jefe de Gabinete de Néstor Kirchner y luego se ubicó claramente en la oposición a Cristina. Alberto Fernández no solo estaba sentado en primera fila, sino que además fue referido en por lo menos dos ocasiones durante la exposición, una de ellas en un tono familiar.

En sintonía con lo anterior está la siguiente expresión de Cristina, que es clave: “(En la política) uno tiene que estar acostumbrado a que lo critiquen y hasta que inventen”. Esta es la declaración de la voluntad de perdonar los agravios del pasado para construir otra vez, incluso con los que antes agraviaron.

“Va a ser necesario algo más”
Sobre la naturaleza política de la construcción necesaria para salvar la patria en este momento crítico, Cristina dijo que “va a ser necesario algo más” y habló de un “contrato social de ciudadanía responsable”, ubicando claramente el interés general por encima de las identidades partidarias y de las posiciones sociales.

Con el ejemplo de Perón y Ber Gelbard, Cristina hizo la metáfora del tipo de compromiso que deberá alcanzarse entre todos los sectores para lograr dicho contrato social. Y, una vez más, Cristina marca el camino de alejarse de la confrontación y de convocar al diálogo a literalmente todos.

El tono de Cristina es tan bajo y conciliador que incluso cuando pudo referirse a los medios de difusión —grandes responsables de la debacle actual—, Cristina eligió evitar el choque. Lúcida, Cristina dijo: “Mucha gente decide sin la información correcta. Y no tiene la culpa de no tenerla”, pero no remató diciendo quiénes tienen la culpa de esa desinformación, dejando a los periodistas corporativos sin el argumento del “ataque a la prensa y a la libertad de expresión”.

La religión del libro
Finalmente, Cristina se refirió a su propio libro, Sinceramente, pero aclarando: “No es el Talmud, ni la Biblia, ni el Corán”. No obstante, aquí hay una expresión de modestia. Sinceramente ya es el libro sagrado de la militancia y se veían en las imágenes muchos militantes alzando su ejemplar como si se tratara efectivamente del Talmud para un judío, de la Biblia para un cristiano o del Corán para un musulmán.

Eso es inevitable y tiene que ver con las similitudes que existen entre la religión y la política cuando esta convoca a las masas a un movimiento de tipo popular. Cristina sabe que la militancia la sigue de un modo religioso y espera que ella resucite al tercer día para presentar la buena noticia de la redención de la patria. Cristina sabe que eso es así y no rehúye de esa homologación, sino más bien todo lo contrario. Ella sabe que su libro es el Talmud, es la Biblia y el Corán, todo en uno, y quiere que eso sea así. Lo que ella no quiere es que la religión se convierta en secta y espante a los que aún no han sido evangelizados por la palabra.

La militancia, atenta a las palabras de su conductora.
Toda la exposición de Cristina hoy tuvo esa finalidad, la de orientar a la tropa militante hacia el camino de la conciliación y del diálogo en todos los niveles. Los más de 30 minutos en los que habló fueron para eso, para transmitir la imagen de una candidata que es favorita, pero que necesita romper el sectarismo K para sumar los votos que faltan y ganar por amplia diferencia ya en primera vuelta.

El país necesita ese triunfo y necesita lo que resulte de él, esto es, un gobierno de verdadera unidad nacional que haga efectivo el nuevo contrato social de ciudadanía responsable y salve la patria de los grandes peligros que la acechan. Y eso solo se logra con un enorme consenso, conciliando. Le toca a la militancia comprenderlo lo más pronto posible, abandonar la actitud de barrabrava y de sectarismo y salir a conquistar los votos que faltan. Es una nueva Cristina, una que no quiere ser la jefa del kirchnerismo, sino la líder de una nación. Ayudémosla.

LA BATALLA CULTURAL

PUBLICADO EN LANUEVACOMUNA.COM

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