OPINION: INCONCIENCIA, RESIGNACION E INDIFERENCIA por MANUEL FREYTAS

LA CONCIENCIA

El primer ámbito de comprensión humana es la conciencia. Al principio fue el verbo. Y la comprensión por la conciencia y la palabra.

Por eso el sistema , mata la comprensión. Y mata la palabra. Para dominar a los cuerpos vaciados de conciencia y de palabra.

Y el poder de los verdugos globales ha convertido la vida en imágenes. Sin palabras, sin historia y sin comprensión colectiva.

Mataron la conciencia, como matan a la vida. Han vaciado a la humanidad de conocimientos y de sensibilidad. Y lo han sustituido por el consumismo superficial de imágenes y de productos.

Han destruido la comprensión y la mística moral de la transformación.

Sembraron la resignación masiva y la indiferencia. Como la única forma posible de existencia social.

Nos vendieron su propio mundo y su propia ideología deshumanizada como si fuera la nuestra.

Podemos ver, cuerpos humanos y países destruidos. Podemos ver la muerte masiva de nuestros semejantes. Por misiles, por hambre, o por injusticia social.

Pero no tenemos ojos para ver. Porque nos robaron la conciencia.

Nos robaron el cerebro y la humanidad creativa. Nos bombardean y nos convierten la inteligencia en escombros. Durante las 24 horas.
Somos la réplica de Gaza, y de otros tantos exterminios militares, multiplicados en el tiempo y el espacio.

Solo que no nos destruyen con misiles. Nos masacran la inteligencia lógica y el sentido común con mentiras manipuladas.

Con cultura hegemónica y medios de comunicación. Con imágenes sin palabras. Y con pantallas informáticas, frías y robotizadas, que nos destruyen la identidad y la capacidad de entender el mundo. Nos dividieron y nos convirtieron en estatuas sin sangre y sin músculos.

Nos convirtieron en mutantes satisfechos de nuestra propia existencia individualista. Por eso están solos en el poder.

Matan en soledad. Y dominan en soledad. En medio de la manada que mira indiferente la destrucción de la vida y el asesinato masivo de sus semejantes.

Como si fuera un espectáculo más ofrecido por la sociedad de consumo. Y no hay nada que celebrar. Salvo la recuperación de la humanidad perdida.

Por MANUEL FREYTAS / IAR Noticias


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