MADURO ORDENA EL CIERRE DE LA FRONTERA ENTRE VENEZUELA Y BRASIL

Ni un tantito así: Maduro ordena el cierre de la frontera entre Venezuela y Brasil

 

Con el objetivo de proteger a la ciudadanía de los caballos de Troya que el imperialismo pretende hacer entrar con sus cipayos, Nicolás Maduro acaba de ordenar el cierre de la frontera entre Venezuela y Brasil, además de informar que está evaluando hacer lo mismo hacia el lado de Colombia.

 

 

“A partir de las 20 horas de hoy, 21 de febrero, queda cerrada total y absolutamente, hasta nuevo aviso, la frontera terrestre con Brasil”, anunció Maduro, dirigiéndose al mayor general Mantilla Olivero, encargado de ejecutar la orden.

¿Por qué Venezuela hace eso? Porque conoce la historia. Hace ya más de 150 años, el imperialismo activó a sus cipayos en la región para destruir el desarrollo autónomo de un pueblo-nación que no quiso someterse a su voluntad. La llamada Guerra de la Triple Alianza —que fue cuádruple, porque fue financiada y organizada por Inglaterra— fue esa imposición de la voluntad imperialista en América Latina y resultó en el genocidio del pueblo-nación paraguayo, cuya población masculina fue diezmada en hasta un 90%.

En aquellos tiempos, el mariscal Solano López quiso hacer de Paraguay una potencia industrial sin la tutela de los países que ya eran potencias industriales. Como nos cuentan Arturo Jauretche y Raúl Scalabrini Ortiz en sendas crónicas, el Paraguay llegó a tener con Solano López todo lo que una sociedad industrializada debía tener para considerarse tal en el siglo XIX: industria textil, astilleros, fábrica de armamentos, ferrocarril, telégrafo y hasta siderúrgica. Todo eso, vayamos viendo, sin pedir una sola libra esterlina en deuda externa.

El fratricidio de la cuádruple alianza, que en Brasil se conoce por el eufemismo vergonzoso de “Guerra del Paraguay”.
Como solemos decir siempre, el Paraguay es uno de los dos únicos casos de país que logró pasar de subdesarrollado a desarrollado después de la Revolución industrial en Occidente. Junto a Corea del Sur, que logró su desarrollo gracias a que los Estados Unidos volcaron allí el dinero necesario, el Paraguay había logrado ser lo que hoy llamamos “de primer mundo”, hasta que Londres decidió que eso tenía que terminar.

La diplomacia inglesa tejió una paciente trama para empujar a la guerra fratricida a Bartolomé Mitre, a los liberales golpistas de Venancio Flores y al monarca Pedro II de Brasil. Así, Inglaterra lograba eliminar el “mal ejemplo” paraguayo sin ensuciarse las manos, tercerizando el asesinato en sus cipayos que, con armas suministradas por los mismos ingleses, se encargaron de ir a matar y a morir para destruir al pueblo-nación hermano del Paraguay.

No es necesario hacer ninguna salvedad de las distancias: lo que le está pasando hoy a Venezuela es exactamente lo mismo que a Paraguay en el siglo XIX y lo único que cambia son algunos actores. El imperialismo de Inglaterra ya cayó y fue luego reemplazado por el de los Estados Unidos, que en realidad es de las corporaciones; los liberales golpistas ya no gobiernan en Uruguay y con dicho país no podrán contar para llevar a cabo este nuevo fratricidio.

Pero sí, tienen ahora como entonces el control de Argentina y Brasil, a los que se suman Chile, Colombia, Perú y quizá Ecuador para realizar esta alianza de americanos con el objetivo de matar a otros americanos para que un tercero foráneo se quede con el lucro. Esto es, sin lugar a dudas, la reedición de la cuádruple alianza de ladrones, genocidas, cobardes y piratas que en el siglo XIX escribió la página más vergonzosa de la historia de nuestra América.

Maduro cierra las fronteras para prepararse. Los venezolanos conocen la historia y saben que los yanquis, si pueden, no van a querer ensuciarse las manos en sangre. Si pueden tejer la trama diplomática del caso, los Estados Unidos van a tercerizar el horror y allí irán brasileros, argentinos, colombianos, chilenos y demás a matar y a morir en un sentido amplio: cuando un americano mata a otro para mejor provecho de un tercero, entonces el americano que mata también muere, muere de manera espiritual, aunque siga vivo en carne.

Lo que quieren hacer es un nuevo fratricidio en América Latina y no queda otra que recurrir a los pueblos en su conciencia, alertarlos de esta situación y denunciar. Ningún brasilero, argentino, colombiano o chileno tiene nada que hacer en Venezuela salvo abrazar a sus hermanos.

Decía Alfredo Zitarrosa en Diez décimas de saludo al pueblo argentino:

“Así pues, no habrá camino

que no recorramos juntos.

Tratamos el mismo asunto

orientales y argentinos,

ecuatorianos, fueguinos,

venezolanos, cuzqueños;

Blancos, negros y trigueños

forjados en el trabajo,

nacimos de un mismo gajo

del árbol de nuestros sueños.”

Si los yanquis quieren venir a la guerra, entonces que vengan. Pero que vengan en cuerpo y alma, que vengan a mancharse en sangre de americanos. No es aceptable que envíen a sus gurkhas cipayos a cubrirnos otra vez de vergüenza y duelo en guerras que son negocio de otro y en las que los hermanos nos matamos mutuamente.

Ningún caballo de Troya disimulado en “ayuda humanitaria” debe ingresar a Venezuela. La soberanía nacional del pueblo-nación venezolano es hoy más que nunca nuestra propia soberanía nacional. Para que Venezuela caiga, nos van a utilizar como carne de cañón; y una vez que caiga, caeremos nosotros mismos al igual que en el siglo XIX. Cuando el Paraguay fue destruido, Brasil, Argentina y Uruguay fueron rápidamente sometidos y reducidos a la condición de semicolonias de Inglaterra, matamos para que nos sometan.

Imagen del mariscal Francisco Solano López de Paraguay: gloria y honor de América Latina.
A orillas de un arroyo en Cerro Corá, Francisco Solano López se vio finalmente rodeado por las tropas de Brasil. Las fuerzas de la alianza de cipayos ya controlaban el territorio y ya habían destruido todo el Paraguay. Solo faltaba capturar al “tirano sangriento” y estaban a punto de hacerlo, cuando Solano López —acompañado solo por un edecán, su hijo y Dios, todos los que le quedaban— desenvainó su sable y, antes de cargar solitario contra la multitud de tropas que los tenían asediado, gritó para que lo oiga el mundo:

No me entrego ni acepto el exilio. ¡Muero con mi patria!

Fue acribillado en el acto, pero tenía razón: Solano López no moría por su patria, sino con ella. Solano López tenía conciencia de que Inglaterra había arrasado el Paraguay, que la población se había reducido a menos de la mitad y que solo quedaban inválidos, mujeres y niños, nadie que pudiera considerarse económica o militarmente activo para los estándares de la época. El Paraguay había muerto y Solano López murió junto al pueblo-nación por el que siempre había dado la vida.

No se puede confiar ni un tantito así en el imperialismo, decía nuestro Che Guevara. América Latina no puede permitir otro Paraguay en Venezuela ni otro Solano López en Maduro. Si lo permitimos, nuestra subordinación e indignidad estarán consolidadas por otros 150 años. Ya es hora de que usemos la cabeza, porque otra vez nos la quieren usar otros.

LA BATALLA CULTURAL

PUBLICADO EN LANUEVACOMUNA.COM

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