Por qué cacelorean los que cacerolean

Caceroleando  

por JORGE HÉCTOR SANTOS
Twitter: @santosjorgeh
 
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Especial para Urgente24). El Ejecutivo Nacional llegó obtener una apreciable masa de votos en el mes de octubrede 2011, ocultando/maquillando a la inmensa mayoría de sus electores, realidades económicas que, si bien existían, su abordaje/arribo fue postergado porque el Frente para la Victoria privilegió el mantenerse en el poder sin reparar en costo algunos.
 
La imagen congelada de aquel momento, tal como si fuese una fotografía, registra un 54,11% de adhesión electoral, que muy probablemente resulte bastante menor a tan solo transcurridos 6 meses de comenzar el 2do. mandato presidencial consecutivo de Cristina Fernández de Kirchner, 3er. mandato consecutivo del Frente para la Victoria.
 
Muchas son las situaciones que cambiaron en ese período, y algunas han disgustado sobremanera a buena parte de quienes no votaron por Cristina, también a muchos de quienes le dieron su sufragio.
 
Un eje del nuevo mandato de la Presidente consiste en que ella aumentó la concentración de poder exclusivo en su propia persona. Por Cristina deben pasar todas las decisiones, aún las más triviales. Las otras instituciones del Estado republicano, tanto el Judicial como el Legislativo, corren la amenaza de devenir en figuras decorativas de una democracia representativa desvirtuada, víctima de un autoritarismo altamente destructivo y peligroso.
 
En ese contexto, los reclamos cotidianos de la gente de la calle no encuentran reconocimiento (el caso más notable es el crónico menosprecio de la Presidente por la tasa de inflación tan visible desde que ella se encuentra al frente del Ejecutivo), y, entonces, no obtienen alguna atención. 
 
Otro ejemplo es el de la tolerancia gubernamental hacia la inseguridad, que cobra vidas, y que tiene su núcleo en la actitud laxa, que es parte de la cultura kirchnerista, que cuestiona los límites ciudadanos, vulnera el respeto por los derechos del otro, y cuestiona en forma permanente cualquier autoridad que no sea la de la propia Presidente. 
 
También puede mencionarse el frívolo abordaje de la corrupción, que no solo hiere y/o mata sino que goza de impunidad.
 
Y la despenalización de cualquier restricción, comenzando por la del consumo de narcóticos, cuya distribución y comercialización pareciera obtener diversas formas de protagonismo político.
 
Cristina ejecuta una curiosa forma de gestión discrecional en la que está prohibido decirle No a la Presidente, y eso va para magistrados, legisladores, gobernadores, intendentes municipales, ministros, dirigentes sindicales y empresariales, periodistas y empresarios de medios de comunicación.
 
Si bien ella afirma que no pretende quedarse para siempre en el poder, aquellos que se atreven a ambicionar acceder alguna vez al llamado 'sillón de Rivadavia', sufren todo tipo de descalificaciones y atropellos al mejor estilo de aquel Juan Perón, que en 1952 amenazó "Al enemigo, ni justicia". Muchos encuentran una peligrosa contradicción entre cierto discurso de ceder la posta y el sospechoso capricho de permanecer.
 
Cristina cree que, con su discurso, ella puede modificar la opinión de todos. Por eso abusa de la cadena nacional, sin reparar en el riesgo institucional que provocaría generar cierto hartazgo. Sin embargo, el ejemplo permite explicar el estilo de la Administración.
 
El vocabulario presidencial ("Ahora sí vamos por todo"), fanatiza a los aplaudidores de Cristina, aunque espantan a una buena parte de la audiencia de la TV, y generan comentarios muy adversos en las redes sociales.
 
A la Presidente no le interesa esa reacción, y por eso insiste con su conducta. De lo contrario, una alternativa es la compra de voluntades, acción tan presente en medios de comunicación y periodistas, permitiéndole a la Presidente desarrollar el multimedios ('ad-hoc') más grande del país.
 
En muchos, Cristina provoca temor y en otros enojo: ambos sentimientos convergen en ciertas ocasiones y producen, por ejemplo, un cacerolazo.
 
Malhumor económico
 
Néstor y Cristina Kirchner han contado con 3 elementos fundamentales para llegar donde se propusieron:
 
> Una crisis, la de 2002, que permitió, por su envergadura, que cualquier comparación que se haga entre el presente y el pasado resulte favorable al presente.
 
> Un 'viento de cola', en cuanto al precio internacional y el volumen de demanda de la soja, tal como nunca antes favoreció a la Argentina.
 
> Un gran desconocimiento sobre cómo ellos habían sometido a la lejana Santa Cruz, apelando a reglas de juego reñidas con la ética y las prácticas democráticas.
 
El matrimonio consiguió un aliado ocasional pero muy importante: la incapacidad de la sociedad argentina para generar liderazgos alternativos.
 
A todo este contexto enunciativo pero no taxativo, la oposición ha ayudado con su mezquindad y atomización, facilitándole a los Kirchner hacer y deshacer a destajo.
 
En verdad, el único obstáculo real que enfrentan los Kirchner es el ciclo económico, que condiciona el humor de la sociedad y su nivel de tolerancia.
 
En 2012, la economía comenzó a desacelerarse, e inclusive hay actividades que ingresan a un estancamiento, vaticiándose una próxima recesión generalizada que nada tiene que ver con los problemas de la Eurozona o de USA. Es una situación compleja, provocada por dificultades del cabotaje, en especial la mala praxis de los funcionarios de Cristina.
 
Hay una suma de ignorancia y resistencia al conocimiento, impericia en la que destaca Guillermo Moreno como ícono de la Administración. Pero que cuenta con delfines como Axel Kicillof.
 
El Estado de Cristina es tan gigante como ineficiente, y tan voraz como oneroso. Hoy día las reservas internacionales del Banco Central resultan que son más papeles que dólares. Y los recursos del ANSeS lucen diezmados por aplicaciones a fines muy alejados del sustento de los jubilados y pensionados.
 
Que el Ejecutivo Nacional haya modificado la Carta Orgánica del Banco Central para así emitir moneda sin respaldo, le quita el sueño a cualquiera que comprenda de qué se trata. Y que el papel moneda de mayor valor sea impreso en una empresa que pareciera de la intimidad del Vicepresidente, y accionistas desconocidos, es todo un mensaje sobre los tiempos que se viven, cuyo denominador comun es una cierta incertidumbre que se ha instalado en la sociedad argentina, que previamente fugó US$ 70.000 millones sin que los Kirchner pudieran/quisieran impedirlo.
 
No hay mercado de capitales. Faltan las inversiones necesarias. Merma el consumo. Con menos dinero en el bolsillo, la protesta es una reacción previsible. Solamente falta el chispazo.
 
La convocatoria
 
Corriendo el riesgo de resultar redudante: para financiar el abultadísimo gasto público que le permitió gobernar hasta ahora, el Frente para la Victoria echó mano y dilapidó cuanta caja encontró por delante: AFJP, Pami, ANSeS… También se apropió de dinero de las provincias y de los municipios.
 
A su vez, alentó una inflación que se devora el valor del dinero argentino y provoca el interés en el dólar estadounidense, que el Estado hoy tiene en cuentagotas.
 
El Ejecutivo se desespera y acomete con decisiones caprichosas y que provocan más nerviosismo.
 
Las corridas bancarias/cambiarias siempre son el resultado de desconfianza. La mentira (por ejemplo, la del INdEC) incentiva la incredulidad.
 
En ese contexto, no puede sorprender que entre usuarios de redes sociales y de telefonía celular (mensajes de texto) hayan logrado concretar una protesta importante acerca de cuyo valor cuantitativo se puede discutir muchísimo pero que tiene un valor cualitativo impactante, en especial para quienes todavía presumen del 54,11%.
 
La convocatoria original llegó precedida de una consigna muy amplia:
 
«Por una Argentina como la que todos queremos, digamos BASTA».
 
La lista, sobre todo para aquellos que piensan que solo consideraba la limitación a la compra de dólares, era muy importante:  
 
Basta de falta de medicamentos.
 
Basta de trabas a las importaciones y exportaciones.
 
Basta de cepo al dólar.
 
Basta de Ciccones.
 
Basta de violencia verbal.
 
Basta de expropiaciones.
 
Basta de patoterismos.
 
Basta de impunidad.
 
Basta de autoritarismo.
 
Basta de no diálogo.
 
Basta de inseguridad.
 
Basta de corrupción.
 
Y proponía:
 
Un cacerolazo y/o bocinazo para jueves 31 de mayo 20.30 horas."
 
Ese texto echó a rodar y ya no paró.
 
Mucha más gente de la que esperaban los propios convocantes, a causa de lo limitado de su alcance, adhirió a la propuesta, inclusive en algunas plazas del interior del país.
 
Cristina Fernández no debería enojarse. Es más: ella debería agradecer que esto ocurra en 2012 en vez de 2013. Todavía se encuentra a tiempo de enmendar, solamente le falta decisión política para hacerlo.
 
Ella debería tomar nota de la tendencia declinante de su propia imagen pública, y el incremento de las formas de protesta. Ninguno de los 'caceroleros' desea el fracaso de la Presidente porque todos viven aquí y si le va mal a la Argentina, lo padecerán también. Pero no pueden evitar advertirle que ella ha elegido un rumbo equivocado.
 
El problema de la Presidenta es el menosprecio y la subestimación por la autocrítica. Así como en los días del Proceso de Reorganización Nacional personajes como José Alfredo Martínez de Hoz consideraban a la autocrítica una cuestión exclusiva del marxismo, en el siglo 21 Cristina se la atribuye a la debilidad o al derrotismo.
 
Sería bueno que ella entendiera y cambiara, para corregir equívocos de forma y de fondo. Y para bajar el enfrentamiento entre argentinos. Para intentar que lo comprenda es que se 'cacerolea'.

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