DICEN EN LOS PASILLOS… VIVIENDAS: «DONDE HAY UNA NECESIDAD …», HAY UNA CHICANA

«La política 
se pronuncia desde el centro de las convicciones, 
pero necesariamente se ejerce en los márgenes»
Manuel Belgrano





¡Cuánta mediocridad!

«Donde hay una necesidad, hay un derecho». La frase de Eva Perón queda muy bien en los discursos pero no se le hace honor en las prácticas. Al derecho constitucional de una vivienda digna, nuestra Necochea le antepone corrupción y chicanas de baja estofa.

Corría el año 2007 y quien escribe estas líneas junto a algunos colegas de la prensa dimos a conocer un hecho escandaloso que estaba ocurriendo en la ciudad de Necochea: un barrio de flamante construcción se estaba literalmente hundiendo. Ese conjunto habitacional pasó a la historia con el nombre de «Barrio Titanic».

El cerco informativo en aquel entonces era importante y la novedad de que en medio de la aparente gestión exitosa del intendente Daniel Molina había un hecho de corrupción, no fue bien digerida por la sociedad: varios años nos tomó a los necochenses darnos cuenta de lo que pasaba.

Las viviendas construidas y a medio construir por los Planes Federales fueron una política del estado nacional que intentó paliar el déficit habitacional de aquel entonces (con porcentajes similares a los actuales).

Pero en Necochea… el diablo metió la cola. A diferencia de lo que ocurrió en otros muchos municipios del país, las construcciones locales (sobretodo las que correspondieron a una empresa en particular, la del empresario Pascual Mammoliti) se realizaron con los peores materiales y en los peores lugares.

Precisamente el Barrio Federal Nº 6 de Quequén -donde más puede pasar sino en Quequén- fue emplazado en un predio en el que existían piletones y que luego se convirtió en un basural y que a sabiendas no era apto para semejantes obras.

Solamente la «vista gorda» por los «retornos» de los inspectores de obra, los funcionarios de turno y la decisión final de avanzar a toda costa del propio intendente Molina (especulación electoralista mediante), hicieron posible el bochorno televisado por todo el país: el Barrio Titanic se hundía pavorosamente en un terreno que cedía y cedía. ¿Por qué? Porque no se invirtieron los fondos necesarios para remediar el suelo como correspondía.

La necesidad de la gente en aquel entonces fue manoseada, ninguneada y hasta comprada con dádivas.

Increiblemente, el poder político local no hizo nada en aquel entonces, ni siquiera un pedido de informes. Solamente se ocuparon del tema legisladores provinciales y nacionales pero no obtuvieron respuestas.

La Nación siguió enviando fondos una y otra vez para construir nuevas casas y arreglar el desastre inicial. Durante la administración de Molina y de su sucesor Horacio Tellechea, ese dinero fresco se terminó usando para otros fines, posiblemente para gastos generales de la municipalidad.

Pero… ¿y la gente? Los usan, es triste aceptarlo, pero la gente es usada impunemente por los mismos actores de ayer (que se repiten una y otra vez, como actores de reparto de una película bizarra) y que incluso se cruzan de bando según les convenga.

Los vecinos del Barrio 6 de Quequén siguen esperando soluciones a sus casas que se hunden o que están a medio construir. Reuniones tras reuniones, mujeres y hombres transitan con sus hijos a cuestas por los despachos de una municipalidad que no les da respuestas y que sólo los utiliza o bien para fines «electoraleros» o para chicanas baratas, de unos contra otros.

Realmente, la «clase política» local es muy afortunada de que nuestra gente tenga poca memoria y tanta paciencia.

Alfredo Barros / LANUEVACOMUNA.COM





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